CASTEVET – Obsian (2013)

Que Nueva York es uno de los epicentros mundiales en lo tocante a vanguardismo metálico en el siglo XXI es meridianamente claro para todo aquel con un poco de curiosidad y que se aleje tanto de los prejuicios de la obsoleta ortodoxia como del superficial acercamiento indie al lado oscuro de la fuerza. O dicho de otra manera, la única forma de llegar al corazón del asunto es ignorar el talibanismo que comprende los géneros como habitaciones estancas del mismo modo que al moderneo que vende como avant-garde el post-rock pseudometalizado de Deafheaven y Liturgy. Porque más allá de eso, por debajo de eso, hay una escena fascinante que lleva unos cuantos años moldeando propuestas frescas y rompedoras, con bandas hermandadas no tanto estilísticamente como por una filosofía que comprende el metal moderno como una alquimia y recombinación de elementos, y que no duda en hacer suyos los libros de estilo del Metal Extremo, el Noise Rock (no por nada estamos en la ciudad que alumbró a titanes como Sonic Youth, Helmet o Unsane), el Math Metal y el Jazz, junto al apocalíptico legado de los inclasificables (y también neoyorquinos) Swans y sus heredederos más certeros, Neurosis. Es en ese heterodoxo caldo de cultivo donde surgen bandas tan excelsas y dispares como Krallice, Tombs o Dysrhythmia, y que hace tres años sumó un nuevo miembro de la mano de Mounds Of Ash (2010, Profound Lore). Aquel fue el debut de Castevet, un trío de Brooklyn liderado por el cantante y guitarra Andrew Hock con la ayuda del excelso batería Ian Jacyszyn, y que si bien no les sirvió para granjearse la notoriedad de la que gozaban sus vecinos (desde luego no por falta de méritos cualitativos) sí les valió las alabanzas de buena parte de la crítica y el público más interesado por las nuevas corrientes (que no nos engañemos somos cuatro gatos, pero aquí estamos). Tres años después de su presentación en sociedad regresan con Obsian, de nuevo bajo el infalible paraguas de Profound Lore Records y con la incorporación de lujo del soberbio bajista de Krallice, Nicholas McMaster, dejando claro que la vanguardia no es estática y sí un proceso vivo, siempre cambiante.

Metidos en ese cajón de sastre vacío de contenido que es el Post-Black Metal, la propuesta de Castevet siempre ha sido más compleja y rica en matices que cualquier etiqueta fruto de la incapacidad analítica pudiera abarcar, y si bien el Black Metal estaba presente en su receta no era ni mucho menos el ingrediente único ni predominante, sumergido en un oscuro y abrasivo caldo donde interactuaba con el Noise, el Hardcore técnico y metalizado de finales de los 90 (léase Converge, Botch o Coalesce) y unas negras ambientaciones que nos remitían a los omnipresentes Neurosis. En ese sentido Obsian no marca una diferencia respecto a su predecesor, pero sí en cuanto a la profundización del discurso sonoro y a un cambio de jerarquías en su pirámide estilística donde la exigencia técnica ha ganado muchísimos enteros. Es muy complicado hacer un listado detallado de lo que el oyente se va a encontrar a lo largo de los 6 cortes que componen el disco, y su vivisección en poco ayudaría a la comprensión de este poliédrico túmulo de orgánico latir, por lo que creo que es más sensato intentar esbozar las líneas generales por las que discurren sus pulsiones. Lo primero de todo es afirmar que pese a todas esas chorradas acerca del Post-Black Metal, a nada que se tenga un poco de oído sale a la luz la influencia más clara de los neoyorquinos, una que nos habla de la primera gran banda vanguardista del Metal Extremo y que no es otra que Voivod. Es escuchar la inicial The Tower e inevitablemente sonreír por el modo en el que Castevet recogen el legado de polirritmia y armonías disonantes de los canadienses, además de aplaudir la maestría con la que lo encajan entre tremolo pickings puramente blackers y la hermanan con el desarrollo posterior que de él hicieron bandas como Botch. De ello se deduce (y se siente de una manera vívida) el amor que los neoyorquinos tienen por las tensiones, el sacrificio del lado más amable de los armónicos y la búsqueda del conflicto sonoro como vía para llegar y sacudir al oyente. La considerable carga técnica y compositiva que ello exige se cubre sin problemas con el inmenso talento de estos tres tíos, empezando por la espasmódica e imaginativa guitarra de Andrew Hock y terminado por la policromía de una sección rítmica donde sobresale el inmenso  Ian Jacyszyn, un batería con la precisión de una máquina y la intuición compositiva de quien tiene una enciclopedia por libro de estilo. Densidad e intensidad son las dos vigas maestras de Obsian, pero el edificio que sustentan sólo se comprende con la adición de los múltiples matices que se supeditan a ellas, como esa tensión a la que hacía referencia y que se materializa en unos intrincados riffs que se contraen y expanden constantemente, caso de la fantástica The Curve. Del mismo modo sorprende la utilización de guitarras acústicas en un artefacto de estas características, pero como demuestra la genial As Fathomed By Beggars And Victims su aparición no marca una rebaja en la intensidad sino un elemento más que es obligado a entrar en el maelstrom sonoro del trío, y ante el que uno sólo puede quitarse el sombrero. Sería un error no mencionar la labor del nuevo miembro de Castevet, un McMaster que se erige como poderoso interlocutor entre sus dos compañeros y que demuestra tanto su formación jazzística como su vocación vanguardista en cortes como Cavernous. Todo esto, aunque parezca mentira, sólo son esas pinceladas generales que me he prometido esbozar, y sucesivas escuchas del álbum revelan nuevos detalles que a buen seguro el oyente docto sabrá descubrir, pero que espero sirvan para animar a la escucha del que en mi opinión es uno de los discos más interesantes de lo que llevamos de año, y que debería servir para colocar a Castevet en la primera línea del vanguardismo metálico de nuestros días.

Obsian es un altar construido sobre tensiones sonoras y que es capaz de subordinar a su omnipresente abrasividad  propuestas tan dispares como el Black Metal, el Noise Rock, el Math Metal y el legado de los geniales Voivod para moldear una de las propuestas más personales de nuestros días. Un paso más para unos Castevet que están empezando a construir una carrera de alma negra y ropaje de visionarios.

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Reseña invocada por CTHULHU.