DRUG HONKEY – Cloak Of Skies (2017)

¿Ven con qué facilidad todo se desvanece? ¿Cómo se derrumba ante una ficción más poderosa?

Alan Moore – Providence: Lo Innombrable

En la era de la sobreinformación es muy complicado encontrar artistas que aún moren en las tinieblas, secretos cuyo descubrimiento implican una búsqueda previa, el conocimiento de ciertas señales y los pasos concretos a seguir para arribar en los sanctasanctórum de determinados géneros. Los inclasificables Drug Honkey son uno de esos secretos, una banda con casi dos décadas de carrera, una discografía poco menos que prodigiosa y una trayectoria siempre sumida en los subterráneos más profundos del extremismo metálico internacional. Y es que el cuarteto de Chicago, liderado por el batería B.H. Honkey y el vocalista y teclista Honkey Head, siempre han nadado contracorriente merced a una propuesta por un lado demasiado adelantada a su tiempo, y por otro poseedora de un ADN tan exótico que pillaba a la mayoría del personal a contra pié con sus imposibles maridajes entre Doom, Death Metal, Industrial y Psicodelia. Sin embargo algo me dice que estamos al final de ese ostracismo, con un Cloak Of Skies (2017, Transcending Obscurity Records) por fin situado en una época merecedora de la grandeza de los estadounidenses y repleto de colaboraciones de relumbrón como Justin K. Broadrick (Godflesh, Jesu) y Bruce Lamont (Yakuza, Corrections House), sin olvidar el fabuloso artwork de Paolo Girardi (Inquisition, Chthe’ilist).

Un servidor, que hasta ahora consideraba a discos como Death Dub o Ghosts In The Fire monumentos de una grandeza poco menos que insuperable, se tiene que volver a quitar el sombrero ante la nueva entrega de Drug Honkey, su mejor álbum hasta la fecha y me aventuraría a afirmar que una obra maestra que perdurará como ejemplo alucinante de la elasticidad de las fronteras dentro del Metal Extremo. Cloak Of Skies es un disco a trabajar por el oyente, tremendamente celoso de unos tesoros que esconde tras una muralla de simpleza monolítica muy deudora tanto de Godflesh en sus derivas más industriales como de Disembowelment en sus momentos puramente abisales, densidades sofocantes que sin embargo distan mucho de ser las únicas protagonistas de esta grotesca maravilla sonora. También encontramos momentos en los que el cuarteto muta en unos OM borboteantes, su trascendencia retorcida en cósmicas fosas sépticas de la talla de (It’s Not) The Way y Cloak Of Skies (con el saxo del gran Bruce Lamont), valedoras de una negrura infinita de la que no querrás salir en lo que te queda de puñetera vida. El aparente minimalismo se despliega con numerosas facetas de terrorismo abrasivo, caso de la inicial Pool Of Failure (que vuelve a aparecer al final remezclada por el mismísimo Justin Broadrick) o una Sickening Wasteoid que es pura lija malsana, ejemplo maravilloso de lo que se puede construir a golpe de tectónica, noise y las intensiones más aviesas. Aunque la joya de la corona es la ciclópea The Oblivion Of An Opiate Nod, compendio de infinitos matices incubados en un útero cancerígeno, cercana al Funeral Doom pero dotada de un vulcanismo que la dota de una personalidad propia inconfundible, y lo más parecido a imaginar un dios lovecraftiano siendo engullido por el poder gravitatorio de un agujero negro. De lejos entre lo mejor que vayas a escuchar este año. O en tu patética existencia. Para los amantes del headbanging también hay plato en el menú, cortesía de una Outlet Of Hatred que es lo más cercano a un hit que Drug Honkey hayan grabado nunca o lo vayan a hacer jamás, y que es gloria bendita para los amantes de los latigazos cervicales y los adoradores de innombrables entidades cósmicas, tal es el carácter lisérgico de un disco que podrían haber grabado Hawkwind de haber alegrado sus fiestas con bebés muertos y relatos de Ligotti. Y así, en 50 minutos, vuela el que es firme candidato a disco del año, un coloso de brillos enfermizos e inclasificables que saca a los estadounidenses del ostracismo lo justo para plantarte una hostia en toda la cara. Sí, joder.

Parecía imposible, pero Drug Honkey se superan entregando su mejor disco hasta la fecha con otra obra maestra inclasificable, pútrido y borboteante caldo sonoro en el que flotan el Doom, el Death Metal, la Psicodelia y el Industrial, y tras el que subyace un cosmos abominable y malignamente inútil. Una pasada.

Reseña invocada por CTHULHU.