CINE PSICOTRÓNICO: LA BESTIA DE LA NOCHE AMARILLA de Eddie Romero (1971)

 

Aprovechando que la acabo de sufrir y que la magnífica distribuidora Versus Entertainment la ha recuperado dentro del subsello Zinema Bis, me dispongo a hablaros de uno de los ñordos fílmicos más deliciosos y exóticos que parió la lisérgica década de los 70. Muchos son los factores que de antemano hacen de La bestia de la noche amarilla un plato apetitoso para el coprófago cinematográfico: Por un lado ser una de las primeras películas que sacó la recién fundada New World Pictures del inefable Roger Corman. Por otro que su protagonista y productor es el guaperas (por decir algo) John Ashley, conocido (aparte de por sus dolorosas pelis playeras y subproductos asiáticos) por ser el productor de series de televisión como el Equipo A o Walker, Texas Ranger. El último factor es su director, un Eddie Romero que es lo mejor que ha dado Filipinas junto con los mini-donuts de Panrico y verdadero especialista (por decir algo también) en este tipo de ponzoñas psicotrónicas rodadas en el país asiático. En IMDb le dan una nota media de 2,7, que son 100 puntos más de los que yo le daría.

El Satán filipino. No quiero conocer a su Dios…

La cosa va asín (SPOLIERS a cascoporro): Un soldado norteamericano, de nombre Joseph Langdon, traiciona a los suyos en la II Guerra Mundial y se pasa a los japoneses. Es tan malandrín que ni ellos le quieren y se pasa a la guerrilla filipina (una falta de escrúpulos que en España le valdría mínimo un puesto en el Parlamento), que poco tarda también en mandarle a zurrir mierdas. Aprovechando la coyuntura las autoridades filipinas junto a la embajada estadounidense dan con él y le pegan unos tiros. Sobrevive a duras penas y cuando está a punto de morir en la selva se le aparece Satán (en Filipinas es gordo, oriental y va medio en bolas), que se ofrece a salvarle la vida a cambio de sus servicios. Cuando Langdon ya está a punto de bajarse los pantalones y aplicarse lubricante se da cuenta que no son esos servicios, sino que el Satán de ojos rasgados quiere usarlo para esparcir el mal por el mundo. Como ya no es exactamente mortal (¡Pero si le acaban de salvar la vida!. Lo sé, pero yo sólo os lo cuento) el Demonio lo utiliza para meterlo en diferentes cuerpos, suplantar personalidades y hacer pillerías. Uno de esos cuerpos es el de Philip Rogers, empresario recién fallecido en un accidente que de paso le ha desfigurado la cara. Al entrar Langdon en su cuerpo revive, curando su cara pero adquiriendo las facciones de nuestro esclavo demoníaco,  algo que parece no importarle ni a su mujer ni a su hermano. Sólo a ti, pobre espectador, que para esas alturas ya estás tirándote de los pelos e intentando que no se te desgarren las retinas. Rogers/Langdon empieza pronto a hacer el mal, despidiendo a su junta directiva (algo terrible e ignominioso) y planeando mandar a la mierda a su mujer (no sin antes echarle un frote, que el hombre no es tonto), una Mary Wilcox de muy buen ver (que la ponías mirando a Cuenca, vamos) cuyos senos desnudos son el único regalo a la vista en este crimen fílmico.

De Elvis a El Puma. Y tiro porque me toca.

Un poco más relajado tras haber visto a la Wilcox en porretas bajas la guardia, te dices que no todo es tan malo, que incluso la cosa puede mejorar… Y entonces el protagonista exterioriza su maldición y se transforma en la Bestia, si por bestia entiendes a una cosa que se parece al fruto de una noche de pasión entre El Puma, el Hulk de la serie televisiva y un zombi de cartón que pasaba por allí. A esas alturas de la película notarás cierta presión craneal, pero no te preocupes, sólo será la masa encefálica intentando abandonar tu cuerpo cual rata en un barco sentenciado. Ademas de ser casposo y feo, nuestro monstruo corre sin rumbo soltando galletas con la mano abierta que dejan surcos de garras, comiendo alguna víscera que otra y siendo indestructible, algo que aterroriza a la población y frustra a las atónitas (esto lo supones, su interpretación es más hermética que la de un geranio) autoridades locales. En esto que la Policía, que a veces sirve para algo, ata cabos y descubre que todos los indicios señalan al empresario, descubriendo que su cara es idéntica a la del criminal supuestamente fallecido (¿La Policía puede ver su verdadero rostro y su mujer y parientes no? O la Policía es muy buena o Eddie Romero se pasó de peyote escribiendo el guión… la dos! la dos!). Comienzan así persecuciones vibrantes (incluso no), dramatismo existencial (ya si eso tampoco) y la amistad entre un monstruo y un ciego ex-criminal que le enseña a la criatura homicida el valor de…mmm…de algo así bueno y cristiano como la compasión. Al dejar a Dios entrar en su corazón (que a quién se le ocurre) se vuelve un moñas y pierde la invulnerabilidad, por lo que sufre de manera tajante la furia de la justicia filipina, que al igual que en todos los países se manifiesta a través de disparos en zonas vitales. Y ya, libre de la maldición, se muere contento. Fin.

Groarrr…

Respecto a los defectos especiales, pues son una mierda como un piano. El monstruo es una careta de goma con guantes de goma a juego. Y cutres ambos. La noche amarilla no existe, es un humo de ese color que aparece cada vez que Satán está en escena, sin importar la hora del día. También en la carátula pone que está grabada en (cito textualmente) tenebroso Technicolor. Y puede que sea verdad, si por tenebroso entiendes rayar el objetivo de la cámara y embadurnarlo en mugre, lo que supongo daría la sensación que la peli era casposa incluso en los 70 (a pesar de que todo el mundo se ponía a tope y no regía bien). 

 

Resumiendo, “La noche de la fiebre amarilla” es un producto de serie Z con todas las de la ley, plena de desvergüenza, carencia de medios técnicos (y humanos, porque no hay ni uno en el reparto) y radiocatividad psicotrónica en general, pero que a cambio ofrece tetas, gente filipina, algo de gore y un monstruo risible, por lo que tiene todos los elementos para hacer de ella una peli de culto entre los moradores de la inmundicia visual. 

 

Puedes consultar los datos sobre la versión en DVD a través de Versus Entertainment. PINCHA AQUÍ.

 

 

Reseña invocada por Cthulhu.