EA – A Etilla (2014)

«Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer»  

Antoine de Saint-Exupéry – El Principito

En este mundo actual saturado de información, foros y enciclopedias virtuales, la existencia de una banda como Ea es todo un rara avis. Sumidos en el más inescrutable de los misterios, poco o nada se sabe de ellos más allá de su nacionalidad rusa, e incluso eso tampoco lo podemos afirmar. Que su militancia sonora se adscriba al Funeral Doom, la temática de sus composiciones a antiguas civilizaciones y que canten en «un idioma muerto recreado de acuerdo con el estudio arqueológico» no hace sino aumentar ese aura enigmática y arcana que les acompaña desde que se dieron a conocer al mundo de la mano de Ea Taesse (2006, Solitude Productions). Ocho años y cuatro discos después el misterio sigue mostrándose opaco, pero por el camino se ha convertido además en uno de los grandes valores dentro de un género donde el inmovilismo y el peso de los clásicos no hacían nada fácil su ascenso. A Etilla (2014, Solitude Productions) viene a confirmar no sólo su estatus, sino también la capacidad de su ciclópea propuesta de evolucionar como las placas tectónicas. Imperceptiblemente, pero con una fuerza colosal.

 

Al igual que su anterior largo homónimo (es su compañero conceptual), A Etilla se compone de un sólo tema rondando los 50 minutos de duración, a priori un ladrillo pero que deviene en una de las experiencias más poderosas, evocadoras y bellas que vayas a escuchar este año. A diferencia de las bandas de Funeral Doom más ortodoxas, cuyas composiciones se cimentan sobre tempos largos e incluso larghissimos, Ea han conseguido en su última etapa pisar algo más el acelerador (siempre para los estándares del Doom más abisal, donde un andante es velocidad hiperlumínica…) sin que el conjunto se resienta, consiguiendo aumentar la gama de sensaciones que experimenta el oyente. Así, además de la melancolía, ensoñamiento y subyugación propia de los ritmos que languidecen alrededor de los veinte golpes por minuto, nos encontramos con el hálito vital de los ritmos más cercanos a la norma, como si la banda rusa no sólo quisiera mostrarnos los ajados vestigios de civilizaciones pasadas sino también retrotraernos a su grandeza, algo que consiguen gracias a su sobrehumano dominio de las dinámicas. Bien mirado no es algo muy extraño teniendo en cuenta que el género es hijo bastardo del Death Metal (caracterizado por sus aparentemente azarosos cambios de ritmo), pero A Etilla muestra una fluidez y transiciones perfectamente engrasadas por las que matarían el 99% de bandas de Post-Rock. De este modo podremos diferenciar los tres movimientos en que se divide la composición, engarzados con maestría a través de dos puentes más bellos y épicos que ver morir el Sol y que nos llevan en volandas a través de los siglos en un viaje único, casi una hora que muta en susurros de dioses hace mucho olvidados, y que a través de Ea recuperan por un momento la grandeza de antaño. Más allá de los golpes de metrónomo nos encontramos con un fastuoso vergel de recursos y matices, desde preciosas melodías guitarreras a cánticos corales pasando por unos omnipresentes teclados que estiran el aura del álbum hasta los límites del esoterismo, todo ello sin olvidar los poderosos guturales reminiscentes del Death Metal y una épica capaz de poner literalmente los pelos de punta. El conjunto en acción nos muestra un tapiz ciclópeo, casi barroco en comparación con el libro de estilo del género, por momentos luminoso y bello, y que nos habla de una banda capaz de replantear los postulados del Funeral Doom sin traicionar su esencia vasta e hipnótica, ni tampoco su marcado carácter enigmático. Esa evolución también es consecuente y respetuosa con su propio legado, elevando a la enésima potencia tanto las atmósferas de su debut como la luz que impregnaba el redondo Au Ellai, y con una mejora en la producción que por fin hace justicia a la obra de Ea. En definitiva estamos ante otro disco superlativo de los rusos, puede que su mejor ejercicio hasta la fecha, pero que sorprendentemente nos sigue mostrando a una banda con capacidad para llevar a su criatura sonora hasta límites aún más elevados, tanto que servidor no los puede ni imaginar…

Ea han conseguido parir no sólo una obra descomunal con A Etilla, sino también mostrar que aún hay espacio para expandir el Funeral Doom más allá de sus aparentemente inamovibles fronteras, incluso exponerlo a la luz y admirar su melancólica belleza. Un doble mérito que corona a su criatura como uno de los mejores discos que el género nos haya regalado en el siglo XXI. 

SOLITUDE PRODUCTIONS

 

Reseña invocada por CTHULHU.