PINKISH BLACK – Razed To The Ground (2013)

Muchas veces he repetido por aquí aquello de que todo final siempre es un principio, y aunque generalmente es una afirmación cargada de optimismo no está exenta del dolor de la pérdida, de la nostalgia y el extrañamiento por lo que ya no volverá a ser. La existencia del dúo Pinkish Black es uno de esos casos, pues su nacimiento surge tras el suicidio del bajista Tommy Atkins hace dos años, obligando a Daron Beck (ex- Pointy Shoe Factory, voz y teclados) y Jon Teague (ex-Yeti, batería y sintetizadores) a dar por muerto The Great Tyrant y rebautizarlo como Pinkish Black, una manera de sobreponerse a tan duro golpe y seguir adelante. Lo contrario hubiera sido una pena, y el notable recibimiento que recibió su fantástico debut homónimo del año pasado hizo justicia a una de las propuestas más fantásticas y personales que se pueden encontrar hoy día, mezcla alquímica de Post-Punk, Rock Gótico, experimentalismo y cadencias Doom. Su transversalidad es tal que les ha llevado a tocar en eventos de Dance Industrial, compartir escenario con bandas tan variadas como los legendarios Christian Death de Valor Kand, las bestias pardas de Benediction o «compañeros de viaje» como True Widow, además de su participación como teloneros en la actual gira estadounidense de Kylesa. Y aunque todo esto pueda parecer imposible cobra coherencia al descubrir a un par de genios capaces de reconocer su amor tanto por Godflesh y los Swans como por Funkadellic, Scott Walker y Talk, Talk. De ello da fe Razed To The Soul, su debut para el todopoderoso sello metálico Century Media y ante el que sólo queda postrarse hipnotizado.

Que el Post-Punk y el Rock Gótico están pegando fuerte en el campo metálico es algo indiscutible y que ha quedado patente en los virajes estilísticos de Kylesa, In Solitude o Atriarch, así como por el salto a la primera plana de bandas como True Widow o Vaura (que sin ser bandas metálicas son capaces de seducir a muchos metalheads por sus vínculos estéticos). El curioso maridaje no es nada nuevo, y no se podría comprender la explosión de bandas de Doom Metal británicas de principios de los 90 sin esa amalgama que encumbró a formaciones como My Dying Bride o Paradise Lost, y que de manera aún más directa forjó el nacimiento del Metal Gótico encabezado por Crematory, Lacrimas Profundere o los The Gathering de su etapa intermedia. Las diferencias entre ambos movimientos (el noventero y el actual) distan tanto como las dos décadas que los separan, y las bandas del siglo XXI muestran un mayor y comprensible eclecticismo que sus predecesoras (que provenían del Death Metal y desconocían géneros aún en pañales como el Sludge o el Drone metalizado popularizado por Sunn O))) y Khanate) así como distintos referentes estéticos (el de los primeros abrazaba el romanticismo decimonónico, mientras que los segundos exhiben un existencialismo más cínico y «terrenal»). Lo que sí tienen en común es la superación de la mera fusión formal y su capacidad para moldear propuestas nuevas y fascinantes, con un ADN propio y todo un universo de potencialidades a su alcance. Razed To The Soul es la confirmación de todo esa potencialidad, y aunque dista mucho de haber sido explotada en su totalidad nos muestra el gigantesco paso hacia delante que Pinkish Black han dado en tan sólo un año, profundizando en sus virtudes y elementos diferenciadores al mismo tiempo que añadiendo toda una serie de nuevos matices con los que enriquecer su evocadora propuesta.

Muy complicado se hace condensar en una escueta descripción la miríada de influencias y sonoridades que despliega el álbum, y que se pasean por el legado de Badalamenti y Goblin del mismo modo que por el de los Swans, sin hacer ascos tampoco a Killing Joke, Scott Walker, Cocteau Twins o Joy Division, especialmente por la alucinante interpretación vocal de un Daron Beck metido a crooner. Experimentalismo, darkwave, synth-pop, dark cabaret y post-punk que consiguen enlazar con el extremismo no tanto por el envoltorio formal sino por unas cadencias y explosiones abrasivas que pueden resultar más que atractivas a un fan del Doom y el Sludge de mente abierta. Prescindiendo de guitarras y tirando únicamente de batería, teclados y «sintes», el dúo explota toda su creatividad en una exhibición de magia imaginativa que deja sin aliento, obrando además el imposible maridaje entre experimentalismo y accesibilidad por el que mataría cualquier otra banda del planeta. Y es que hay que ser jodidamente bueno para convertir en infecciosos y oscuros hits homenajes a Bauhaus y Alien Sex Fiend como la excepcional Rise o la muy krautrockera Loss Of Feeling Of Loss, así como de poner los pelos de punta a golpe de épica torturada en Ashtray Eyes y Bad Dreamer, con un Beck descomunal y un trabajo de teclados simplemente extraterrestre. Del mismo modo sería imperdonable no mencionar la inicial She Left Him Red, un genial desquicie reminiscente de la época dorada de Goblin y las películas de terror italianas de los 70/80, recordatorio del inmenso caudal referencial en el que se baña el dúo texano. He de reconocer sinceramente que pocas veces me había enfrentado a un disco con tanta transversalidad estilística como Razed To The Ground y que al mismo tiempo exhibiera un discurso tan coherente y seductor, siendo capaz de abrirme la mente a propuestas que en principio no contaban con mi atención (nunca he sido muy fan del pop de sintetizadores ni de la darkwave) gracias a su ejercicio de deconstrución y reensamblaje sonoro, y que nos habla del inmenso talento bicefálico que late tras Pinkish Black. Porque aunque duela todo final es un principio, y éste lo es de algo muy grande…

Razed To The Ground confirma a Pinkish Black como una de las propuestas más fascinantes de nuestro tiempo, un universo aparte donde confluyen los postulados del Post-Punk, el Deathrock, el Rock Gótico, las bandas sonoras de Goblin y Badalamenti, las cadencias Doom, la Darkwave y el crooning moldeando uno de los grandes discos del año. Bendita oscuridad.

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Reseña invocada por CTHULHU.