KRALLICE with DAVE EDWARDSON – Loüm (2017)

Por encima de la realidad está la posibilidad

Heidegger – Ser y Tiempo

Mientras escribo estas líneas sobre uno de los discos del año sus perpetradores, los neoyorquinos Krallice, ya han editado otro trabajo que pugna con su hermano al podio, tal es la abrumadora exhuberancia creativa y genialidad del cuarteto. Contando entre sus filas con algunos de los nombres propios más importantes del extremismo metálico y la experimentación sonora del siglo XXI (imposible explicar la vanguardia contemporánea sin citar a Colin Marston o Mick Barr), Krallice llevan desde finales de la década pasada erigiendo una carrera única en el panorama subterráneo internacional, un imposible tour de force donde el Black Metal se fusiona con el Free Jazz, la No Wave y una pirotecnia instrumental nunca antes vista que retrata como ninguna otra propuesta musical los caóticos y demenciales tiempos que nos ha tocado vivir. Demasiado arties para los metaleros de a pie y excesivamente ariscos para los cazadores de tendencias, los neoyorquinos habitan un universo propio que es un cambio de paradigma en si mismo, y que independientemente del reconocimiento que reciban se erige como indispensable para entender los derroteros no sólo de la experimentación en el nuevo siglo, sino también para vislumbrar el corazón de la zozobra existencial que nos aflige. Con Loüm (2017, Gilead Media) dan un paso más en esta dirección, contando además con la colaboración de Dave Edwardson, bajista, vocalista y genio en la sombra de otra de las bandas indispensables de nuestros días, los californianos Neurosis.

El séptimo trabajo de Krallice nos muestra al cuarteto (aquí quinteto sumando al señor Edwardson) en su faceta más desatada hasta la fecha, lo cual es decir mucho teniendo en cuenta el maelstrom en el que viven instalados los neoyorquinos desde su nacimiento. Las velocidades a las que ejecutan sus imposibles espirales guitarreras cortan el aliento, y su manera de parar, cambiar de rumbo y acelerar son imposibles de alcanzar por cualquier otro mortal, e incluso el lovecraftiano dios del caos Azathoth se vería abocado a la destrucción en presencia de cortes como el inicial Etemenanki, un torbellino de pura genialidad demente con Dave Edwardson desgañitándose mientras nos escupe ” we feel the truth but hear the lie”. Lo que eleva Loüm a un plano superior es que al mismo tiempo que la entropía fluye sin filtrar la banda es capaz de enfocar sus esfuerzos y talentos en un corpus sonoro definido, no tanto en la forma como en la Idea que subyace tras él, una declaración artística y política donde el simulacro es dinamitado en favor de la verdad descarnada, dañina y liberadora. En Rank Mankind y Retrogenesis esa verdad es furia, entrañas y zarpazos contra nuestra mediocre miseria, una apisonadora policefálica que reparte tantos golpes como vergüenzas acumulamos en nuestro inane transitar por la existencia. Sin embargo es el tramo final del álbum el que conduce al conjunto hasta la genialidad absoluta, comenzando por el tema que da nombre al disco y que eleva una muralla de sonido alucinatoria, cruda y visceral encerrada entre vulcanismo rítmico y una labor guitarrera, la de Marston y Barr, de una infinitud de recursos incomparable, capaz incluso de recrearse confeccionado una madeja final de clímax simplemente indescriptibles. En una línea similar se mueve la final Kronus Deposed, aunque su barroquismo la eleva a un plano espacio temporal diferente de cualquier otro que hayamos imaginado, fuego contra un Velo de Maya inútil frente a las embestidas de los neoyorquinos y cuyo tramo final es puro éxtasis y revelación, y de lejos una de las composiciones más acojonantes que nos haya regalado jamás el extremismo metálico. Y así, en poco más de media hora, Krallice hacen saltar por los aires los límites de los posible, nuestra limitada percepción del mundo y los esfuerzos de muchos autoproclamados vanguardistas en uno de los ejercicios de genialidad artística más demoledores que un servidor se haya echado a la cara. “The looming is beyond tangible”.

Podríamos hablar de Black Metal, experimentación, Free-Jazz o demencia, pero hace mucho que Krallice están más allá de cualquier etiqueta. Loüm es su mejor trabajo hasta la fecha y una demostración de genio tan abrumadora que el resto de mortales bien haría en seguir su camino y no intentar emular siquiera lo que los neoyorquinos le han regalado al Universo. Inalcanzables.

Reseña invocada por CTHULHU.