GHOST – Infestissuman (2013)

Hablar de los suecos Ghost es hacerlo de uno de los grandes fenómenos que ha dado el Metal en los últimos años, los únicos que junto a Kvelertak han conseguido dar ese salto a otras audiencias que muchos deseaban que llegara para reivindicar el género, y otros para descuartizar a la banda que osara cometer tamaña herejía contra la «ortodoxia» y la «pureza» del mismo. En el caso de Ghost el fenómeno es mucho mayor que el de los black’n rolleros noruegos, pues todo en ellos nos habla de una banda con la clara intención de comerse el mundo: desde el impactante aspecto y cuidado anonimato del Papa Emeritus II y sus Nameless Ghouls a una propuesta preñada de gancho añejo y descaradas melodías pop (no por nada han versioneado a los Beatles y ABBA), pasando por su fichaje por la todopoderosa Universal y las alabanzas recibidas por gente como Fenriz, Phil Anselmo o James Hetfield, el quinteto parece haberse convertido en la versión moderna de espectáculos andantes como el de Kiss o Alice Cooper. Si con su interesante debut Opus Eponymous (2010, Rise Above) ya estuvieron en boca de todos, Infestissuman (2013, Loma Vista-Universal) y su producción a cargo del archi-conocido Nick Raskulinecz (Foo Fighters, Deftones, Alice In Chains, Velvet Revolver) es el vehículo idóneo para llevar su satanismo kitsch hasta el último rincón del planeta.

¿Son para tanto estos tíos? Sí y no, y empezaremos por la negativa. No porque estamos a una banda que sin toda la parafernalia y los disfraces no hubiera generado ni la mitad de audiencia que lo ha hecho (esto estará también en el apartado positivo); no porque una vez disipado todo el humo y la pirotecnia nos queda una banda más de revival saqueando el libro de estilo de bandas clásicas y muy superiores como Blue Oyster Cult o Uriah Heep; no porque en su descarado salto al estrellato con Infestissuman han dejado atrás los pocos visos de misterio que tenían para convertirse en poco más que una parodia. Hasta aquí los puntos negros, veamos ahora por qué a pesar de todo hay que quererles y decir sí. Sí porque han devuelto al rock (no podemos hablar de metal, ya no, si es que alguna vez fue apropiado) ese aura de espectáculo más grande que la vida que desapareció en algún momento entre pelos grasientos y miradas torturadas; sí porque han solventado el problema de una propuesta dislocada por la disyuntiva entre abrazar el pop o hacer lo propio con el heavy, decidiéndose por la primera (esto tendrá partidarios o detractores, pero lo que es innegable es que Infestissuman es mil veces mas coherente y redondo que su predecesor); y lo más importante… sí porque estamos ante un disco que más allá de comparaciones y elementos externos contiene alguno de los temazos de gancho más inverosímil e infeccioso que vayas a escuchar este año. 

Manteniendo esa base que bebe del hard rock setentero y el aura irreal de la psicodelia sesentera, Ghost han impulsado hasta la predominancia los guiños de su debut al barroquismo pop de The Zombies, la multidemensionalidad edulcorada de The Left Banke o la omnipresente mano de The Doors, y me juego mis tentáculos a que en la colección de vinilos del sexteto hay más de un título de los Beach Boys (por no hablar de los Beatles). Hay mucho en Ghost de manifiesto a favor del rock como diversión, hecho que queda refrendado por una lírica de satanismo de patio de colegio que lejos de obrar en su contra pone la puntilla a una propuesta ante la que es imposible no aplaudir, como tampoco evitar la sonrisa en la final Monstrance Clock y su estribillo «come together, together as one/ come together for Lucifer’s son» adornado por sintetizadores y coros de iglesia. En el single Secular Haze aparece otra de las grandes influencias de los suecos, el grandérrimo King Diamond, para dar forma a una composición con el medidor de dramatismo disparado y un gancho prácticamente imposible de eludir. Year Zero te hará descojonarte incrédulo por la imposible mezcla entre imponentes coros heréticos y pop de sintetizadores, la banda sonora perfecta para montar una rave sobre las ruinas humeantes del Vaticano. Pero si un corte resume la desvergüenza y talento de estos tíos es Ghuleh/Zombie Queen, casi 8 minutos donde se dan de la mano ritmos surf, teclados ochenteros, trompetas rockabillys y alabanzas a sexys reinas putrefactas para regalarnos una de las grandes canciones de este 2013. No todo son flores,  pues la producción excesivamente limpia y mainstream resta parte del encanto añejo que exhibía Opus Eponymous, y cierta linealidad en la segunda recta del álbum puede llegar a cansar al oyente, elementos ambos que si bien no bastan para desmerecer Infestissuman si lo alejan de las aseveraciones de todos aquellos que ven en ellos poco menos que los nuevos mesías del rock.

Infestissuman es el salto de gigante de Ghost, y aunque no estamos ni de lejos ante una obra maestra sí que se trata de un álbum fascinante, divertido y lleno de talento transversal, una invitación a bailar guateques en honor al Maligno. Nada más, pero tampoco nada menos.

 

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Reseña invocada por CTHULHU.