IMMORTAL BIRD – Thrive On Neglect (2019)

20 BUCK SPIN

4.28 Y no seáis ingenuos. No habrá indulto.

JEHOVÁ EN GUERRA – ROBERT DE GRIMSTON

Hay bandas que desde su nacimiento muestran una propuesta acabada y sin fisuras, mientras que otras necesitan madurar algo más la alquimia que se traen entre manos, mover piezas e ir descubriendo cómo arribar en el sonido al que estaban destinados. Ese es el caso de Immortal Bird, cuarteto de Chicago liderado por Rae Amitay (ex-batería de Woods Of Ypres) que en su segundo trabajo Thrive On Neglect (2019, 20 Buck Spin) han cuadrado el círculo entregando no solo un álbum infinitamente superior a su debut, sino también un llamamiento a ser tenidos en cuenta como una de las bandas más prometedoras del terrorismo sonoro internacional. El Sludge crustie y los guiños al Black Metal siguen estando ahí, pero ahora los estadounidenses exhiben una propuesta muchísimo más poliédrica, exuberante y, por momentos, muy personal.

El primarismo con el que vinieron al mundo Immortal Bird ahora ha dado paso a un maelstrom de guitarras clínicas y escorzos compositivos, algo a lo que ha ayudado la incorporación de un versado en las lides técnicas como es Nate Madden, acercando Thrive On Neglect a los fértiles y siempre influyentes terrenos de Voivod y su miríada de hijos bastardos. Lo interesante del segundo disco del cuarteto es la manera en que han engarzado sus abrasivos cimientos con sus nuevas herramientas compositivas, resultando de esa amalgama un Black/Death Metal tremendamente heterodoxo y dinámico. De ello que dan cuenta misilazos como «House Of Anhedonia» y «Vestigial Warnings», a través de los cuales el disco se dispara hasta la estratosfera a las primeras de cambio y que suponen los momentos más confrontacionales de una travesía que no se detiene ni para echar una meada. En «Avolition», el corte más extenso de un disco relativamente moderado en sus metrajes, Immortal Bird se muestran como el fruto de la unión a tres bandas entre Gorguts, Voivod y Oathbreaker, todo un vergel compositivo donde explota todo el potencial de la banda y avisa de los triunfos por venir en el futuro. «Solace In Dead Structures» se toma su tiempo en arrancar, pero a la que mete la quinta te peinan la raya a un lado a golpe de furia blacker y riffs quebrantahuesos en el que es, sin lugar a dudas, el tema con más gancho del álbum. «Quisquillian Company» le sigue muy de cerca por su poder infeccioso, antesala perfecta para ese cierre descomunal con «Stumbling Toward Catharsis» donde de nuevo vuelve a aflorar la línea genealógica que une a Voivod y Gorguts pero atiborrada aquí de anfetaminas y de una furia vocal acojonante cortesía de la señorota Amitay, imperial durante los poco más de 35 minutos que dura Thrive On Neglect. Y ese sería el único pero que podría ponerle al álbum, su corta duración, aunque a la vista de su perfecta redondez solo queda postrarse ante el que es por méritos propios una de las grandes sorpresas de lo que llevamos de año.

Ellos se difinen como «Crusty blackened proggy deathgrind», y aunque todos esos elementos están en Immortal Bird, resumiremos diciendo que su segundo disco Thrive On Neglect es uno de los trabajos de terrorismo sonoro más dinámicos, redondos e infecciosos del año. Canela en rama, señoras.

NOTA: 9/10