CRÓ! – Pera (2014)

—Vine —dijo ella— con la esperanza de que me desapareciese una fantasía hablando con usted.

—¡No lo haga y trátela con amor! —Exclamó Hilarius vehementemente— ¿Qué otra cosa le queda? Sujétela bien por su minúsculo tentáculo, no permita que los freudianos se la arrebaten con zalamerías ni que los farmacéuticos se la eliminen a fuerza de pócimas. Sea cual fuere, cuídela con cariño, porque si la perdiese, por ese pequeño detalle sería usted como los demás. Y empezaría a dejar de existir.

Thomas Pynchon – La subasta del lote 49

 

Enfrentarse a un disco de los gallegos Cró! es como hacerlo con una novela de Pynchon (o si se quiere de su malogrado y aventajado alumno Foster Wallace), entrando en un especial universo donde la única regla para hacerlo es dejar a un lado el frío e imperfecto raciocinio. Alucinamos otras realidades para huir del delirium tremens de la existencia, y con el liberado subconsciente como guía atisbamos la vida y su mapa secreto, los entresijos de un discurso dirigido a nuestro yo sensible en vez de a esa quebradiza construcción social que nos sustituye, con nuestros requisitos de principios y finales, de una coherencia que no puede ser, de una exigencia de finitud que mitigue el miedo a nuestra propia fugacidad. Y como Pynchon el quinteto vigués se sirve en Pera (2014, Metamovida) de la genialidad sin filtrar para rescatar nuestras mentes del sopor de la rutina, de la fosilización de lo establecido, haciendo aún más hincapié en la imposible habilidad de la banda para moverse entre estilos y a la vez seguir siendo ellos mismos.

Pera es, sin duda alguna, el mejor disco que nos hayan regalado los gallegos, incluso superior a aquella joya que fue Onkalo (2012, Metamovida) y en la que tomaba cuerpo de adulto una fascinante criatura compuesta por la infinitud del Rock Progresivo, la epilepsia polirrítmica del Rock Matemático y la imprevisibilidad del Jazz que todavía se resiste a coger polvo en un museo. Pues bien, ese Frankenstein de las Rias Baixas se nos presenta ahora aún más exultante, conciliado a la perfección con sus diversas partes constituyentes, deseoso de ver mundo y seguir asimilando sonidos y experiencias. Y lo más sorprendente del asunto es que Cró! consiguen todo esto con el disco más corto de su carrera, unos fugaces treinta minutos que no necesitan estirarse ni un segundo más para alcanzar una policromía imposible, de esas a las que muchas bandas necesitan dedicarle toda una discografía. De este modo nos encontramos con ocho temas comedidos en su extensión pero exuberantes en su contenido, más cercanos al concepto de «canción» y al mismo tiempo decididos a expandir sus barreras, llevándote por el camino a un carrusel de emociones de verdadero vértigo. Esa cercanía al concepto de canción viene también de la mano de una mayor presencia vocal, destacando la labor de Rubén y la colaboración de un inmenso Pablo Riveiro que es capaz de exhibir la misma versatilidad con su garganta y entrañas que el resto de la propuesta sonora de la banda, pasando de la guturalidad (Planetaka) al poderío crooner (32) con una facilidad simplemente pasmosa. Muy difícil es encontrar a una banda capaz de recordarte a los Radiohead más minimalistas en Wilda para acto seguido soltarte una Planetaka que es lo que ocurriría si Cynic hubieran viajado del Jazz al Death Metal y no al revés, o de facturar una 32 que en otros tiempos hubiera llenado casinos de Las Vegas, sin olvidar la actualización del barroquismo pop de bandas míticas como Kaleidoscope que lleva a cabo Mr Kite. Los Cró! de Onkalo y su debut homónimo aparecen en joyas como la instrumental Cibercibs o la preciosa Caliope, además de una fugaz Silbar de Grifo que cierra la función dejándonos con la sensación de haber asistido a un sueño. El sonido conseguido en los Estudios Brasil es pura artesanía analógica, una acogedora combinación de cercanía e infinitud que tuvo su masterización en los Golden Mastering de California, y que completa a la perfección la grandeza compositiva que atesora el disco. Comparaba al principio las similitudes entre Cró! y Thomas Pynchon, pero una de las principales diferencias entre los gallegos y el estadounidense es que los primeros lejos de escudarse en un hermético anonimato exhiben uno de los directos más intensos y especiales que uno pueda vivir hoy día, y que con este material entre las manos puede echar abajo más de una sala. Por eso yo no me perdería ni un disco como éste ni su gira de presentación, pues estoy seguro que ambos os supondrán alguno de los momentos más especiales de este 2014. Seguro como de mi renovado amor por las peras.

Pera recoge el fantástico bagaje de Cró! y lo eleva a un nuevo nivel, uno donde las composiciones se redondean pero al mismo tiempo alzan el vuelo con miras más elevadas, y que hacen de todo intento de categorización un imposible. Porque ni el Jazz, ni el Rock Progresivo ni los escorzos matemáticos pueden asir una propuesta que mora mucho más allá del análisis sesudo, donde viven las locas fantasías…

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Reseña invocada por CTHULHU.