DØDHEIMSGARD – A Umbra Omega (2015)

En aquellas revoluciones, la resurrección de los muertos servía, pues, para glorificar las nuevas luchas y no para parodiar las antiguas, para exagerar en la fantasía la misión trazada y no para retroceder en la realidad ante su cumplimiento, para recuperar el espíritu de la revolución y no para evocar su espectro.

K.Marx – F.Engels, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”

 

Formados por el multinstrumentista Vicotnik (Yusaf Parvez) como proyecto paralelo a los imprescindibles Ved Buens Ende, con el tiempo  Dødheimsgard (conocidos también como DHG)  han destacado por sus propias y fascinantes virtudes, llegando a coronarse como una de las grandes bandas de avant-garde de Noruega junto a compañeros de viaje tan referenciales como Arcturus, …In The Woods o Ulver. Forjando una carrera nacida con dos obras descomunales como fueron Kronet Til Konge (1995) y Monumental Possession (1996), donde el Black Metal se empapaba de oscuras melodías y una interpretación vocal desgarradora, no fue hasta 666 International (1997) que el genial eclecticismo de Yusaf Parvez explota añadiendo a esa base elementos electrónicos, contundencia industrial y una visión musical tan indefinible como inequívocamente vanguardista. A Umbra Omega (2015, Peaceville Records) marca un paso más, si acaso el definitivo, en esta travesía por la excelencia demente, contando además con el regreso del “hijo pródigo” Aldrahn (Thorns, ex-Zyklon B…) a las voces y con Vicotnik de nuevo encargado de todas las labores creativas y de producción (la banda la completan el batería Sekaran, el bajista L.E. Maloy y el guitarrista Thunberg).

No titubeo al calificar A Umbra Omega como el mejor trabajo hasta la fecha de DHG, lo cual habida cuenta del nivel cualitativo en el que siempre se han movido los noruegos lo coloca como una obra simplemente excepcional, genial muestra de todas las virtudes y elementos que el quinteto ha ido sumando a lo largo de dos décadas. Casi como si se tratase de una versión madura y mejorada de 666 International, A Umbra Omega lleva hasta límites impensables toda la impredecibilidad, barroquismo, dramatismo exacerbado y frialdad quirúrgica de aquella obra, invocando una criatura de un hipnotismo demente donde el oyente se sumerge en una especie de caos avasallador que recuerda a ese ciego impulso de creación y destrucción que H.P. Lovecraft definió tan genialmente en la figura de Azathoth. Y es que sólo una visión por encima del primario y banal raciocinio humano podría concebir una obra donde los blast beats maratonianos y las guitarras glaciales del Black Metal copulan con el Metal Industrial, piezas de piano, trompetas erráticas y perturbadoras y pasajes de una falsa calma preñada de tensiones, todo ello coronado por un Aldrahn simplemente aterrador en su papel de chamán poseído por negras visiones del futuro. Pura vehemencia que hace olvidar a un Kvohst (Hexvessel, Beastmilk, ex-Code…) que aunque más dotado técnicamente jamás alcanzó los niveles de pasionalidad dramática de los que hace gala el noruego. 

Tan sólo escuchando la inicial y acojonante Aphelion Void (precedida de la intro The Love Divine) ya nos tenemos que quitar el sombrero por la manera en la que Vicotnik consigue gestionar el legado de Ved Buens Ende, tomando de éstos elementos formales como las disonancias guitarreras o una sección rítmica enamorada del jazz pero desarrollando su propia idea donde el peligro de desbordamiento a causa de la libertad absoluta de estructuras es salvado por unas progresiones que aunque inasibles y mutantes cumplen su cometido a la hora de cementar tamaño conjunto de geniales despropósitos. Más allá de estúpidas etiquetas como “Post” que intentan inflar con palabras lo que la música no es capaz por sí misma, DHG consiguen con cortes como The Unlocking o Blue Moon Duel llevar a sus últimas consecuencias aquella idea que un puñado de talentosos jóvenes noruegos puso en marcha a mediados de los 90, y que ha resultado en una criatura completamente nueva y diferenciada, su fascinante visión y amalgama de géneros como el extremismo metálico, la ópera y el rock progresivo. Y lo más importante de todo es que aquí el eclecticismo no es un fin en sí mismo, la técnica simplemente una herramienta y la agresividad parte de un todo coherente en toda su indefinición, meras vías para la consecución de una idea que en A Umbra Omega brilla con la inquietante luz de aquello que se halla más allá del Velo de Maya. La realidad sin disfrazar, la Verdad despojada del filtro de nuestra limitada percepción, y más allá el Caos, partera y enterradora de todo lo que es. 

A Umbra Omega hunde en el fango cuanta obra de Post-Metal o Neo-Prog salga a su paso, pues sin necesidad de pomposos prefijos conforma uno de los trabajos definitivos dentro de esa visionaria corriente nórdica abanderada por Ved Buens Ende, Arcturus o Solefald y cuya meta no es sino expresar en clave sonora el bullente caos de la existencia. Dødheimsgard  no han dudado en pervertir la Ópera, el Progresivo, el Metal Industrial, el Free-Jazz o el Black Metal para tamaña empresa, obteniendo como premio no sólo su mejor trabajo, sino una de las obras referenciales dentro del Avant-Garde extremo, si es que se puede concebir una vanguardia que no estire las posibilidades hasta sus últimas consecuencias. Simplemente una obra maestra.