GORGUTS – Colored Sands (2013)

Corría 1998, y el Death Metal se encontraba en una situación muy complicada. Tras convertirse en el género por antonomasia dentro del Metal Extremo y entrar en la década de los 90 como un torbellino de creatividad y poderío tuvo que ver como el favor del público y los sellos le daban de lado para beber los efímeros vientos del grunge y el metal alternativo, teniendo que regresar a la seguridad del underground para lamer sus heridas y plantearse el futuro. Una parte del estilo se enroscó sobre si mismo en busca de una mayor bestialidad, alumbrando el nacimiento de la rama más extrema de toda la familia: el Brutal Death Metal. El resto de bandas parecían desorientadas, tanteando tímidamente otras variantes o repitiendo los esquemas del pasado, y muchos se preguntaban si el tiempo del Death Metal efectivamente había tocado a su fin. Entre esas bandas se encontraban los canadienses Gorguts, autores de dos notables discos plenos de oscuridad y técnica en la línea de Suffocation y que vieron cómo de la noche a la mañana Roadrunner Records rescindía su contrato para abrazar los cantos de sirena del «nuevo metal». 5 años pasó su líder Luc Lemay rumiando la venganza, replanteando sus parámetros creativos y rodeándose de los talentos necesarios para llevar a cabo su tarea. Entonces llegó Obscura, y lo cambió todo. Recogiendo el legado de Death, Pestilence y Suffocation y llevándolo a nuevas cotas de oscuridad y complejidad, demostraron que no todo estaba dicho en el género dando el pistoletazo de salida para el renacer del Death Metal Progresivo (servidor prefiere esa etiqueta a la de Technical Death Metal) y, en general, del de una nueva forma de entender la música que también tuvo sus expresiones en otros campos como el del Hardcore (con titanes como Coalesce, Botch o The Dillinger Escape Plan). Los ecos de aquel disco se sentirían a lo largo del nuevo siglo, tanto en las bandas más apegadas al clasicismo del subgénero (caso de los germanos Obscura, que no hace falta decir de dónde sacaron su nombre) como en aquellos venidos para darle otra nueva vuelta de tuerca (Ulcerate o Deathspell Omega). Por eso cuando llegó la noticia de que Gorguts volvían a la carga tras su separación en 2005 (a causa del suicidio de su batería Steve MacDonald), los nervios y la expectación estaban por todo lo alto, mucho más al descubrir los nuevos escuderos que Lemay (voz, guitarra) había elegido para el nuevo disco: nada más y nada menos que Colin Marston (bajo) de Krallice y Dysrhythmia, Jevin Hufnagel (guitarra) de Dysrhythmia y el mago John Longstreth (batería) de Origin. Lo más granado del experimentalismo metálico unido para dar vida a Colored Sands (2013, Season Of Mist), un álbum con vocación de futurista pero con la inevitable carga de las comparaciones con el pasado.

