FUGAZI – Instrument (1999)

 




Continuamos con los documentales sobre música, y hoy toca uno muy especial, tanto por la factura del mismo como por la banda a la que está dedicado. Porque si algo se puede decir de un grupo como Fugazi es que, ante todo, son diferentes. Únicos en un planteamiento musical libre de cualquier corsé o atadura estilística, y diferentes por una filosofía respecto a su trabajo creativo y su relación con la industria (su no relación, de hecho) que les aleja de cualquier otra formación del planeta. Y es que no sólo hablamos de una de las bandas esenciales dentro de la historia del rock (más allá incluso del mérito de haber creado todo un género, el post-hardcore), sino de un discurso íntegro y coherente que demostró con los hechos y un éxito abrumador que era posible triunfar sin contar con ningún intermediario de la industria musical. Desde su propio sello Dischord, manteniendo férreamente los precios de CD’s y conciertos en unos niveles asequibles para el público, negándose a comercializar merchandising y rechazando dar entrevistas en grandes medios, Fugazi se convirtió en sinónimo de ética dentro de un negocio lleno de estrellas, acomodados y parásitos. Mientras se mantenían firmes en su propósito de ser los únicos dueños de su música, tuvieron tiempo de dejarnos por el camino una discografía única, inimitable, y en la que brillan obras maestras como Repeater (1990) o In On The Kill Taker (1993). Una historia de convicción, valentía y principios que continúa a día de hoy y que el documental a cargo de Jem Cohen tan bien retrató.
 
Jem Cohen
 
Eso sí, el que espere un bello documental clásico con un hilo temporal claro, momentos de emotividad y fragmentos de rebeldía pueril, que se vea Pearl Jam Twenty, que de eso tendrá rato largo. Un documental sobre Fugazi no podía ser algo así, debía ser diferente. Para ello el cuarteto de Washington llamó a su amigo Jem Cohen, reputado cineasta independiente autor de maravillas como Chain (2004), Lost Book Found (1996) o Buried In Light (1993). Amante de la música y en concreto de la filosofía DIY del punk, son probablemente sus trabajos en ese campo los que le han otorgado mayor notoriedad. De esta pasión nacen sus documentales Benjamin Smoke (sobre el cantante de la banda Smoke), el corto Lucky Three (centrado en los últimos años del genial y malogrado Elliot Smith) o el galardonado directo que filmó de The Ex.
 
 
Instrument recoge diez años de grabaciones (1988-1998) junto a Fugazi, tanto de directo como en la intimidad el cuarteto. Saltándose los convencionalismos y clichés del rock, Cohen se apoya en su habitual fórmula fragmentaria que sin seguir ningún hilo argumental claro refleja como nadie el verdadero espíritu y filosofía de una de las bandas más especiales que nos haya dado la música. Con ese estilo onírico, visual e hipnótico que tan bien maneja el neoyorquino, nos adentramos sin necesidad de palabras en la verdadera alma del cuarteto, en esos directos de set-lists improvisados y electrificantes, en esos enfrentamientos con los amantes del mosh o en las mágicas sesiones de grabación. Muy significativas también son las imágenes del público, que traslucen el respeto de banda y director por unos fans a los que tienen en cuenta como individuos y no como una masa sin rostro, anónima más allá de su presencia en los conciertos. Y cuando la cámara penetra en la intimidad del grupo no vemos dilemas existenciales, dramatismos ni épicas, sino a cuatro tíos representando lo que debería ser un artista. Pura creatividad, un discurso político demoledormente bien articulado y amor hacia la música en estado puro, sin adulterar por la industria. Eso son Fugazi, nada más y nada menos, pero siempre diferentes. 
 
Fugazi y Jem Cohen