PORTAL – Ion (2018)

Todo es innominado, innombrable e incognoscible

Keiji Nishitani – La Religión y La Nada

Si hay una banda que ha llevado el terrorismo sónico del siglo XXI a sus últimas consecuencias, a la tan ansiada ruptura total y fuga de todos los pilares que lo mantenían unido a lo mundano, racionalizable y material, esa banda es Portal. Desde que debutaran en 2003 con el tremebundo Seepia, el quinteto australiano se ha erigido como la banda más confrontacional, rupturista y revolucionaria no sólo del extremismo metálico, sino de todo el espectro de un Arte sonoro contemporáneo donde los de Brisbane han entrado como una imparable invasión de plasma filamentado. Su propuesta, basada en un sonido lo-fi engarzado con un maelstrom de exuberancia técnica, ambientaciones sofocantes e imposibles disonancias, funciona al mismo tiempo como arte, filosofía y blasfemia, dejando en paños menores tanto a la música popular como a la culta y al mismo tiempo integrándose en las nuevas corrientes de pensamiento que, abrazando el fin y lo fútil de nuestra existencia en el Universo, buscan acabar de una vez por todas con la miope y perniciosa preponderancia del humanismo como paradigma de nuestro tiempo. Para ello Portal invocan un Caos absoluto, sobrecogedor, dañino, y nos lo escupen a la cara sin ningún filtro, obligándonos a confrontar la incognoscible virulencia que mueve el Cosmos y que convierte nuestro paso por él en una anecdótica nota a pie de página. Entregados a una evolución enroscada sobre sí misma pero siempre fiel a su intransigente visión del terrorismo sonoro, el enigmático quinteto regresa con Ion (2018, Profound Lore Records) para sorprender a más de uno pero continuar sobrecogiéndonos con una propuesta que lo ha cambiado todo…

Ion supone la mutación sonora más importante que han obrado Portal en sus 20 años de carrera, y aunque siguen emitiendo desde una galaxia devorada por una singularidad en el nexo entre infinitos universos alternativos, sus frecuencias han cambiado y pasado de tener como objetivo la asfixia de nuestra cordura al apuñalamiento de todos y cada uno de nuestros centros nerviosos. Su tan característica producción lo-fi ha dado paso a una mucho más límpida, donde las saturadas capas de batería ceden protagonismo a los imposibles arabescos guitarreros y los sofocantes graves a unos agudos que hieren con demente precisión clínica. Sobre el papel se trataba de un movimiento muy arriesgado, más si tenemos en cuenta a todos aquellos que les acusaban de no ser más que una banda de Death Metal del montón escondida bajo capas de ruidismo y sobresaturación, pero han salido victoriosos demostrando que lo suyo no es un truco de post-producción sino una propuesta que trasciende los detalles nimios, los géneros y los sonidos. Hoy más que nunca Portal se reivindican como una religión, un retorcido culto que no ofrece salvación sino tormento eterno, y cuyo camino hacia el éxtasis místico pasa irremediablemente por la pérdida de la cordura. Es más, si algo demuestra Ion es su capacidad para cegar tanto sumergiéndonos en densas oscuridades (su arma favorita en el pasado) como enfrentándonos a la abrasadora luz de mil soles, tan dañina como la más insondable de las negruras. “el exceso de tinieblas / es el fulgor de la estrella” (Bataille, Lo Arcangélico). Como mil navajazos se nos meten las guitarras de ESP ION AGE o la descomunal Phreqs en la piel, mostrándonos nuevas cotas de dolor en la infinita paleta de estos cenobitas en su búsqueda del horror trascendente, donde el receptor es el ajado lienzo viviente que media entre los profetas australianos y la Entropía, una ofrenda de dolor para la partera y enterradora de todas las cosas. La batería de Ignis Fatus, ahora desnuda de artificios, se lanza a un orgiástico frenesí rítmico que en cortes como Revault Of Volts amenaza con devenir en pura epilepsia, y en su impía unión con los imposibles quiebros guitarreros de Horror Ilogium y Aphotic Mote llevan el estado nervioso del oyente hasta casi sus límites para luego pulverizarlos en ese acto de terrorismo indiscriminado que es Spores, probablemente el tema más malsano que hayan grabado nunca. Cierra la abominación Olde Guarde y sus casi diez minutos de metraje, compendio perfecto de las virtudes de los “nuevos” Portal y cuyos meandros y bifurcaciones compositivas obedecen, tienen que hacerlo, a los oscuros e inasibles designios del algún poder superior, pues se hace difícil imaginar a cinco tipos de la soleada Australia pariendo algo así entre tragos de cerveza y risas. A pesar de la incomprensión, incluso el rechazo, que muchos profesan hacia la propuesta del quinteto, no hay ninguna duda de que nos encontramos ante una de las bandas decisivas para entender el Arte y el pensamiento de vanguardia de nuestro siglo, y su carrera se ha mostrado como una de las más revolucionarias e influyentes dentro de un extremismo metálico que con ellos ha vuelto a demostrar lo necesario y vital de su existencia. En este contexto Ion supone otra genialidad para todos aquellos que defendemos el extremismo como una vía hacia la trascendencia, aunque en ésta no haya más que un voraz y desolador Abismo.

Ion reafirma a Portal como una de las entidades artísticas más importantes del siglo XXI, en un acto tan vanguardista que se sitúa al final de toda existencia emitiendo a nuestro presente el irrevocable destino que nos aguarda. Con nuevas armas y la producción más limpia a la que jamás hayan recurrido, el quinteto australiano destroza todo centro nervioso que se le ponga por delante y por el camino nos regala otra obra maestra en una de las carreras más pavorosas y excitantes del espectro sonoro contemporáneo.

Reseña invocada por CTHULHU