LOSS – Horizonless (2017)

Sólo había esa negrura allá arriba y esta negrura aquí abajo

Thomas Ligotti – La Sombra, la Oscuridad

Una de las grandes sorpresas de comienzo de década fue Despond, el debut de los estadounidenses Loss a través del siempre certero sello Profound Lore. Corría 2011 y a esas alturas nadie le pedía ya a una banda que reinventase un género tan hermético e inamovible como el Funeral Doom, por otro lado las señas de identidad de una de las cruzadas sonoras más subyugadoras que existen en la gran familia del extremismo metálico. Sin embargo los de Nashville entregaron una obra arrebatadora y sorprendente, fresca por su labor de deconstrucción y donde los porcentajes de la mezcla estaban maravillosamente permutados dando como resultado el cóctel perfecto entre plomiza desesperación y romanticismo gótico, lo que les valió colarse en buena parte de las listas de lo mejor del año y consolidarse como una de las grandes promesas de un género gobernado despóticamente por sus legendarios buques insignia. A fuego lento ha cocinado el cuarteto su contraataque y seis años después nos entregan el esperadísimo Horizonless (2017, Profound Lore), producido por el gran Billy Anderson y que de nuevo vuelve a dejarnos boquiabiertos.

Horizonless consigue, como en su momento hiciera su predecesor, rizar el rizo y entregar no sólo una de las obras de Funeral Doom más ciclópeas y exquisitas en años, sino volver a sorprender con un trabajo tan lleno de matices y oscura belleza que deja sin habla. Sin perder de vista los tempos plomizos que definen el género, el cuarteto estadounidense sin embargo rebaja la tectónica guitarrera en pos de potenciar unas dinámicas que aunque densas no se olvidan de fluir en esta monumental obra entregada (tanto en lo lírico como en lo musical) a la muerte, exuberante en sus infinitos brillos y recobecos, y que recupera a lo grande el concepto de lo sublime más allá de la racionalidad, del éxtasis como última defensa ante una belleza para la que no somos dignos. No recuerdo un trabajo de Funeral Doom tan melódico como Horizonless, y que sin embargo consiga de una manera tan certera la sensación de estar a la deriva en una negrura ilimitada y descorazonadora, ya sea con la fúnebre letanía de The End Steps Forth o a través de la descomunal Naught, donde el propio Billy Anderson mete un piano que se te clava como un puñal en el pecho. Culpables principales de la grandeza del álbum son los guitarristas Timothei Lewis y Mike Meacham, magos capaces de controlar el balance entre contundencia y sofisticación como pocos “hachas” del planeta, y cuya labor deviene en lo que hubieran sido My Dying Bride de haber nacido en mitad de un agujero negro. Las comparaciones con los de Halifax no son casuales, pues mucha de la querencia gótica de los británicos es abrazada por Loss para dar un brillo melancólico a sus composiciones, y convertir temas como Horizonless o The Joy Of All Who Sorrow en venas abiertas a través de las cuales dejarnos llevar a la negrura. Otro de los elementos que hacen de Loss una banda única es la interpretación vocal del citado Meacham y su descomunal habilidad para atacar los guturales, seducirnos con solemnes fraseos o desgarrarse en pasionales alaridos de una fuerza irresistible, y que alcanza su clímax cuando en la final When Death Is All se unen a la función Wrest (Leviathan), Stevie Floyd (Dark Castle) y el propio Billy Anderson (sonidazo el que consigue una vez más, en un disco en el que parece ha sido el quinto miembro en la sombra) conformando un coro capaz de derribar las mismísimas puertas del Cielo. Y aunque seguimos en un género ontológicamente hermético e inamovible, Loss vuelven a demostrar que las coordenadas pueden actualizarse, estirarse y, como el objetivo fundacional del Funeral Doom, abrazar la infinita y aterradora vastedad que nos rodea. 

No hay palabras que puedan hacer justicia a Horizonless, una obra descomunal donde el Funeral Doom trasciende, se eleva y abraza lo sublime por cortesía de unos Loss venidos para regir los designios del género. El disco de Doom del año, y puede que de todo el Eón.

Reseña invocada por CTHULHU.