INDIAN HANDCRAFTS – Civil Desobedience For Losers (2012)

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Indian Handcrafts han venido para comerse el mundo. Ya lo avisé hace unos meses cuando reseñé su debut autotitulado del año pasado (PINCHA AQUÍ), y su estreno para el insigne sello Sargent House (hogar de luminarias como Boris, Red Sparowes o Russian Circles) no hace sino corroborar mis palabras. Y es que el dúo canadiense formado por Brandyn James Atkins (batería y voz) y Daniel Brandon Allen está quemando etapas a una velocidad de crucero, presentando una propuesta tremendamente fresca y original y que además se ve favorecida por unos compañeros de viaje de relumbrón, contando Civil Desobedience For Losers con la producción del gran Toshi Kasai (Melvins, Big Business, Altamont) y la ayuda en la labor percutiva de los dos baterías de los Melvins, Dale Crover y Coady Willis. Casi nada.

 

 

¿Y qué tenemos en el debut oficial de esta pareja de locos? Pues una amalgama desquiciada, ruidosa y pegadiza de géneros tan diversos como el stoner, el noise, el punk o el garage que queda cohesionada como el granito por la personalidad desbordante de la banda. Evidentemente las deudas con Melvins y Big Business están ahí, tanto por el grosor de los riffs como por la demencia ruidosa, pero a su vez los canadienses descartan la vertiente más alocada y aventurera de los citados para abrazar el gancho rockero de unas composiciones nacidas para mover pies e invocar contracturas cervicales. Aupándose sobre los triunfos de su primer trabajo autoeditado, del que toman prestados cuatro temas, Indian Handcrafts no necesitan más de 11 cortes y menos de 40 minutos para dar forma a uno de los discos rockeros más locos, furiosos y divertidos del año, derribando por el camino cualquier barrera estilística que se les ponga por medio. La inicial Bruce Lee es una sucesión de mamporros en forma de riffs vigoréxicos para mayor gloria del genio de las artes marciales, y que una banda como Torche mataría por poder añadir a su repertorio. Tras ella llega Red Action, rescatada de su anterior título y que sigo manteniendo es uno de los hits más molones que he escuchado en mucho tiempo. La única pega es que la canción ha sido regrabada y pulida, lo que en mi opinión le resta encanto al perder la esencia garagera de la original. Pero aún así sigue siendo un temón como la copa de un pino. La nueva cara le sienta mejor a Starcraft, otro de los cortes remozados para la ocasión y cuya cópula entre riffs de puro stoner y locura vocal se ve ahora favorecida por unas sonoridades espaciales que le sientan de maravilla. Basculando siempre entre lo plúmbeo de su pegada y la furia caótica de su espíritu la pareja se encuentra como pez en el agua, surgiendo de esa fórmula algunos de los grandes temas del disco, caso de Zombies, Terminal Horse o la espectacular Worms In My Stomach, todo un clínic de cómo mutar un tema pop en una criatura de obesidad mórbida y comportamiento demente. La vena punk de la banda se exhibe en el single Terminal Horse, redondísimo ejercicio de vitalidad ultravitaminada que sin embargo se niega a renunciar al gancho irresistible al que están abonados los canadienses. En Coming Home las similitudes con Torche se acrecentan, encontrándonos ante un corte casi perfecto, maridaje idílico entre poderío guitarrero y melodías del que es imposible no enamorarse perdidamente. Centauri Teenage Riot sigue golpeando como hace dos años y su riff mostrando la misma capacidad de machacar cervicales como el primer día que vio la luz, siendo el tema que probablemente más haga gozar a la parroquia adoradora de la pesadez cannábica. Truck Mouth es el único tropezón de Civil Desobedience For Losers, y no tanto porque sea una mala composición como por lo fuera de lugar que se siente una densa instrumental entre la vitalidad de la que hacen gala el resto de canciones. The Jerk hace olvidar la caída con su energía pop preñada de furibundo punk, y en menos de lo que canta un gallo te encuentras de nuevo moviendo la cabeza al ritmo que marcan Indian Handcrafts. Una simbiosis que desemboca en la final Lion At The Door entre alaridos y trote de pesado guitarrero, siendo la guinda ideal a un disco casi perfecto al que volverás una y otra vez para que te abofetee y te ponga las pilas.

No son tan retro como The Black Keys ni tan pop como Tweak Bird, pero algo muy extraño tendría que pasar para que una banda como Indian Handcrafts no esté copando portadas de revistas en un futuro cercano. Porque Civil Desobedience For Losers lo tiene todo para pegar el próximo pepinazo: actitud, energía, gancho, imaginación y una vitalidad desbordante. Simple y llanamente uno de los discos del año.

 

BUY IT!!! (Sargent House)

 

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