IGORRR – Savage Sinusoid (2017)

Creo que no recuerdo mucho. Música, quizás. Una música extraña. ¿Había un cuchillo? ¿Un hombre con un cuchillo?

Grant Morrison – Doom Patrol

 

Desde que debutara en 2008 con aquella sorprendente joya que fue Moisissure, Igorrr (proyecto del genio galo Gautier Serre) se ha convertido en uno de los fenómenos más alucinantes, inasibles y transversales que el underground haya conocido en muchísimo tiempo. Bebiendo de absolutamente todas las fuentes que puedas imaginar (y cuando digo todas, es TODAS), el universo creativo del francés es una demente travesía a través del metal, el industrial, la electrónica y el folk con la quinta marcha metida y muchas sinapsis cerebrales jodidas. De ahí que muchos flipáramos con el anuncio de su fichaje por Metal Blade, uno de los grandes sellos metálicos pero también de los más conservadores a la hora de apostar por bandas fuera de los tradicionales etiquetados. De ese extraño maridaje ha nacido Savage Sinusoid, cuarto trabajo de Igorrr y otra joya de imposible exuberancia.

Savage Sinusoid es una oda a la pura libertad creativa, como un jardín indomable donde todas las plantas del planeta crecen una sobre la otra sin más intención que llegar a tocar el cielo lo antes posible. Sin embargo no cae el señor Serre (acompañado por el batería Sylvain Bouvier, la cantante de ópera Laure Le Prunenec y el también vocalista Laurent Lunoir) en el mero pastiche, y dinamitando la barrera entre forma y fondo crea un todo siempre cambiante y brutalmente divertido en toda su esquizoide genialidad. Muchas son las conexiones que se pueden intuir escuchando los once trallazos que componen el álbum, desde las más evidentes con los primeros Strapping Young Lad por su amalgama de extremismo metálico e industrial o con Arcturus por su circense acercamiento al Avant-Garde, a otras que no lo son tanto como el EBM, los sonidos de 8-bits o el folk balcánico de Emir Kusturica (brutal mixtura en el corte Houmous, uno de los hits del año). Incluso la unión más peligrosa (por lo fácil que es caer en lo hortera con mayúsculas), la del Metal con la Ópera y el Neoclásico, la solventa Igorrr gracias a un buen gusto sobrenatural y a la impresionante labor vocal de la señorita Le Prunenec que brilla especialmente en temas como Au Revoir o Problème d’émotion, composiciones donde el álbum permite coger aire al oyente entre tantas hostias venidas de todos los lados. También estelar es la colaboración de Travis Ryan, vocalista de los todopoderosos Cattle Decapitation y que en Cheval (también aparece en Apopathodiaphulatophobie y Robert)  se alía con acordeones y bases electrónicas para moldear una de las cosas más inexplicables y divertidas que te vayas a echar a la cara en años. Un monumento merece también Hervé Faivre, ingeniero de sonido encargado de encajar toda este miríada de elementos y darle una salida cristalina y al mismo tiempo con una pegada de cojones, en un trabajo que tiene pinta fue toda una orgía tanto en su composición como en la grabación. No me viene a la mente otro disco capaz de abrazar tamaño surrealismo vanguardista al mismo tiempo que retener unos niveles de diversión al nivel del más redondo disco de rock’n roll, y sólo por eso Gautier Serre se ha ganado toda mi puñetera admiración y la firme promesa de gritar a quien quiera escucharme (y a quien no quiera también) la grandeza de su genio.

Si eres capaz de imaginarte viendo a Devin Townsend en una peli dirigida a medias entre Luc Besson y Emir Kusturica mientras tu vecino de arriba pone EBM a toda pastilla, estás cerca de quedarte tonto pero también de acercarte a la propuesta de Igorrr, que en su cuarto trabajo revalida su estatus como uno de los grandes genios del underground internacional. Puro barroquismo demente dando forma a uno de los grandes discos del año.

Reseña invocada por CTHULHU.