PHARMAKON – Contact (2017)

“Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social; pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir”

Del sentimiento trágico de la vida – Miguel de Unamuno

Cuerpo y mente. Eterno dilema. Si uno es un idealista puede concebir la existencia de los antagónicos como una prueba, una fase, tras la cual el espíritu se libera y trasciende. O vuelve a empezar el ciclo, da igual, pues lo inmutable es el carácter eterno del alma humana. En cambio si uno se atrinchera bajo el blasón del materialismo, ambos conceptos son indisolubles e interdependientes, partes integrantes de eso tan efímero que llamamos vida y que lleva al pobre “realista” a encararla bien mirando para otro lado, bien abrazando el hedonismo o aceptando de manera trágica la dolorosa futilidad de la existencia humana. Como diría Ligotti“La consciencia nos ha obligado a adoptar la postura de procurar no ser conscientes de lo que somos: pedazos de carne que se estropea sobre huesos que se desintegran.” Esto último, la consciencia de estar encerrados en una celda que se pudre suspendida sobre un abismo, fue el leitmotiv de Bestial Burden (2014, Sacred Bones Records), tercer trabajo de la reina del noise neoyorquino Margartet Chardiet (aka Pharmakon) y en el que desarrollaba unas composiciones que soñaban con amputaciones, torturas y cirugía radical como herramientas para agitar nuestra psique asustadiza. Desde que comenzara su andadura musical en 2007 a la tierna edad de 17 años, Pharmakon se ha consolidado como uno de los proyectos más intensos, poderosos y confrontacionales del panorama noise/industrial internacional, llegando incluso a ser elegida por el mismísimo Michael Gira para que teloneara a sus Swans en la gira internacional de éstos en 2014. Diez años después de ese nacimiento llega Contact (2017, Sacred Bones Records), un nuevo ataque sonoro a nuestra línea de flotación existencial pero que trae bajo el brazo no pocas permutas tanto en la forma como en la esencia.

Si la esencia de Bestial Burden era la convulsa y dolorosa relación entre la mente y un cuerpo sujeto a las vicisitudes de la mortalidad (enfermedades, vejez y, como no, la muerte), de una psique encerrada a cadena perpetua en una orgánica cárcel moribunda, Contact se aferra a esos pocos momentos en los que abandonamos el cautiverio, trascendemos, y entramos en comunión con otros presos de la carne. Desde esa portada llena de manos grasientas sobando la cara de la señorita Chardiet atendemos a la retorcida manera en la que la genio neoyorquina visualiza la empatía, la vía que lleva hacia el contacto que da nombre al álbum y que se traduce en el trabajo menos claustrofóbico de su carrera, dejando espacio para que esas interacciones con el exterior tengan lugar. En palabras de la propia compositora, Contact va sobre “cuando nuestra mente usa el cuerpo para trascender o escapar de él”, y la vía para alcanzar esta trascendencia queda clara al pasarse por su bandcamp y leer en letras mayúsculas “Empathy! EMPATHY, NOW!”. Una llamada a la comunión que sin embargo no está exenta de confrontación, de lucha y convulsiones, algo intrínsecamente unido a su obra y visión de la existencia, y que en su cuarto trabajo encuentra un equilibrio dialéctico con un terreno compositivo más expandido y etéreo, la perfecta traslación sonora de la vida en el Occidente del nuevo siglo. Temas como el inicial Nakedness Of Need o Sleepwalking Form muestran elementos de ese nuevo rumbo, haciendo guiños al Drone y expandiendo la tradicional paleta cromática de Pharmakon, cortes en los que nos va calando hasta los huesos su realista visión de la fuga de nosotros mismos: “no podemos escapar de todos nuestros instintos/sólo animales, perdidos en un sueño confuso”. Es la honradez al reconocer esa derrota lo que transforma el álbum en algo vivo, aunque duela y la propia autora se retuerza en cortes como Transmission o el brutal broche final que es No Natural Order al grito de “Ninguna Ley Natural dicta / Sólo la empatía, indomable”. Pírrica victoria pero necesaria, si acaso el único asidero al que aferrarnos para no hundirnos en la negrura de nuestra tragedia, y que en Contact se muestra sin tapujos ni anestesia, la verdad descarnada que taladra, corta y lija hasta el hueso, el Noise como dolor trascendente, como látigo en manos de una profeta loca. 

La última obra de Margaret Chardiet deja pasar un rayo de luz en su hasta ahora opaca e incómoda propuesta, y en el décimo aniversario de su proyecto Pharmakon lo acerca a los expansivos terrenos del Drone sin que por ello se pierda la mordiente de su ruidismo afilado. Y así, en un equilibrio precario y dialéctico, Contact se nos muestra como nuestras propias vidas, precarias, dialécticas y condenadas a la derrota, pero nuestras al fin y al cabo, necesitadas de lazos con otras derrotas. Y necesitadas de artistas como ella. 

Reseña invocada por CTHULHU.