IMPERIAL TRIUMPHANT – Vile Luxury (2018)

Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido.

Ciudad de Cristal – Paul Auster

Nueva York, la ciudad de las múltiples caras. Por un lado tenemos el monolito, un altar como jamás viera el hombre al poder todopoderoso del Capital y el imperio que lo sostiene, y sus relatos de lujo indiferente entre altos torreones acristalados. También está la musa, centro de la creación artística, a veces hoja de parra de las vergüenzas del poder y otras, las menos, auténtico epicentro del potencial artístico en Occidente. Y por último el mendigo, una historia de injusticia social, degradación y odio, de perdedores que mueven sus pies al ritmo de jazz y rap, o se sacuden los complejos mediante un noise tan combativo como vanguardista. Es esa Nueva York poliédrica, esplendorosamente decadente, la que abraza el trío Imperial Triumphant para dar forma a una de las propuestas más interesantes dentro del extremismo de nuestra década, y cuya evolución desde un neoclasicismo blacker a la infinita amalgama de posibilidades sonoras que abrazan en la actualidad nos muestra a una banda con un potencial infinito para marcar su propio camino y, ya de paso, situarse a la cabeza del terrorismo sonoro de vanguardia. Así lo demuestra Vile Luxury (2018, Gilead Media), su tercer y más ambicioso disco en el que dinamitan todas las barreras, invaden territorios y con sus recursos levantan un monumento a las inagotables capacidades creadoras del ser humano.

Vile Luxury es opulencia, exuberancia, odio, bajeza y confrontación. O resumiendo y abrazando la teoría hegeliana, pura dialéctica. Pocos discos pueden presumir de reflejar con tanta magnificencia la unidad y lucha de contrarios que subyace a la lógica capitalista del nuevo siglo, un tour de force tan agotador como impresionante que aúna buena parte de las múltiples facetas del underground sonoro neoyorquino para moldear una propuesta única. “Nuestra ciudad es como el cuerpo de un gigante. Lo que una vez fue brillante, grandioso y espectacular ahora está lleno de gusanos codiciosos que se retuercen para alcanzar su cuota de “éxito”. Ni lo apoyamos ni estamos en su contra. Sólo tocamos los sonidos que escuchamos en la ciudad de Nueva York”. Así describe el trío en su nota de prensa lo creado en su nuevo disco, y aunque se acerca a la realidad no termina de describir la absoluta monstruosidad que supone la obra, pues más que un compendio de virtudes de la escena musical neoyorquina estamos ante un tapiz que abarca su idiosincrasia y, si me apuran, la de toda una época. Aquí la pompa y grandilocuencia, que recorren el disco de principio a fin, se muestran retorcidas, necrosadas y en metástasis, como los continuos cambios de un sistema, el nuestro, envenenado desde su nacimiento y cuyo motor sigue siendo el salvajismo inherente a nuestra especie aunque no se canse de bañarlo en el fino barniz del raciocinio y las transparentes togas de la civilización. Un análisis superficial podría llevar a comparar lo aquí creado con la satánica sofisticación de Deathspell Omega, pero mientras los galos exhiben una propuesta que en esencia se adscribe a la tradición europea más barroca, los estadounidenses optan por un acercamiento sonoro más poliédrico, arisco y desesperanzado, una encrucijada donde el Noise y el Free-Jazz se confabulan para vejar de manera inmisericorde a la vanguardia, contando con la colaboración de algunos de los nombres propios más interesantes del underground de la Gran Manzana (Will Smith de Artificial Brain, Yoshiko Ohara de Bloody Panda y Andromeda Anarchia de Dark Matters, entre otros). La estética de la banda hace guiños muy claros al expresionismo de Fritz Lang, y de él toma prestados su crítica al positivismo y su reflejo de la realidad como la más intensa de las vivencias, pero llevado a unos límites con el que jamás hubiera soñado la escuela artística alemana.  Y es que por el camino Imperial Triumphant no dudan en sumar a su arsenal el jazz de vanguardia, pudiendo escuchar en cortes como Cosmopolis (no es para nada casual la referencia a la obra de Don Delillo) referencias a popes como Coltrane o Thelonius Monk, si estos hubieran sido compañeros de juergas tanto de Suffocation como de John Zorn. Cortes como Chernobyl Blues hacen gala de un sencillez seductora e insana, en contrapunto a la pompa demente de barbaridades como Gotham Luxe, The Filth o Lower World, amalgamas definitivas y totalitarias entre Free-Jazz, Noise, Neoclasicismo y Metal Extremo, y que más allá de un mero ejercicio formal se erigen de tan vanguardistas en enterradoras (al fin) de un humanismo que nos ha llevado a este atroz callejón sin salida. Vile Luxury pedía a gritos un productor a la altura de tamaña magia compositiva, y el gran Colin Marston (Gorguts, Krallice, Dysrhythmia…) lleva a cabo uno de los mejores trabajos de toda su excelsa carrera siendo capaz de recoger tanto el crudo primarismo del disco como ese barroquismo cubierto de óxido y hollín que conforman su amedrentador andamiaje sonoro. El colofón apropiado para un disco tan visionario que dinamita la mismísima concepción de vanguardia, y que muestra (una vez más) las infinitas posibilidades de un Metal Extremo que sigue dejándonos con la boca abierta.

Abrazando al mismo tiempo a John Zorn y Deathspell Omega, a Don Delillo y a Fritz Lang, Vile Luxury supone el más fascinante y atroz lienzo jamás compuesto a nuestros días, una obra donde el Noise, el Free-Jazz y el Metal Extremo rinden pleitesía tanto al underground neoyorquino como a las visiones más fatalistas de la realidad. Simplemente una de las obras de terrorismo sonoro más impresionantes del siglo XXI.

Reseña invocada por CTHULHU.