LA COSA DEL PANTANO de Alan Moore

 

 
 
Hoy toca adentrarnos en las entrañas del terror gótico moderno, a través del primer gran éxito de ese genio barbudo que responde al nombre de Alan Moore. Su versión de La Cosa Del Pantano marcó a fuego mi infancia (puede decirse que su lectura me la robó en parte), y en posteriores lecturas su impronta en mí ha sido mucho mayor al ir comprendiendo el tremendo contenido metafórico de sus historias. Pero empecemos por el principio… Swamp Thing nace en 1971 del maravilloso tándem compuesto por Len Wein y Berni Wrightson como historia de cabecera de la revista House Of Secrets. El éxito de aquella historia fue tal que los mandamases de DC encargaron a la pareja de artistas convertirlo en serie regular, idea que ambos rechazaron al principio. Un año después deciden aceptar la oferta, aunque volviendo a contar la historia desde el principio para adaptarla a los tiempos que corrían. Si originalmente la narración arrancaba con la traición que sufría el científico Alex Olsen a manos de un colega en algún momento de principios del siglo XX, ahora el protagonista era Alex Holland, creador de una fórmula biorregenerativa basada en las plantas y que es atacado por un tal Mister E, mano ejecutora poco después de su esposa Linda. Nuestro protagonista, envuelto por las llamas, se lanza a un lago de los pantanos de Lousiana donde su maltrecho cuerpo se mezcla con los productos químicos con los que estaba trabajando, renaciendo como La Cosa Del Pantano, mitad hombre y mitad ente vegetal. Movido por el ansia de venganza, durante los 4 años que duró la serie (primero escrita por Wein y luego por David Michelinie), la criatura se rodearía de secundarios como Gregory y Anton Arcane o su nuevo gran amor, Abby Arcane, hija del primero y esposa de Matthew Cable. En el número que cerraba aquella serie, el 23, Alex Holland conseguía regresar a su forma humana y continuaba con sus investigaciones científicas. A pesar de lo interesante del personaje y sus historias, el gran reclamo de la serie era la labor a los lápices del genial Berni Wrightson, tras cuya marcha las ventas cayeron en picado. En 1982 se estrena la película basada en el personaje, un subproducto de serie B dirigido por el gran Wes Craven que anima a Len Wein (ahora editor de DC) a resucitarlo. Nace así Saga Of The Swamp Thing, supervisada por Wein y desarrollada por Martin Pasko y Tom Yeates, donde se obvia parte de lo escrito por David Michelinie (principalmente la vuelta a la humanidad de Holland) para darle coherencia al retorno de La Cosa Del Pantano. Pasko abandona el barco en el número 19, dejando a Lein Wein la papeleta de buscar un nuevo escritor para la serie. Con pocos candidatos para el reemplazo, Wein decide mirar al otro lado del charco y fija su mirada en un joven y prometedor guionista británico que destacaba en semanarios como 2000 AD o Warrior. Su nombre era Alan Moore, y los ecos de su bautismo en la industria norteamericana todavía resuenan con fuerza. Junto al tándem gráfico compuesto por Stephen Bissete y John Tottlebet, inició en 1984 no sólo una renovación del personaje, sino del terror gótico y de la forma de entender el cómic que se tenía hasta entonces, además de inspirar a grandes obras posteriores como el Sandman de Neil Gaiman.


