ALTARAGE – The Approaching Roar (2019)

SEASON OF MIST

Y las cosas como son en sí mismas, tal como son, son una con la vacuidad.

Keiji Nishitani – La Religión y la Nada

Un servidor, que observa contradicciones en todo lo que le rodea, siempre ha sentido especial cariño por la dialéctica hegeliana y su explicación del mundo como, entre otras cosas, una eterna unidad y lucha de contrarios, de negaciones que se invierten y avanzan en espiral hacia un fin de los días que también se convierte en su opuesto. Los años me han llevado hacia diferentes y más oscuros derroteros filosóficos, muchos de los cuales niegan de raíz todo lo kantiano y, por consiguiente, los preceptos de un Hegel que era heredero directo del genio prusiano, pero la fuerza de la experiencia me sigue llevando una y otra vez a sonreír por lo bajo ante lo acertado de aquel ciclópeo y amedrentador trabajo intelectual (intentad descifrar la Fenomenología del espíritu y sabréis a lo que me refiero).

El ser humano, con todo su «poderoso» intelecto abierto a comprender los entresijos de un Universo que sin embargo nos encarceló en débiles, caducos y estancos armazones de carne y hueso, es la mayor prueba de esa contradicción, pero sin embargo no hay unidad y lucha de contrarios que nos pueda elevar a ningún nuevo estado de existencia, y la comprensión de esa tragedia, la de la fugaz y vacua condición humana, es probablemente el mayor logro del pensamiento en los miles de años que llevamos vagando en esta bola de tierra a la que llamamos hogar. Todas las reacciones que derivan de ello, desde el consuelo del hedonismo, la furia, el pesimismo o el más absoluto de los derrotismos, son hijos bastardos de tamaña revelación. Lo que nos interesa aquí, ya que aunque no lo parezca he venido a hablar de música, es la FURIA. Porque en el tercer largo de Altarage la hay a patadas, aunque al mismo tiempo camine de la mano de un mensaje preñado de vacío desolador.

Desde 2015 llevan los bilbaínos invocando un confrontacional maelstrom de disonancias, rabia y cenizas, adscritos a esa vanguardia metálica obsesionada con el horror incognoscible y en la que comparten asiento con Portal, Impetuous Ritual o Abyssal, generalmente bandas muy cercanas a los preceptos estéticos y filosóficos (que los hay, y de gran calado) de la obra de H.P. Lovecraft, aunque en el caso de Altarage purgada de folclore cósmico para abrazar sus desoladoras implicaciones existenciales. Los vascos son berserkers de la Nada, furibundos profetas de ese vacío total y caótico que da sentido al Universo privándolo al mismo tiempo de cualquier valor y, aunque parezca una contradicción enarbolar la vacuidad a golpe de rugidos (campos como el Drone o determinadas escuelas de la electrónica están más en armonía con ese mensaje), cobra relevancia al trasladar al oyente la inutilidad maligna (que diría Ligotti) de un Cosmos carente de ninguna significación pero que causa estragos en la existencia humana, la zarandea e inflama esos sentimientos que la Naturaleza tuvo a bien incorporarnos para hacernos creer que todo esto merece la pena.

The Approaching Roar (2019, Season Of Mist) consolida a Altarage como una fuerza de primer orden dentro del extremismo metálico de corte más opaco, si es que no lo hicieron ya mastodontes de la talla de Nihl (2016) o Endinghent (2017). Con sus predecesores comparte la furia intransigente y confrontacional, las disonancias y la fisicidad de un sonido que amenaza con tragarte vivo, pero al mismo tiempo estamos ante el trabajo más inteligible del trío, casi como si tendieran una mano con la que agarrarte y llevarte con ellos al fondo. No nos engañemos, el neófito es probable que salga corriendo y le parezca un trabajo para denunciar al Tribunal de La Haya, pero el que esté curtido en estas lides encontrará un patrón más adscrito a los cánones del Metal Extremo y menos al del loco visionario Abdul Alhazred. Temas como el ciclópeo «Urn» o «Knowledge» son de lo más bestia que jamás hayan parido los bilbaínos, pero tanto la producción (menos saturada que en obras pretéritas) como el dinamismo del que hacen gala las convierten en más comprensibles para el cerebro humano, aunque igual de dañinas al penetrar y romper las sinapsis que se generan en el mismo. Los temas que hacen hinapié en el «gordor» guitarrero y las atmósferas densas, caso de «Cyclopean Clash», siguen esa senda de un lenguaje más comprensible aunque sólo sea para los tarados que se acerquen a una obra como The Approaching Roar, cuyos preceptos se asemejan al movimiento obrado por Portal en Vexovoid (salvando las distancias en cuanto a las herramientas usadas, no tanto por la calidad). Es muy lógico que habiendo tocado techo en cuanto a terrorismo sonoro y confrontacionalidad se refiere, el siguiente movimiento de Altarage fuera llevar su propuesta hacia terrenos más dinámicos, algo menos opacos, y así mejor trasladar su evangelio de nada y desesperanza. La razón esta de su lado, y habida cuenta de la excelencia artística en la que llevan instalados desde su nacimiento, un servidor solo puede postrarse a sus pies y seguir implorando por más trabajos como The Approaching Roar.

The Approaching Roar nos muestra a los Altarage más dinámicos y versátiles hasta la fecha, aunque manteniendo toda la furia nihilista que les ha llevado, y con razón, a lo más alto del terrorismo sonoro internacional. Su mensaje es ahora más claro, pero los daños colaterales siguen dejando el mismo rastro de ruinas y cenizas. En otra liga.

NOTA: 9,5/10

Reseña invocada por CTHULHU