ASTRA – The Black Chord (2012)

 


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Ya tenemos aquí el último trabajo de los nuevos titanes del rock progresivo, los estadounidenses Astra. Abanderados de un género que suscita por igual odios y pasiones (reacciones ambas que un servidor puede suscribir dependiendo el caso), el quinteto de San Diego debutó hace tres años con el mastodóntico The Weirding (2009, Rise Above Records), una ida de olla de 80 minutos no apta para cualquiera en la que dejaban claro su filiación a la década de los 70, especialmente a los plásticos de Pink Floyd, Yes y King Crimson. Tachada su propuesta de inmovilista y autoindulgente por algunos, era sin embargo tan grande el talento y la pasión con que la desgranaban que pronto se ganaron toda una base de acérrimos defensores, principalmente los amantes del rock más añejo. The Black Chord (2012, Rise Above / Metal Blade) es la reafirmación de Astra en sus postulados aunque con la humildad suficiente como para aprender de parte de las críticas respecto a su predecesor.


Porque no se si habrá salido de ellos o será un reconocimiento a dichas críticas, pero The Black Chord es media hora más corto que The Weirding, algo que en mi opinión ayuda mucho a la homogeneización del álbum y a que su escucha sea el viaje cósmico que pretende y no tanto una maratón de peyote hasta caer exhausto. Puede que sea un poco de ambos factores, porque unido al recorte de metraje nos encontramos ante una banda muchísimo más madura y con las ideas muy claras. Así como en The Weirding había momentos donde uno tenía la sensación de que el quinteto quería verter demasiadas de esas ideas en un espacio imposible, en The Black Chord todo se encuentra en su justa medida merced a una formación que por fin ha cogido las riendas de un barco que antes se movía a golpe de las deudas con el pasado. Y no es que Astra se hayan movido un ápice de su campamento en el corazón del progresivo setentero, pero ahora conocen su configuración y sus lugares favoritos mucho mejor que antes, descubriendo de paso parajes nuevos que insertan con acierto en su propuesta. Además de las ya conocidas sonoridades deudoras de Pink Floyd, King Crimson y Yes, aparece ahora una tendencia a la cosmicidad de Hawkwind que antes se encontraba soterrada en su maelstrom creativo. Y con sólo un tema por encima de los 10 minutos y un minutaje que no llega a los 50, los 6 cortes que conforman The Black Chord son verdaderas joyas de brillo ultramundano, obrando con acierto y maestría la casi imposible amalgama entre concisión y evocación sin límites, algo tremendamente meritorio cuando uno decide enrolarse en la armada del rock progresivo. Desde que el álbum se abre con la maravillosa Cocoon es imposible no sonreír recordando magnas obras como Starless And Bible Black de King Crimson o Close To The Edge de Yes, alegría que continúa hasta el cierre espacial de Barefoot In The Head y sus reminiscencias a los todopoderosos Hawkwind. Y por el camino toda una orgía sonora a golpe de Hammond, sintetizadores Moog, baterías jazzísticas y guitarras de mil recursos (wah-wah, riffs sabbathicos, delays, solos incendiarios…), que sumado a una mayor presencia vocal que en The Weirding acentúan la sensación de estar ante «canciones» propiamente dichas y no tanto ante una jam sideral si medida (lo que tenía su encanto también, todo hay que decirlo). Con un sonido maravilloso de textura más añeja que su predecesor, The Black Chord es la comunión perfecta entre rock y atmósferas contemplativas a cargo de una banda que ha dado un paso de gigante en sus ya de por sí enormes capacidades compositivas. Si es así yo vuelvo a apuntarme al LSD.


The Black Chord es lo que ocurre cuando cinco mentes geniales entran en comunión con su vasto bullir de ideas y pasiones. El mejor homenaje a la década de los 70 imaginable, posee sin embargo la suficiente personalidad para reclamar su sitio en el rock del siglo XXI, que a veces se nos olvida le debe la vida a sus orígenes. El disco de rock progresivo del año y una maravilla a guardar con tus grandes clásicos.