Lo primero que hace Moore al llegar a la serie es redefinir completamente al personaje en el arco argumental “Lecciones de Anatomía”. En dicha trama descubrimos que Swampy (el apodo cariñoso de la criatura) no es Alex Holland, sino las plantas dotadas de inteligencia al nutrirse de la carne mezclada con productos químicos del científico. El descubrimiento por parte del protagonista de este hecho marca el pistoletazo de salida del nuevo rumbo que Moore tiene en la cabeza, uno basado en la búsqueda de identidad de La Cosa Del Pantano y su relación y lazos tanto con el género humano como con la Naturaleza. Renacido como un elemental, su comunión con el medio natural se estrecha cada vez más, sintiendo con crudeza todos los abusos que el hombre comete en nombre del progreso. Aunando con genialidad el terror con la denuncia ecológica, Moore se vale de personajes míticos del género (vampiros, hombres-lobo, demonios…) para crear poéticas metáforas de las terribles consecuencias que sobre la Naturaleza tienen los actos inconscientes del hombre. También utiliza el terror clásico como medio para denunciar estigmas de la sociedad actual tales como el machismo o el racismo. Todo esto se refleja en la genial saga “American Gothic”, compendio de virtudes de la etapa del británico: vampiros acuáticos que encarnan la venganza de la Naturaleza contra los vertidos tóxicos, la menstruación convertida en monstruo rabioso frente a la dominación masculina, fantasmas que gritan por las heridas sin curar del racismo y el vínculo indisoluble entre bien y mal son algunas de esas metáforas, espléndidamente plasmadas por el tándem Bissete – Tottlebet


Vamos conociendo progresivamente el vínculo del personaje con su pasado, como continuador de una saga de elementales que se remonta al principio de los tiempos, así como la comprensión de la verdadera magnitud de sus tremebundos poderes:  La Cosa Del Pantano es capaz de regenerarse por completo a partir de cualquier tipo de materia vegetal, siendo en la práctica casi indestructible, además de tener la capacidad de viajar por el medio natural al instante (su peculiar manera de teletransportarse); su vínculo con la vegetación le confiere una lista de habilidades tan grande como la creatividad que tenga, por ejemplo crear réplicas de sí mismo, formar un ejército de humanoides vegetales o acelerar a su gusto los procesos del “verde”, amén de conferirle unos niveles de fuerza desmedidos. Alan Moore consigue, sin embargo, que nuestro protagonista sea lo suficientemente vulnerable (sobre todo a un nivel psicológico) como para que nos sintamos identificados con él, siendo otro de los grandes logros de su periplo por la serie. Es tal el lazo afectivo que se va creando entre lector y personaje que consigue enrolarnos en las filas del ecologismo frente a las barricadas pobladas por unos hombres que se destapan como más demoníacos que cualquiera de los monstruos que pueblan las páginas del cómic. 


Muchos más son los temas que Moore trata en la serie, como pueden ser el conflicto entre la libertad individual y las normas represoras de la sociedad (en el arco argumental “Swamp Thing Contra Gotham”, en el que Swampy ha de enfrentarse a Batman), la violación sexual y el crecimiento personal (“La Saga Del Exilio”) o los tabús y prejuicios modernos que envuelven al amor y las relaciones sexuales. La historia de amor entre Swampy y Abby, incomprendida y repudiada por la sociedad, alcanza su clímax en Ritos De Primavera, uno de mis números favoritos de todos los tiempos. 24 páginas en las que asistiremos a una unión que trasciende lo meramente sexual para devenir en una auténtica comunión entre almas, en este caso entre la de Abby y la Naturaleza. El trabajo de Bissete y Tottlebet, centrado en lo oscuro y onírico durante la mayoría de la serie, es aquí una exhibición de lisergia poética, captando a la perfección los sobrecogedores textos de Moore. Tampoco podemos obviar las atmósferas opresivas y angustiosas que empapan las páginas de la serie, y que nos recuerdan que estamos inmersos en una historia de terror, probablemente la mejor que se haya escrito nunca en el medio. Porque pocos (o ninguno) cómics consiguen trasladarte el ambiente sofocante, opresivo y amenazador de los pantanos de Lousiana como lo hace Swamp Thing, además de sobrecogerte con pasajes de verdadero horror onírico que golpean con fuerza en nuestros miedos más primarios y subconscientes. 


Podría seguir hablando de las bondades de este cómic hasta el infinito y no conseguiría acercarme ni un poco a la verdadera magnitud de la experiencia que supone zambullirse en sus páginas, por lo que termino afirmando que estamos ante uno de los grandes clásicos del medio, un cómic por el que no pasan las décadas y cuyas lecciones siguen hoy igual de vigentes que cuando fueron escritas. 42 números en los que descubriremos las bondades y pecados del hombre, su alma, a través del viaje existencial de una planta. Imprescicndible.