GRAJO – Slowgod II (2018)

 Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud

Jorge Luis Borges – El Aleph

En una escena musical tan efervescente en los últimos años como la andaluza, la irrupción en 2015 de los cordobeses Grajo brilló con luz propia merced a una propuesta tan personal como cautivadora, y tanto su debut homónimo como los splits que lanzaron junto a dos pesos pesados como Atavismo y Orthodox les situaron como una de las formaciones con más potencial dentro de la lisergia de corte más plúmbeo. No es de extrañar que su segundo álbum fuera uno de los más esperados de este 2018, y afortunadamente no nos han hecho esperar mucho para tener en nuestras manos un Slowgod II (DHU / Underground Legends / Spinda Records) que nos regala mucho más de lo que podríamos haber soñado.

Si su debut de hace tres años era un artefacto bello e hipnótico, Slowgod II se eleva por encima de aquel arribando en un espacio etéreo, cautivador, de límites desdibujados por la infinitud y al que sinceramente no le veo ningún competidor ni aquí ni fuera de nuestras fronteras estatales o planetarias. A pesar de encontrarnos en el espartano reino del Doom el paso adelante que Grajo han dado en el despliegue guitarrero es alucinante, plagando de sutiles matices su nuevo álbum y elevándolo a una categoría completamente nueva, obra y gracia de un Josef que despliega clase por los cuatro costados. Ahí están los arabescos de la inconmensurable Malmuerta para demostrarlo, que se conjugan con la contundencia stoner de Queen Cobra o el Doom de corte más épico en Altares, que recuerda muy gratamente a popes como Solitude Aeturnus. Erigido sobre un encofrado de puro cemento a cargo de Félix (batería) y Pistolo (bajo), esta sublime catedral sonora alcanza las estrellas gracias a la voz de una Liz ante la cual ya no me quedan adjetivos, y que da sopas con hondas al 99% de las (y los) vocalistas de esas bandas internacionales tan mimadas por los medios. Y es que lo que esta mujer despliega en cortes como Ǝr o la citada Altares pone los pelos de punta, y nos manda de cabeza al reino onírico desde el que emite el cuarteto cordobés, una paleta negra como suma de todos los colores y que nos habla de la Verdad oculta, de lo que no somos capaces de percibir pero late preñado con un Todo sublime y místico. Al contrario que muchas bandas del género Grajo no necesita más de 38 minutos para pegar el puñetazo en la mesa y mostrar su genial propuesta, encapsulando en un pequeño metraje una obra inmensa que debería abrirles las puertas de la escena internacional y que también sirve para demostrar el inmenso trabajo (no me podía olvidar) que el productor Raúl Perez lleva años haciendo en sus mágicos Estudios La Mina de Sevilla. Una conjunción de talentos excepcionales que nos han regalado tan pronto como en Enero uno de los grandes contendientes a disco del año. 

Más allá del Doom existe un reino donde las arenas del tiempo se desdibujan, se difuminan los contornos y sólo existe la Magia, entendida ésta como el más elevado acto creativo. Es en ese reino donde habitan Grajo, que con Slowgod II han parido uno de los trabajos más bellos y cautivadores que un servidor haya escuchado en muchísimo tiempo. Una banda a la que no se le vislumbran límites.

Reseña invocada por CTHULHU.