ALTARAGE – Endinghent (2017)

El terror cósmico es, sin duda alguna, el más creador de todos los sentimientos primarios

Oswald Spengler – La Decadencia de Occidente

De entre todas las corrientes surgidas dentro del extremismo metálico en el nuevo siglo hay una que destaca por lo confrontacional, vanguardista y aterrador de su cuerpo sonoro. No tiene nombre, pues no puede ser nombrado lo que a duras penas somos capaces de racionalizar con nuestras limitadas capacidades intelectuales. Carece de escena, ya que desprecia nuestros fútiles esfuerzos conjuntos y es producto de extrañas sinergias individuales con los caóticos poderes que rigen la existencia. Tan sólo conocemos a sus profetas, un puñado de bandas esparcidas por el planeta y que desde sus respectivas atalayas de entropía destada y amedrentadora nos lanzan obras de una virulencia sofocante, casi física. Hablamos de PortalMitochondrion, Ulcerate, Impetuous Ritual… y hablamos de Altarage. Los bilbaínos nos dejaron a todos anonadados con su descomunal debut Nihl (2016, Doomentia Records/ Iron Bonehead), una criatura que miraba de reojo al terror aussie de Portal e Impetuous Ritual y que era capaz de encontrar el punto intermedio entre el maelstrom disonante de los primeros y los riffs ciclópeos de los segundos, ganándose de paso a buena parte de la crítica internacional y fichando por el genial sello galo Season Of Mist. No hemos tenido que esperar mucho para recibir la siguiente andanada de bilis nihilista por parte del cuarteto, y sólo un año después de aquel Nihl nos llega Endinghent (2017, Season Of Mist), otro puñetazo en la mesa de una banda que opera, tiene que hacerlo, desde otro plano de existencia.

En su excepcional libro sobre la hiperstición Homo Tenius, el escritor Francisco Jota-Pérez desarrolla la idea de los Primigenios lovecraftianos como entidades más allá del tiempo, situados al final de nuestra existencia como especie (tras devorarla) pero capaces de desplegar sus zarcillos hacia atrás en la Historia, plantando Objetos Hipersticiosos que aceleren nuestra carrera hacia el caos y finalmente la Auto-Erradicación. Independientemente de que conceptualicemos esos Primigenios como auténticas entidades o como metáforas de nuestra tendencia a la disolución, es innegable que vivimos una época de inflexión donde el presente es negado a través de constantes actualizaciones hacia un horizonte cada vez más incomprensible, aterrador y opaco. Es en este contexto donde surgen bandas como Altarage, cuya propuesta salta por encima de la confusión existencial para abrazar directamente un nihilismo virulento que ansía la exterminación, esas fauces tentaculares que tienen en los bilbaínos a sus voceros más entregados. Sin espiritualidad ni búsqueda de la verdad en un Universo que es en esencia un abrumador Vacío, tan sólo queda el Caos como única fuente de la que extraer inspiración, el Apocalipsis como musa. O como proclama Layla Martínez en su Libro de la Crueldad, “instauremos el delirio grotesco. proclamemos el horror cósmico”.

Endinghent es de lejos una de las obras sonoras que más se acercan a esa entropía destructora y caótica. Sin llegar a los imposibles arabescos guitarreros de Portal, los bilbaínos optan por desplegar una andanada de riffs gargantuescos, de una fisicidad demoledora en el caso de cortes como Incessant Magma, y que nos muestran a unos Altarage que además de apabullar ahora también nos ahogan en pasajes de pura densidad malsana. Al igual que los neozelandeses Ulcerate pero desde coordenadas estilísticas diferentes, los bilbaínos han descubierto lo excepcional del maridaje entre atmósferas asfixiantes y cabalgadas hacia el fin de los días, convirtiendo temas como Rift o Weighter en experiencias al límite capaces de dejar al oyente sin aliento. Y todo ello lo consiguen sin ninguna concesión, pues no puede haberlas en una propuesta de este calado, conformando un trabajo que va mucho más allá del Death Metal o el Black Metal para anidar en un nicho propio e insondable desde el que lanzarnos cuchilladas del calibre de Spearheaderon, uno de los mejores exponentes del torbellino disonante que son capaces de invocar Altarage. Estamos ante uno de esos discos que rompe con la anticuada distinción entre música popular y culta, dinamitandolos en una deflagración de pura misantropía que aunque hija bastarda de ambos (las conexiones con el Death Metal son evidentes, pero también se pueden vislumbrar lazos con los ejercicios más confrontacionales de la música contemporánea) se sitúa tan por delante que alcanza en su horror visionario el muro opaco de lo incognoscible. Es muy complicado, y más para simples mortales como nosotros, vislumbrar de qué manera esta propuesta puede seguir evolucionando, enroscándose alrededor de sí misma y elevando su escalada de terrorismo sonoro, pero hasta que Altarage respondan a ese interrogante regocijémonos con una de las obras más excepcionales y vanguardistas de los últimos años.

Cuando la vanguardia va más allá y traspasa el Velo de Maya no vislumbra en él otra cosa sino el Vacío, el bullente caos desprovisto de reglas, insondable, dañino y atroz. Desde esa fútil desolación emiten los bilbaínos Altarage, uno de los combos más aterradores del extremismo metálico internacional que con Endinghent reclaman su lugar junto a Portal como voceros de la malignidad inútil del Universo. Ellos son lo que ocurre cuando el futuro encuentra el final del camino y decide girar su mirada hacia nosotros. En otra puta liga.

Reseña invocada por CTHULHU.