BATILLUS – Concrete Sustain (2013)

 

Pocos discos eran tan esperados por un servidor como el segundo largo de los neoyorquinos Batillus tras aquella bestia que fue Furnace (2011, Seventh Rule), un debut mastodóntico a caballo entre la abrasividad del Sludge/Doom y el helador mal rollo del Black Metal, y sin duda alguna uno de los grandes discos de aquel año. Esencial en ese álbum fue la inclusión de Fade Kainer como vocalista y teclista, dotando a la propuesta de Batillus de una mala hostia inmensa y unos detalles que partiendo del industrialismo convertían Furnace en la banda sonora ideal para desangrarse y morir en un futuro post-apocalíptico. Dos años después regresan con el sorprendente Concrete Sustain (2013, Seventh Rule), también un discazo pero transitando por otros derroteros sonoros.

Y es que hay que quitarse el sombrero ante la manera en que el cuarteto ha ampliado su paleta cromática (sin salirse de los grises y negros) para abrazar toda una serie de recursos estilísticos nuevos e integrarlos a una propuesta que ha sufrido una mutación radical, aunque manteniendo la lija sonora y el mal rollo como pilares maestros de su construcción musical. El comienzo con Cast y Concrete nos escupe a la cara el primero de esos cambios, una acentuación notable del componente industrial que en su maridaje con el Sludge más plúmbeo deviene en la mierda que nos lanzarían unos Today Is The Day a la cara desde un futuro desolado por las bombas atómicas. Las similitudes con las huestes de Steve Austin son muy notorias en Concrete Sustain, que ha rebajado su densidad respecto al debut de la banda para poner el acento en una abrasividad salvaje y conscientemente dañina, auténtica sodomía espiritual para el fin de los tiempos. La novedad más palpable es la desaparición del Black Metal como elemento constituyente del universo de Batillus, y aunque su participación en Furnace era clave para dotar a aquel de su estremecedora aura de desolación glacial, en su nuevo trabajo las sensaciones a transmitir son otras bien distintas, tanto que no necesitan de las punzantes armas del sub-género extremo para llevar a cabo su hiriente cometido. Beset nos recuerda que a pesar de todo los neoyorquinos vienen del Sludge/Doom, desplegando casi 8 minutos de genialidad tectónica donde los detalles de melodía guitarrera de Greg Peterson unidos a los teclados y voz inenarrable del señor Kainer convierten al tema en una auténtica maravilla de sodomía espiritual. La banda también ha sido consciente de que con el suficiente talento y poder de síntesis dañina no es necesario dilatar los metrajes hasta el infinito, exhibiendo la mayoría de sus cortes una duración que no llega a los 6 minutos y cuyo principal leit motiv es la destrucción entre ciclópeos pisotones y puñaladas envenenenadas. Mirrors es un ejemplo soberbio de ese nuevo dominio de las dinámicas, todo un misilazo Sludge que personalmente me hizo temer por la integridad de mis cervicales, pues mi alma hace tiempo que no tiene salvación (no me miréis así, que las vuestras no están mucho mejor). Una pasada de tema, de verdad de la buena. Las sorpresas continúan con Rust, exhibición de epilepsia compositiva que suena a Ministry si se hubieran criado en un pantano de Louisiana en vez de en las frías calles de Chicago, y que eleva los niveles de abrasividad hasta cotas de auténtica tortura medieval. Tanto que cuando llega la final Thorns uno abraza los negros bofetones que suelta, casi 9 minutos de despedida de la existencia entre riffs mastodónticos y ambientaciones oscuras como el ojete de Satanás, y que tiene en sus sorprendentes y melancólicas melodías finales la puntilla a otro corte para abandonarse entre grises nubarrones de fatalidad. Imperdonable sería no hacer referencia al sonido por obra y gracia (de nuevo) del genial Sandford Parker (miembro de Minsk y productor de titanes como YOB, Pelican o Nachtmystium) a la producción y mezcla, y el no menos grande Collin Jordan (Cough, Blood Ceremony, Bongripper, Voivod…) en la masterización, consiguiendo una amalgama perfecta entre densidad impenetrable y el mimo por los detalles que exige la nueva criatura sonora de Batillus

Concrete Sustain es un disco redondo y sorprendente, 35 minutos de furia que nos hablan de Batillus como una banda en continuo cambio y movimiento, la personificación de las mil y una caras del Apocalipsis. Sludge, Doom, Industrial… Todo vale si las intenciones son lo suficientemente dañinas. Discazo.

 

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Puedes escuchar el disco a través del Bandcamp de Seventh Rule: PINCHA AQUÍ.

 

Reseña invocada por CTHULHU.