PLEBEIAN GRANDSTAND – Lowgazers (2014)

“Todo mi ser tiene sus raíces adheridas al dolor”

Alfred de Vigny (Los Destinos, 1864)

Mucho se ha hablado acerca de las injerencias foráneas dentro del Black Metal, sobre si su existencia desnaturaliza la esencia del género o por el contrario son las responsables de la notable trascendencia que está teniendo incluso en medios situados a las antípodas de su propuesta musical y estética. Plebeian Grandstand vienen a callar ese debate y a sus voceros de ambos lados de la trinchera. Y es que ni los fanáticos del True Norwegian Black Metal ni los del Indie disfrazado de extremismo podrán sobrevivir a una salvajada como Lowgazers (Throatruiner, Basement Apes, Lost Pilgrims, Grains Of Sand), segundo largo de los galos tras el notable How Hate Is Hard To Define (2010, Throatruiner Records). Con su nueva criatura bajo el brazo el cuarteto de Toulouse regresa para demostrar que cualquier combinación de armas es buena si el propósito es realmente maligno.

Con la máxima “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” por bandera, Plebeian Grandstand han cincelado una propuesta que hace suyos los libros de estilo del Mathcore, el Black Metal y el Grindcore dando como resultado uno de los discos más salvajes que servidor haya escuchado en mucho tiempo. Disonancias, cambios de ritmo vertiginosos, guitarras como puñales, alaridos furibundos… todo suma en esta frenética escalada hacia la demencia en la que los escasos momentos de respiro no son sino fugaces instantes de calma tensa antes del inevitable colapso nervioso. Imagínate a los Celeste de Nihiliste(s) y Misanthrope(s) copulando con Botch mientras de fondo suenan tonadillas de Anaal Nathrakh y puede que te acerques a la animalada que encierra entre sus surcos Lowgazers, ocho cortes de sodomía espiritual donde el terrorismo sonoro se postra a los pies de la pura misantropía. Con sus pintas de chicos buenos y sus caras de no haber roto un plato los galos desatan en cuarenta minutos más destrucción que muchas legiones escandinavas de cuero y pinchos, algo que queda refrendado en “hits” tremebundos como Lowlifer y Thvrst, estandartes de una primera mitad de disco demoledora. Cortes sin ningún resquicio para la melodía o la evocación al estilo nórdico y que centran todas sus energías en el puro frenesí epiléptico como si de berserkers perdidos por la campiña francesa se tratasen. La dupla compuesta por Svn In Your Head y Relief Of Troth nos muestra la cara más pausada del cuarteto, pero en la forma de pasajes incómodos y perturbadores entre guitarras como calambrazos y terroríficos gritos de ultratumba. Aimless Roaming fuerza el engranaje todavía más, crimen contra la humanidad entre notas musicales que deviene en devastación total con la final Mvrk Diving, carga suicida y apocalíptica tras la cual te encontrarás vapuleado, vejado y sin esperanza. Esta no es música sobre Satanás, el poder de subyugación de la Naturaleza ni la simbología ocultista. No, aquí sólo hay lugar para la mierda que asola nuestras calles y vidas, nuestra existencia material, mil veces más terrorífica que cualquier demonio sumerio perdido en las cloacas de la Historia. Con un sonidazo de aúpa cortesía de Amaury Sauvé (Birds In Row, Calvaiire) y masterizado en los New Alliance East de Boston (Converge, Gaza, Xasthur), Lowgazers lleva la concepción de extremismo a un nuevo nivel, demostrando que más allá de los hypes de temporada la amalgama de géneros abre un abanico de posibilidades inmenso para los músicos del siglo XXI, siempre que detrás haya la suficiente carga de odio y bilis. 

Lowgazers cierra la boca tanto a puristas como modernos con ocho puñetazos en plena cara, híbridos malsanos entre el Mathcore, el Black Metal y el Grindcore que elevan el nivel de salvajismo dentro de la música extrema hasta cotas realmente atemorizantes. Con él bajo el brazo los galos Plebeian Grandstand nos escupen una de las obras más confrontacionales de los últimos años, amén de un recordatorio de los tiempos tan jodidos que vivimos. Que tengan huevos de llamarles posers.

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Reseña invocada por CTHULHU.