JOY DIVISION de Grant Gee (2007)

 



Nunca una banda hizo tanto con tan poco. Tan sólo dos LP’s bastaron a Joy Division para elevar un grito que aún hoy, 30 años después, sigue produciendo ecos y siendo señal inequívoca de modernidad, vanguardia y transgresión. No sé si eso habla muy mal de nuestro presente cultural o es una prueba de la inmortalidad del cuarteto de Manchester, pero lo que es indiscutible es la capacidad de su música para traspasar las barreras generacionales y continuar instalada en un lugar de preferencia en el corazón de todos los que amamos el rock en su concepción más amplia. Con este trabajo Grant Gee no solo facturó uno de los mejores documentales sobre música jamás realizados, sino que alcanzó el alma de un grupo, y de toda una época, demasiado recubierta de mitos e hipérboles, que aunque fruto de la pasión no hacían justicia a su verdadera dimensión cultural. Co-escrito por el mítico periodista y escritor Jon Savage (England’s Dreaming), Joy Division es un documental de obligada visión para todo buen melómano que se precie de serlo.



La historia muestra muy acertadamente la trayectoria del grupo no como un ente aislado, sino como resultado de un contexto histórico y social concreto, el de los grandes cambios que en Occidente, y más concretamente en Inglaterra, se dieron en los años 70. Anticipando el despertar del sueño hippie y la llegada de los oscuros 80, Joy Division  representaban el hambre de abrir nuevos senderos culturales por un lado, y por otro la influencia del deprimente y claustrofóbico Manchester post-industrial de la época. Un contexto que dio como resultado el nacimiento del post-punk incluso antes de que el punk llegara a su punto álgido, lo que nos habla de una banda muy por delante de sus tiempos. Desde el nacimiento del grupo en el 76 hasta el suicidio de Ian Curtis en 1980, seremos testigos de una evolución vertiginosa, pero como todos los procesos de desarrollo, tarumáticos, conflictivos y, en el caso que nos ocupa, de trágico desenlace. El documental nos ofrece un acercamiento sincero, descarnado, huyendo del mito o el sensacionalismo, y haciendo énfasis en una perspectiva de Joy Division como algo más que la plataforma de expresión de Ian Curtis, algo que quedó demostrado en la exitosa y posterior carrera del resto de la banda bajo el nombre de New Order. Y es a través de la humanización del mito, de mostrar sus defectos junto a sus indudables aciertos, como el ente cobra verdadera dimensión y se hace real, tangible y su influjo verdaderamente palpable. 


En definitiva nos encontramos ante un documento de imprescindible visionado, tanto por su valor histórico como por el ejemplo de las poderosas (a veces demasiado) fuerzas creadoras que laten en el interior del ser humano.