CLÁSICOS BÁSICOS: BETHLEHEM – Dictius Te Necare (1996)

 



Hace poco, revisando mi archivo de música, mis ojos se posaron en Bethlehem, y como si de un antiguo trauma se tratase, enterrado bajo capas de asustadizo olvido, me asaltó el recuerdo. Vívido, doloroso. El recuerdo de la primera vez que escuché a estos alemanes, reyes indiscutibles del doom/black más enfermizo y depresivo. Estaba yo por aquel entonces muy tierno de ataques terroristas sonoros como el del black metal en general, pero lo de este grupo realmente me impactó. Mis oidos se han encallecido desde entonces, y el extremismo metálico ahora forma parte de mí, como el simple hecho de respirar, pero reconozco que es darle al play a este disco, y me invade una incomodidad que no puedo expresar con palabras. Si la máxima de cualquier grupo es llegar a empatizar con el oyente, llevarlo por el camino que han trazado y arrastrarlo a su propuesta hasta conseguir que la interiorice, entonces Bethlehem deberían ser los ídolos del 99% de las formaciones del planeta, si no fuera porque idolatrar tamaña bestia puede arrastrarnos por senderos muy peligrosos.

La banda se forma en 1991, alrededor de la figuras de Jürgen Bartsch (bajista) y Klauss Matton (guitarra), dos músicos obsesionados con la muerte y el suicidio, que les habían tocado muy de cerca y en repetidas ocasiones. En el caso de Bartsch, un amigo había muerto de sobredosis, otro se había suicidado, así como su tío y su novia. Dramático este último caso, pues fue el propio Bartsch quien la encontró colgada en primer lugar. Por otro lado, Matton aún tenía reciente el suicidio de su padre y la muerte por cáncer de su madre. Cuando se les unen Andreas Classen (vocalista) y Steinhoff (batería), el grupo comienza a andar. En 1994 ve la luz su primer trabajo, Dark Metal, que a pesar de no salir del círculo más underground de seguidores del aún incipiente black metal, les lleva a ser comparados con gigantes como Paradise Lost, My Dying Bride o Katatonia. Su fusión de black, death y doom, unido a una temática terriblemente oscura y depresiva, suponen los primeros pilares de lo que será el futuro sonido del grupo. Poco después Andreas Classen es expulsado del grupo, acusado de llevar demasiado lejos y a un ámbito muy personal las ideas oscuras del grupo, amenazando la propia estabilidad del mismo. Entra en escena un nuevo vocalista, Rainer Landfermann, parte fundamental de su siguiente trabajo, y el que tenemos entre manos, Dictius Te Necare (Mátate, en castellano).

Aquí nos encontramos ante el que es el mejor trabajo del grupo en mi opinión, y obra capital para comprender el metal más extremo y oscuro. La producción es perfecta, a diferencia que en Dark Metal, y el black metal de la banda se despliega de un modo mucho más refinado, poniendo a Bethlehem entre los grupos punteros del metal europeo, aupados por el auge que ya está viviendo el género por esos años, y que lo impulsa como estilo predominante del viejo continente. Además, las trabajadas atmósferas ejercen de contrapunto ideal a la fiereza salvaje que siguen exhibiendo en la mayoría de los cortes, castigando sin piedad al oyente con subidas y bajadas sonoras que se fusionan perfectamente con la temática esquizoide y oscura del álbum. Y aquí es donde entra en escena una de las piezas fundamentales del mismo: la interpretación vocal de Landfermann. El trabajo que realiza en Dictius Te Necare es simplemente acojonante, siendo comparada por muchos críticos con la de Varg Vikernes de Burzum. En mi opinión, incluso esta comparación se queda corta. Durante los siete cortes del disco, Landermann te arrastra a un mundo de dolor, angustia y muerte, sin que puedas escaparte, y que por muchos momentos puede llegar a hacerte pensar en parar la reproducción y salir pitando de la habitación. Gritos guturales, lamentos, quejidos, cambios súbitos de tono, un repertorio pasmoso con el único fin de hundirte en el agujero más profundo de la existencia humana y ahogarte en él. Años más tarde saldría el también excelente S.U.I.C.I.D.E., con nuevo vocalista y con la introducción de teclados y elementos progresivos, en la línea de bandas emergentes del momento como Dimmu Borgir o Moonspell.

Sin embargo, es este Dictius Te Necare la la pústula que extendió la gangrena posterior, el trabajo que llevó todo lo que es enfermizo y oscuro en la vida a los reproductores de música. Un álbum enorme, al que probablemente no acudas con mucha asiduidad, pero que cada vez que lo escuches volverá a abrir todas esas cicatrices y dolores que pensabas enterrados.