OSSUARIUM – Living Tomb (2019)

20 BUCK SPIN

Todas las cuevas son la misma. Todas conducen a la Gran Oscuridad.

LAIRD BARRON – El Rito

Hubo una época, parece ya una eternidad, en la que la psicodelia estaba al servicio de la luz, años de inocencia donde se pensaba que abriendo las puertas de la percepción podríamos llegar a una iluminación positiva en la que todos los secretos no solo serían revelados, sino que además estaríamos en disposición de comprenderlos. Medio siglo después ese sueño está muerto, aplastado bajo los cascos de las guerras asimétricas y vejado por la hipernormalización, las fake news y la creciente certeza de que “no hay nada que saber ni nada para saberlo” (Metzinger). Sin embargo de esa derrota, la del positivismo humanista, ha surgido toda una corriente intelectual y artística que abraza la mística del caos indiferente, el éxtasis de vislumbrar toda esa negrura inalcanzable, llevando la psicodelia a las antípodas de su preceptos originales y regalándonos por el camino algunas de las obras más importantes de nuestro siglo. Si lo centramos en un género como el Death Metal, eso se ha traducido en una corriente que antepone la negra lisergia a una brutalidad que pasa a trabajar, como otra herramienta más, en pos de una travesía hacia lo incognoscible, lo indiferente, lo dañino.

Es en esa corriente donde militan bandas como Portal, Altarage, Blood Incantation o Teitanblood, que más allá de sus divergencias estilísticas comparten una inequívoca intencionalidad de dinamitar los estrechos muros de nuestra percepción para mostrarnos todo el horror y la brutalidad de una existencia insignificante a merced de los caprichos de la entropía. La mera ferocidad, el primarismo, ya no sirven si no están al servicio de esa herética misión, algo que han comprendido desde el inicio unos Ossuarium que con su debut Living Tomb (2019, 20 Buck Spin) han dado uno de los primeros (y más sonoros) puñetazos sobre la mesa dentro del extremismo metálico internacional. Oriundos de la psicotrónica Portland (no podían venir de otro lugar…), el cuarteto ha conseguido la nada fácil tarea de respetar los preceptos fundacionales del Death Metal al mismo tiempo que lo transforman en un vehículo pavoroso con el que adentrarse, y obligar al oyente a hacerlo, en toda la inútil malignidad del Cosmos.

La victoria principal del álbum se sustenta en esa capacidad para quebrar cervicales mientras te sumerge en una marmita de ácido agitada por un nigromante, y que hace que Living Tomb mantenga los pies en la tierra como impulso previo para saltar hacia un firmamento a oscuras. Ossuarium emiten desde los EEUU pero su dupla de guitarristas tiene un ojo puesto en Finlandia y su legado, algo que se evidencia en ese demoledor arranque con “Blaze Of Bodies” de la mano de unos riffs simplemente demoledores y una sabia combinación de tempos que van del Death tradicional al Doom, y que en este caso nos regalan un “hit” en toda regla. En la misma línea de himnos ganadores se inscribe “Writhing In Emptiness” y su indefendible carga guitarrera acompañada de los vómitos ultradimensionales de Daniel Kelley, un corte que a mitad de metraje se transmuta y eleva a la categoría de obra maestra cambiando el registro por el de una torturada épica a medio tiempo. “Vomiting Black Death” y la pareja de cortes “End Of Life Dreams And Visions” se mueven en esta misma dicotomía entre gancho y lisergia pero ensamblados con un talento imposible de imaginar, mucho menos en una banda debutante. La otra joya de la corona, que hay más, es “Corrosive Hallucinations”. Pura perfección. Arranca con un riff incontestable, de esos de buscar el teléfono de tu fisioterapeuta, para acto seguido cabalgar al galope hacia las mismísimas puertas del Tártaro, y una vez allí solo perdición… medios tiempos, guitarreos lánguidos, una fisicidad sonora descomunal… Lo sublime en el siglo XXI. Algunos dirán que 40 minutos saben a poco, yo os aseguro que como no podréis parar de pincharos Living Tomb, esta salvajada es para toda la vida. Rúlame otro tripi.

Hace mucho que la psicodelia cambió de bando, y ahora se refugia en artefactos como Living Tomb con el que los debutantes Ossuarium han pegado tal puñetazo en la mesa que se ha oído desde Saturno. Gancho, lisergia, y a tomar por el culo todo.

NOTA: 9,25/10

Reseña invocada por CTHULHU.