MYLINGAR – Döda Drömmar (2018)

Los hombres que vienen aquí no deberían tener entrañas

Joseph Conrad – El Corazón de las Tinieblas

Dos han sido las grandes revoluciones que el extremismo metálico ha sufrido en el siglo XXI, en sentidos muy diferentes aunque por el camino hayan sabido encontrar férreos puntos de encuentro. La primera vino de la mano de Sunn O))), llevando el ascético minimalismo de Earth a unos niveles de trascendentalidad gargantuesca y abriendo la puerta a innumerables experimentos sonoros que han dotado al género de un calado espiritual y unas posibilidades inéditas hasta la fecha, o al menos a los niveles que ha mostrado en la nueva centuria. Los australianos Portal encabezaron la segunda revolución armados con armas bien distintas y haciendo gala de un negro barroquismo que devenía en caos devorador, negando cualquier vía de escape y dando carpetazo a la Historia entre visiones de una borboteante e inútil entropía. La suya era, y es, una visión tan intransigente y totalitaria que hizo imposible la creación de ninguna escena aunque la llama sí prendió en algunos nombres propios esparcidos a lo largo y ancho del planeta, caso de Altarage, Teitanblood, Abyssal o Mitochondrion, y que desde sus diferentes atalayas cósmicas esparcen un mensaje de pavor ante la verdad del cosmos, que no es otra que una incesante e incomprensible reorganización ante la cual nuestra existencia carece por completo de sentido. A ese selecto grupo de profetas se sumaron en 2016 los suecos Mylingar (nombre extraído del folclore escandinavo y que hace referencia a los fantasmas de los niños muertos sin bautizar), misteriosa banda (no se sabe nada de sus integrantes) que con su EP debut Döda Vägar (“Caminos muertos”) nos dejaron cinco cortes de una bestialidad avasalladora e intimidante, y que aunque podían ser considerados compañeros de viaje de los grupos antes citados exhibían su propia visión de cómo debían fusionarse Death Metal y Black Metal.

Döda Drömmar (“Sueños muertos”) no se aparta ni un ápice de lo mostrado en su debut, manteniéndose en la excelencia del horror incognoscible aunque en la propuesta de los suecos éste exhiba garras, dientes y unas ganas tremendas de usarlos para despedazar yugulares. Aquí se encuentra el gran elemento diferenciador de Mylingar, una furibunda cinemática que lejos de perderse en las estrellas baja a tierra para arrasar con todo lo que pille a su paso, y que dota a su propuesta de un dinamismo superlativo que no da tregua en la media hora larga que compone su debut. Frente a las densas atmósferas de otros los suecos apuestan por un equilibrio alquímico donde la asfixia no es el único resultado de su cruzada sonora, sumándose a su repertorio el de la muerte por aplastamiento merced a unas cabalgadas de un empaque gargantuesco, con las disonancias guitarreras como eje de todos sus movimientos. El resultado es uno de los trabajos más atemorizantes que uno pueda escuchar dentro de la gran familia extrema, y que tiene en cortes como  Drömmen o Skammen auténticos embajadores del más puro salvajismo sin ninguna concesión al respiro o la clemencia, amén de suponer el perfecto paradigma del Death Metal en el siglo XXI: disonante, enrevesado, asfixiante y con una técnica superlativa que se somete a sí misma a los pies de un concepto superior, que no es otro que el horror que se vislumbra tras un Velo de Maya en llamas. Början es la quintaesencia de Döda Drömmar y lo anteriormente expuesto, con un trabajo vocal estremecedor como vía de entrada a un tapiz sonoro abrasivo y ciclópeo a partes iguales, pero que sin embargo es capaz de conciliar su caos avasallador con un gancho sorprendente que, de nuevo, le vuelve a destacar como un álbum tremendamente personal y con argumentos propios más allá de su circunscripción a la nueva corriente imperante dentro del género. Podríamos decir que Mylingar se mueven a caballo entre los postulados opacos de Portal y la crudeza ultraterrena de Teitanblood, pero nos encontramos en terrenos tan inasibles que eso sería como no decir nada sin atender en primera persona a la nigromancia sonora que practica la misteriosa formación escandinava, y que esgrime suficientes elementos propios como para ser definida en base a los logros de terceros. Lo que sí podemos afirmar es que nos encontramos ante un disco, y una banda, que a las primeras de cambio han sabido abrir nuevos horizontes para un extremismo metálico de vanguardia que sigue evolucionando enroscado en sus entrañas.

El debut de los suecos Mylingar es una nueva piedra de toque dentro de la vanguardia extrema y el mejor ejemplo de la negra entropía que lo impulsa. Con Döda Drömmar la misteriosa formación escandinava ha sabido recoger el legado de Portal y enfundarlo en un cuerpo más cinemático, furibundo y abrasivo, mostrándonos un sendero nuevo hacia el horror incognoscible y regalándonos por el camino un disco simplemente excepcional.

Reseña invocada por CTHULHU.