CHERUBS – Immaculada High (2019)

RELAPSE RECORDS

Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
Suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
Suerte que los intestinos se muevan.

BUENA SUERTE – Allen Ginsberg

Calificados por el influyente medio Pitchfork como «la música pop más ruidosa del planeta», los texanos Cherubs son una de esas bandas investidas de misticismo debido a lo alucinante y breve de su carrera iniciática. Formados en 1991 y enrolados en el sello Trance Syndicate del gran King Coffey (Butthole Surfers), nos regalaron dos discazos de la talla de Icing (1992) y Heroin Man (1994) instalados en ese pop ultradistorsionado y ruidoso que tan grande hizo a toda una generación de bandas enroladas en sellos legendarios como Sub Pop o Amphetamine Reptile. Tras aquello se separaron y tuvieron que pasar 20 años para poder escuchar nuevo material de la banda, aunque su influencia se extendió no solo dentro del universo noiserockero, sino que llegó incluso a tocar a bandas cuya contundencia se hermanaba con un gusto especial por las melodías, caso de Red Fang (que versionearon «Carjack Fairy» en su EP de 2010) o unos Torche que son una de las primeras bandas que te vienen a la mente al pensar en el legado del power-trio. Enrolados en las cada vez más heterodoxas filas de Relapse Records (sus ojeadores no tienen mal gusto, no), Cherubs regresa con Immaculada High para demostrar la relevancia de un sonido por el que jamás pasarán los años.

Immaculada High reivindica un sonido y una forma de hacer las cosas que parecen ya cosa del pasado, consiguiendo esa amalgama casi mística entre crudeza y melodías en la que Cherubs parece que están sonando desde el garaje de su casa mientras que al mismo tiempo despliegan un sonido que ya quisieran para sí muchas bandas actuales. Con una de las secciones rítmicas más compactas que vayas a escuchar en tu puta vida, más los guitarreos crudos y la alucinada interpretación vocal de un Kevin Whitley en estado de gracia, los 11 cortes que componen el álbum son la cuadratura del círculo, el Nirvana y Jesucristo, todo en uno. Es probable que la nostalgia pese lo suyo en esta reseña, pero es imposible no postrarse ante ese hit vigoréxico que es «Sooey Pig», o llorar de la emoción con la rítmica estratosférica de «Breath U Can C», un corte que va levantando el vuelo y te deposita en algún lugar entre a tomar por el culo y la Luna. Cherubs siempre han compartido con los Butthole Surfers esa sensación de que cualquier cosa puede ocurrir, lo que aquí se traslada tanto al viaje de ácido que supone «Imcg» como a la casi sludge «Nobodies», donde nos vienen a la cabeza otros seminales compañeros de viaje como los Melvins. Imposible no mencionar el sonidazo que les ha sacado Erik Wofford (The Black Angels, Explosions In The Sky, My Morning Jacket), en un proceso que tiene pinta fue tremendamente orgánico y fluido cuando enfrente tienes a una banda con las ideas tan claras. Porque sí, en 2019 una formación como Cherubs no está inventando nada, pero sí demostrando la relevancia de una propuesta muchísimo más auténtica que la de los muchos clones que en nuestro siglo se han subido al carro de las melodías ruidosas. Por eso, y porque Immaculada High es un discazo descomunal, yo ya tengo mi gran favorito a disco de Rock del año.

Cuando Pop y Ruido se enamoran siempre ocurren cosas mágicas, y quienes mejor que los míticos Cherubs para demostrarlo. Immaculada High no es solo el recuerdo de una época en la que bandas como Butthole Surfers, Melvins, Helmet o ellos mismos representaban lo más honesto, vibrante y relevante del underground rockero estadounidense, sino que pega todo un puñetazo en la mesa reivindicando la vigencia de dicho legado tres décadas después.

NOTA: 9/10