COUCH SLUT – Contempt (2017)

 All you need is dynamite

King Mob

Desde hace varios años Gilead Media viene siendo la trinchera en la que combaten algunas de las bandas más personales, confrontacionales e interesantes del panorama extremo internacional, teniendo entre sus filas a bandas del pedigrí de Thou, Minsk, Krallice o Mutilation Rites. Caminando en esa etérea pero reconocible intersección que une el metal, los sonidos más aventureros (psicodelia, progresivo, kraut, drone…) y el hardcore/punk, y que tanta relevancia está teniendo en el underground sonoro del nuevo siglo, el sello de Wisconsin se ha ido forjando un catálogo alucinante y uno de los exponentes de lo mejor que el terrorismo sonoro contemporáneo es capaz de ofrecer. A ese catálogo debemos añadir Contempt, segundo largo de los neoyorquinos Couch Slut tras su polémico debut My Life as a Woman y en el que vienen dispuestos a recoger el testigo de los grandes pesos pesados del Noise y llevarlo a nuevas cotas de aspereza misántropa.

My Life as a Woman molaba lo suyo, pero adolecía de cierta falta de dinamismo que provocaba que su rodillo fuera demasiado monótono por momentos, algo que Contempt soluciona llevando la propuesta del cuarteto a un nuevo nivel. Recogiendo las enseñanzas de lo mejorcito de Amphetamine Reptile y Touch and Go, Couch Slut se posicionan junto a titanes de la lija como Today Is The Day, The Jesus Lizard, Surgery o Tar, añadiéndole por el camino no poca cosecha propia de bilis y moldeando tres cuartos de hora de puro malrollismo sonoro. El principal acierto del álbum, y uno de los cambios principales respecto al debut de la banda, es el inmenso trabajo del guitarrista Kevin Wunderlich (también productor de la criatura) a la hora de combinar contundencia, filo quirúrgico y las justas dosis de melodía, un tridente mágico que hace de composiciones como Summer Smiles o Penalty Scar imprevisibles contrincantes que te sacuden desde todas direcciones. Salvajadas como Folk Song pueden recordarte a unos Iron Monkey esquizoides, por obra y gracia de una Megan Osztrosits que se desgañita de lo lindo y suelta perlas como “I will fuck you / now you’re dirt” y que, en palabras de la propia vocalista, beben de “la ira, la depresión, el terror, el abuso de drogas, la enfermedad mental, la violencia, lo irreal, la nostalgia y la pérdida”. Ni un ápice de luz se cuela en un álbum que hace de la intensidad y la visceralidad sus principales armas, pura misantropía que va mucho más allá de la pose para instalarse en las entrañas y regurgitar la ácida bilis de Funeral Dyke o Company Picnic with Dust Off donde hay guiños tanto a Converge como a los legendarios Zeni Geva. El ciclópeo final de Won’t Come nos retrotrae a esa monstruosidad de Iron Lung llamada Cancer, y es la guinda perfecta a un disco que además, en lo sonoro, golpea como un tranvía merced a unos Couch Slut sabedores de su propuesta y que cuentan con un pope como James Plotkin en la mezcla. Hay algo atrayente, amedrentador y poderoso en la oscuridad que no sólo devuelve la mirada, sino que además enseña los dientes, y parte de esa fuerza proviene de los escasos momentos en que eso ocurre realmente, más allá de los vacuos clichés de buena parte del metal o la rabia de baratillo del harcore más cuadriculado. Couch Slut son capaces de invocar ese poder a golpe de talento, honestidad y toneladas de mala hostia, regalándonos por el camino el disco más cabrón del año.

Con su segundo trabajo los neoyorquinos Couch Slut se convierten en una fuerza de primer orden dentro de la escena Noise internacional, y a golpe de bilis y riffs como puñales se abren sitio a codazos al lado de popes como Today Is The Day o Unsane. El futuro es suyo, aunque vengan a prenderle fuego.

Reseña invocada por CTHULHU.