CULT LEADER – A Patient Man (2018)

DEATHWISH INC.

Alrededor del hombre no hay más que tinieblas, todo está vacío.

Gustave Flaubert – Memorias de un loco

Soy una de esas personas que sintieron profundamente la desaparición de Gaza, y más teniendo en cuenta aquel último regalo que nos hicieron con No Absolutes In Human Suffering (2012). Un trabajo a caballo entre el Metalcore y el Grindcore que supuraba mala hostia y una profunda rabia política, dos factores que  convergían en un disco simplemente demoledor. Poco después su vocalista Jon Parkin fue acusado de violación, generando tales tensiones internas que el resto de la banda decidió poner punto y final a Gaza para volver a la carga (ya sin Parkin y con el bajista Anthony Lucero reconvertido a cantante) con Cult Leader, un nuevo proyecto que desde el principio marcaba distancias con el pasado y daba una nueva vuelta de tuerca a su furibunda visión del Hardcore. En 2015 veía la luz su debut Lightless Walk, un disco producido y editado por Kurt Ballou (Converge) a través de su insigne sello Deathwish Inc. y que ponía todo el hype por las nubes merced a once temas de pura densidad colérica, con unos niveles de saturación sonora estratosféricos y no pocos guiños a maestros en esas lides como los seminales Integrity o compañeros de viaje como Trap Them o All Pigs Must Die.

A Patient Man (2018, Deathwish Inc.) es el sucesor espiritual de Lightless Walk, pero consciente de que todas las miradas y comentarios iban a ir dirigidos a comparar la nueva criatura con el revuelo causado por su predecesor, Cult Leader han movido las teclas suficientes para que sea valorado por su propios méritos y, de paso, abrir un abanico nuevo de posibilidades de cara al futuro. Estamos ante un disco más oscuro y versátil que su predecesor, siendo capaz de triunfar tanto a altas velocidades como desenvolverse a las mil maravillas cuando se acerca al Sludge más denso y cabrón, regalándonos de paso alguna sorpresa cercana a ese sonido americana/gótico tan en boga hoy día gracias al buen hacer de artistas como Chelsea Wolfe. 

A Patient Man es uno de esos trabajos que a pesar de hacer gala de una brutalidad primaria se erige sobre un andamiaje tremendamente complejo, sobre todo en casos como la de la inicial “I’m Healed” o “Isolation In The Land Of Milk And Honey” que muestran el dominio de las tensiones de los mejores Converge junto a la pegada crustie de Trap Them. Apoyados en la pirotecnia percutiva de Casey Hansen (menuda evolución la suya) y un Mike Mason cuya labor guitarrera es más versátil que nunca, es Anthony Lucero el que acapara los focos con un despliegue vocal de esos en los que la técnica queda sepultada por toneladas de pasión, peinándote la raya a un lado en la citada “I’m Healed” mientras vocifera “I was born to become a black hole / In a blue sky / Please heal me / Please heal me / Please / Please“. El Grindcore caótico que elevó a Gaza a una entidad de primer orden reaparece en misilazos como “Craft Of Mourning” y “Aurumn Reclusa”, tomando la forma de una lluvia de hostias encapsulada en composiciones de menos de tres minutos y que suponen los momentos más anfetamínicos de un trabajo que sólo da respiro en su tramo medio merced a la gran sorpresa de A Patient Man. Hablo de “To: Achlys”, “A World Of Joy” y “A Patient Man”, el acercamiento de Cult Leader al universo de Dead Can Dance y que lejos de suponer un coitus interruptus en mitad de la tormenta complementa a la perfección la oscuridad y tristeza que empapan el álbum, amen de suponer un movimiento tremendamente valiente para una banda que podría vivir cómodamente instalada en los registros más agresivos. El maravilloso cierre final con “The Broken Right Hand Of God” hace acopio de todas las virtudes anteriormente mencionadas siendo capaz de combinar de manera superlativa agresividad y melancolía, recordando a bandas como Oathbreaker y dejando al oyente en un estado de relax post-coital . La producción de Kurt Ballou, de nuevo, brilla al dotar al disco exactamente de lo que necesita, haciendo hincapié tanto en su lado más “crujiente” como en la densa negrura que es capa y bandera de un A Patient Man que se cuela entre lo mejor del año justo cuando éste se dispone a exhalar su último aliento.

El segundo álbum de Cult Leader justifica todo el hype creado alrededor de los de Utah además de confirmarles como una fuerza de primer orden dentro del terrorismo sonoro internacional. Crust, Grindcore, Dark Wave y cuanto les sale de los huevos al cuarteto son sometidos bajo el poder gravitatorio de una propuesta que tan sólo le rinde cuentas al agujero negro alrededor del cual orbita.

NOTA: 9/10