KING GIANT – Dismal Hollow (2012)

 

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Pues 2012 va arrancando, y parece que cada vez con más fuerza! Porque si ayer reseñaba el notable II de Black Pyramid, hoy toca lanzarse a por el segundo LP de este quinteto de North Virginia, que ya nos sorprendieran hace dos años con el estupendo Southern Darkness. Aunque la propuesta de King Giant fue acusada por algunos de demasiado genérica, la verdad que un servidor disfrutó como un enano con temazos de la categoría de 13 to 1 o Desert Run, auténticas joyas de metal sureño. Manteniéndose firmes en su filosofía DIY, vuelven a editar con sus propios medios un disco que desde ya os digo que va a cerrar muchas bocas y llenar su impía iglesia de centenares de conversos.


Y es que Dismal Hollow supone no sólo un paso adelante respecto a Southern Darkness, sino más bien un salto olímpico digno del mismísimo Carl Lewis. No es que la propuesta haya variado de coordenadas, porque los ecos de The Gates Of Slumber, Corrosion Of Conformity y Down siguen estando ahí, pero han ajustado las piezas de su bólido de tal modo que el disco sale disparado de cabeza a los exclusivos parajes de la excelencia. Los riffs son verdaderos ejercicios de demolición sureña, inapelables invitaciones al headbanging, lo que unido a unos solos de escándalo convierten el trabajo de David Towalski y Todd Ingram en soberbios clínics de cómo hacer metal sureño en el siglo XXI. De la mano de estos señores los temas de Dismal Hollow elevan su groove hasta la estratosfera, haciendo de cortes como Appomatox o A Steward’s Prayer hits gordos como cabezas de enano. Cuando se sueltan y liberan de corsés también lo bordan, como con esos solos de poner los pelos de punta en las grandiosas Pistols And Penance y Tale Of Mathias. Otro de los factores ganadores de King Giant es la voz de Hammerly, a medio camino entre la cazalla de Lemmy y el poderío de Glenn Danzig, que junto a una lírica profunda y llena de sentimiento le convierten en uno de los frontman más personales del género. Respecto a esa lírica, hago un inciso para remarcar lo complejo de la psicología estadounidense, su diversidad y lo fácilmente que desde Europa se les tacha de ignorantes fascistas en base a prejuicios completamente infundados. El país que nos legó el Día del Trabajador, que hizo la Revolución Francesa un siglo antes que en el Viejo Continente y cuyas vanguardias artísticas han sido referente en medio mundo merece mucho más respeto y un acercamiento más científico que la constante comparación con el redneck imaginario que pulula por nuestras cabezas. Y lo digo porque estos señores, provenientes de un Estado dado a esas comparaciones, son capaces de recrear una vívida historia en torno al fantasma de un oficial sudista atormentado (Appomatox), cargar contra el maltrato de género (Tale Of Mathias), apoyar la lucha de los oprimidos (Steward’s Prayer) o contar la soledad de un artista al que ninguna mujer quiere conocer (O Drifter). Una vez finalizado el paréntesis, continúo postrándome ante las virtudes musicales de King Giant, cuyo corte 6 O’Clock Swill es el mejor valedor y contenedor de todas ellas. Un riff inicial que te gana desde el primer segundo, la poderosa voz de Hammerly apoyada por unos coros bestiales y unos solos incendiarios capaces de volarte la cabeza. Acojonante. El grado de madurez que el quinteto ha adquirido en estos dos años es algo tremendamente asombroso, y todos aquellos que les tachaban de planos o genéricos se van a encontrar una banda que ha encontrado su propio sonido, personal e intransferible, y que ha adquirido todo un arsenal de fintas y golpes capaces de noquearte al primer asalto.

Candidato muy serio a disco del año. La grandeza y miserias de la Norteamérica confederada encerradas en 8 temas soberbios, poderosos y adictivos. Salto gigantesco de una banda que ahora sí puede codearse con los titanes del género.