Es muy difícil escuchar Colored Sands sin tener en cuenta el legado de discos como Obscura o el fantástico From Wisdom To Hate, pues es tanto su peso e influencia que las comparaciones se acaban convirtiendo en inevitables. Tanto es así que llegado el momento un servidor se descubrió ignorando el álbum y enfrascado en una racionalización de pros, contras y predicciones de futuro, conceptos todos ellos ajenos a mi manera de concebir y escribir sobre música, lo que me hizo mandarlo todo a la mierda y enfocarme única y exclusivamente en lo que tenía ante mí. Al conseguirlo me encontré ante un disco simplemente alucinante, 9 cortes con alguno de los momentos de mayor excelencia técnica y compositiva que uno pueda encontrar en el Metal Extremo. O en cualquier lado. Las primeras sensaciones son muy claras: nunca Gorguts habían sonado ni tan oscuros ni tan intrincados, demostrando que Luc Lemay puede ser el capitán indiscutible del navío pero deja el suficiente espacio a sus oficiales para que aporten su experiencia a la travesía. El sonido de Colored Sands les acerca también a sus grandes alumnos aventajados, los neozelandeses Ulcerate, sorprendiendo por una carga de furia y densidad sonora inédita hasta la fecha en Gorguts que habla mucho de la sintonía de la banda tanto con los tiempos que corren como por una evolución propia siempre acertada y coherente. Y evolución es la palabra clave cuando descubrimos una propuesta que a pesar de los éxitos pasados, las separaciones y cambios de formación, se nos muestra cambiada, crecida y, por qué no decirlo, mejor. Sí, mejor. Porque todos aquellos obtusos de mente que criticaban el supuesto exceso de pirotecnia de Obscura ahora tendrán más motivos para callar la boca, ya que van a encontrar muy pocos momentos (o ninguno) de onanismo técnico en Colored Sands y sí una amalgama indivisible entre barroquismo compositivo y destreza sobrehumana. Si la principal virtud de la banda siempre fueron una dinámicas enrevesadas y superlativas, ahora a ese pilar maestro le han sumado la cementación que proporciona una mayor densidad de sonido y una furia sorprendente para una banda con su trayectoria, algo a vitorear en un mundo donde los músicos tienden a «sofisticarse» con el paso de los años. Se nota que había muchas ganas de volver, y sobre todo de demostrar que siguen siendo los dueños de un trono con no pocos pretendientes de altura, pero que tras escuchar las primeras notas de la inicial Le Toit Du Monde quedan reducidos a un mísero puñado. Nadie en el planeta puede manejar como Gorguts ese maelstrom de disonancias, cambios de ritmo, poderío técnico e intensidad que conforma su esencia sonora, y que con Colored Sands adquiere tintes de verdadera humillación para el resto de mortales. Como decía que nadie espere una repetición de victorias pasadas, aquí hay muchas novedades, y todas sumando en positivo. Una de las más gratas es ver como el señor Lemay ha estado profundizando en las posibilidades de su guitarra de siete cuerdas, y tirando de graves conseguir crear unas atmósferas que antes no formaban parte del juego y que hacen de su nueva criatura no un pavor abstracto sino perfectamente corpóreo y con la capacidad de engullir y transportar al oyente a lo más profundo de sus entrañas. Esto queda claro en barbaridades como An Ocean Of Wisdom o Absconders, lo más parecido a ser absorbido por un agujero negro, aplastado y vuelto a recomponer en una dimensión donde las leyes físicas obedecen tan sólo a los caprichosos designios de la máxima entropía. Las sorpresas no paran aquí, y uno tiene que abofetearse para confirmar que no está soñando al escuchar The Battle Of Chamdo, un corte ominoso y enteramente sinfónico que deja al oyente inquieto aunque le de tiempo a recuperarse, como un breve periplo por el engañosamente tranquilo ojo de una tormenta. Y esa tormenta es de cojones, cortesía también de unos Colin Marston y Kevin Hufnagel que al pasar por el filtro creativo de Lemay han descubierto que la hiperactividad polirrítmica de Dyshrythmia no tiene por qué estar reñida con la coherencia compositiva. Del mismo modo ese mago de la batería ultraterrena que es John Longstreth ha encontrado la autopista perfecta para conducir su bólido percutivo, poniendo la guinda perfecta a esa galáctica unión de talentos y destrezas. Y lo más importante de todo es que a pesar de toda esa exhuberancia creativa y de toda la imaginería técnica, uno tiene la certeza en todo momento de que se encuentra ante un álbum de Death Metal, con toda su bestialidad y oscuridad inherentes, más allá de la habitual sensación en estos casos de estar ante unos metaleros alardeando de cualidades o queriendo ser otra cosa. Es complicado resumir las virtudes de un disco que despliega matices y sensaciones nuevas con cada escucha, y mucho más cuando un servidor lleva tan sólo una semana empapándose de ellas, pero si en tan poco tiempo ya tengo la sensación de que estoy ante el más que probable disco del año dudo mucho que el paso de los meses vaya a debilitar mi opinión sobre el mismo. Todo lo contrario, estoy convencido que en Diciembre tanto servidor como medio planeta ya estaremos rendidos al poder subyugador de una banda que sencillamente juega en otra liga.

Más allá de comparaciones e independientemente del impacto que tuviera Obscura en su momento, Gorguts acaban de demostrar que son capaces de seguir pariendo verdaderas obras maestras de vanguardismo extremo. Y es que Colored Sands es un trabajo que mira al futuro, una criatura que suma a sus imposibles escorzos técnicos y compositivos la savia nueva de una oscuridad e intensidad inéditas hasta la fecha en los canadienses. Ellos lo cambiaron todo en 1998, y 15 años después siguen cabalgando las olas de su impacto sobre la escena. El trono aún les pertenece.

BUY IT!!! (Season Of Mist)

OFFICIAL WEBSITE

 

Reseña invocada por CTHULHU.