LOS 5 IMPRESCINDIBLES DE… CHUS MAESTRO (HYBRID)

 

Muchas han sido las sorpresas que el campo metálico ha regalado este 2013, y entre ellas destaca con luz propia Angst, el segundo largo de los madrileños Hybrid que nos postraban a sus pies con una impactante amalgama de Death Metal, Math-Metal, agresividad hardcore e imposibles pasajes jazzísticos. Extremismo y vanguardia dados de la mano para moldear uno de los grandes discos estatales del año, y que despertaron nuestra curiosidad acerca del universo referencial que bullía en la cabeza de su batería y líder Chus Maestro. Para salir de dudas le emplazamos a participar en nuestra sección de Los 5 Imprescindibles, algo a lo que accedió y que corroboró nuestras sospechas acerca de su buen y ecléctico gusto. He aquí sus elegidos.

Cocteau Twins – Head Over Heels (1983)

Cocteau Twins fueron el último unicornio de la música y sus canciones siempre me sobrepasan. Las melodías de Guthrie y Fraser no se parecen a nada que haya escuchado y esa nube de sonidos reverberados y etéreos me envuelven en un estado de animación suspendida que me hacen olvidar los gritos de mis vecinos, el hilo musical de Mercadona y los atascos en Negociudad. Este disco fue el primero suyo que escuché y a día de hoy sigo experimentando la misma sensación de hipnósis absorbido por su onírica espiral de belleza discordante, pretérita e ignota. Gracias a ellos me dejé llevar por las corrientes del dream-pop y el shoegaze, de las que todavía no he podido salir.

Ennio Morricone – Once Upon A Time In America (1984)

El legado musical de mis padres se reduce a un par de cassettes de vital importancia: el “Tango In The Midnight” de Fleetwood Mac y un varios con canciones de Morricone que escuché de pequeño hasta la saciedad viajando en coche, en el que el paisaje ponía imágenes a temas de películas que no había visto como “Once Upon A Time In America”, “Giù la testa” o “Exorcist II”. Más mayor me aficioné mucho al cine, vi todas aquellas películas y las canciones cobraron un nuevo sentido audiovisual. Cómo músico, gran parte de mi atención cuando veo cine está en la banda sonora y me gusta escucharlas fuera de contexto para activar sinestésicamente las imágenes en la memoria. Las bandas sonoras unen dos mundos que me apasionan y que me han llevado a otros grandes maestros como Bernard Herrmann, Jerry Goldsmith, Howard Shore o a los trabajos de género perpetrados por Goblin y John Carpenter; pero de todos, Morricone es el único que me saca las lágrimas.

Napalm Death – Fear, Emptiness, Despair (1994)

Siento máximo respeto hacia los papis del grindcore, pero no es la faceta desatada la que más me gusta de su carrera. “Fear, Emptiness, Despair” es su disco más oscuro, tanto a nivel de sonido y composición -con esos medios tiempos abrasivos y disonantes que inundan el disco- como de aceptación, ya que a los puristas no les gustó un pelo que aflojasen el acelerador. Pero ellos siempre han abanderado sus inquietudes musicales y fue a mediados de los ’90 cuando empezaron a experimentar incorporando influencias de grupos que adoraban fuera del espectro extremo como Sonic Youth, Killing Joke, Swans, Helmet o Godflesh; lo que les llevó a facturar mi santísima trinidad de su discografía junto con “Diatribes” e “Inside The Torn Apart”.

The Cure – Disintegration (1989)

Aunque trillados y convertidos en una caricatura de sí mismos a efectos de una sobre-explotación popular, The Cure es un grupo que siempre me ha acompañado desde muy pequeño cuando veía aterrado y maravillado sus videos en la MTV. Fue “Disintegration” el disco que hizo diana en mi melancólica personalidad con sus densas y lúgubres atmósferas cargadas de teclados majestuosos. La incontinencia creativa de Robert Smith se esparce a lo largo de una extensa discografía repleta de canciones mayúsculas, amén de una gran colección de rarezas y caras B -muchas veces mejores que los singles- que hacen que The Cure siempre sumen puntos extra. Además este disco fue el punto de partida en mi incursión hacia el post-punk, uno de mis géneros fetiche, por el que descubrí a nuevos favoritos como The Chameleons, The Sound o The Comsat Angels.

Swans – White Light from the Mouth of Infinity (1991)

La producción y arreglos de este disco me vuelven loco, y fue “Failure” la primera canción que escuché de ellos, la cual me dejó helado pensando: “esto va en serio”; y es que la honestidad que destilan Michael Gira y los suyos es un atributo premiable en un mundillo de pose fotográfica, falsa rebeldía rock y estrategias comerciales para llenarse los bolsillos de dinero, el ego de fama y la nariz de cocaína. Swans se erigen como un grupo directo y visceral que ha sabido evolucionar experimentando sin perder su identidad y siempre conservando ese halo dramático, intenso y profundo en sus canciones. Posteriormente devoré toda la discografía en un oscuro viaje hacia los adentros del alma, desde sus abrasivos comienzos hasta la etapa más acústica, pasando por todas las manifestaciones de Michael Gira tanto en solitario como con The Angels Of Light o World Of Skin.