PYLAR – A ella te conduce la sagrada espyral (2017)

“Hay diosas augustas que reinan en la soledad, sin que haya en su derredor ni espacio ni tiempo, y no puede hablarse de ellas sin experimentar una turbación indecible. ¡Tales son las madres!”

Goethe – Fausto

Habla la Historia, entre susurros, de una época remota preñada de misterio y estructuras pétreas en comunión con el útero que nos trajo a este mundo. Mucho antes de la tiranía del Dios Solar, de la concepción del mundo como una plaza más a conquistar, la Triple Diosa conectaba nuestra existencia con la inmensidad del cosmos. Puede que nuestra condición de seres condenados por la consciencia hiciera imposible tales lazos, pero jamás hemos estado tan cerca de comulgar con las energías creadoras de la existencia. También habla la Historia, con desconfianza, de individuos más allá del talento artístico y que se mostraban como mediums de esos poderes superiores, capaces de abandonar el Yo para ejercer como vehículos del Todo, de la pulsión primigenia que decide los designios de todas las cosas. Individuos como William Blake, Austin Osman Spare, Julian Cope… o como Pylar. Desde que se presentaran en sociedad con aquel inconmensurable Poderoso se alza en my (2013, Knockturne Records), los sevillanos se han convertido en una de las bandas más fascinantes y evocadoras del experimentalismo sonoro internacional, pues no están hechas las barreras del hombre para quienes hablan con la voz de la Diosa Madre.

En este sentido A ella te conduce la sagrada espyral (2017, Humo), su cuarto álbum de estudio, se muestra como un paso más en esta labor sagrada pero al mismo tiempo se reivindica como su mejor trabajo hasta la fecha, fluyendo con una naturalidad sobrenatural habida cuenta de los complejos territorios por los que camina el quinteto. Si en su anterior entrega Pyedra (2016, Alone Records) se entregaban a un ejercicio cerebral de interpretación de los antiguos designios, en su nueva criatura esas corrientes les atraviesan completamente, sin filtrar, y el resultado es un álbum mucho más fluido, natural, y por ende una experiencia de una evocación incomparable. Abrazando las hierofonías que tanto obsesionaran a Mircea Eliade, y con los estudios sobre la Diosa Madre de la gran Marija Gimbautas como punto de referencia, Pylar dinamitan tanto el concepto de música popular como el elitista de la culta en su búsqueda del éxtasis místico, aunque valiéndose del espíritu transgresor de la contracultura y de herramientas sonoras contemporáneas como el Krautrock, el Jazz o un Doom Metal que impulsa a todo lo demás en su búsqueda alquímica de la transformación a través de la repetición de movimientos. Esas aliteraciones, para ojos poco avizados, pueden manifestarse como simples vehículos de movimientos circulares, mas es la espiral la figura geométrica que se acerca a lo invocado por Pylar, un eterno retorno  a los mismos arquetipos pero enroscados sobre sí mismos, diferentes, mutados, siempre cambiantes en su eterno devenir. Así se nos muestra La de eternos rostros tras la ominosa apertura con Aguas primordiales, lamento demiúrgico que obra como desgarrador comienzo de la existencia, pues todo nacimiento lleva implícito el dolor del parto. Esos primeros y titubeantes pasos en la inmensidad del Universo se plasman en la inquietante Alza tu vuelo sobre la vasta oscuridad…, abrazando la cosmogonía del huevo cósmico con un movimiento serpenteante que nos lleva a la folclórica y enrosca tu vientre alrededor del cosmos…, liturgias preparatorias para un El huevo cósmico que alejándose de cualquier intento de traducción nos sumerge en dos minutos de opacidad trascendente, pues no está el Hombre capacitado para desentrañar lo que mora tras el Velo de Maya y sí para abrirse al éxtasis que supone confrontarlo. El Dios-Año, como Jano, conecta lo humano y lo divino a través de una composición solemne con reminiscencias de la música sacra, cercana a lo obrado por los primeros Orthodox y en la que recordamos el respetuoso sobrecogimiento con el que siempre nos hemos dirigido a la Divinidad masculina. Harina de otro costal es Diosa de la vegetación, puro caos experimental que nos muestra la indomabilidad de lo femenino conectando con la entropía cósmica lovecraftiana, ante cuyas mareas de creación y destrucción sólo podemos dejarnos arrastrar con temor reverencial. Pero es el cierre con Sagrada Espyral el que catapulta el álbum hacia la excelencia, recogiendo todo lo anteriormente expuesto y devolviéndolo al mismo punto… pero cambiado. El cosmos según Pylar, se trata de una composición ceremoniosa a la par que convulsa, pura dialéctica hegeliana donde lo único importante es el eterno ciclo de vida y muerte, y la transformación a lomos de esa serpiente cósmica que se enrosca sobre sí misma en un eterno movimiento a través de la opacidad del Universo. Y así, mediante ocho excepcionales cortes, experimentamos una de las obras más poderosas, trascendentes y evocadoras que nos haya regalado el underground sonoro en muchos años, una puerta a lo Sagrado por la que huir de la tiranía de la Razón

Pylar nos entregan con A ella conduce la sagrada espyral su mejor trabajo hasta la fecha, un tremebundo ejercicio de misticismo sonoro que dinamita todas las barreras y nos confronta con la Diosa Madre a través de un viaje donde el Kraut, el Jazz, la experimentación y el Doom Metal devienen en alquimia a través de la cual obrar la transformación del espíritu. No hay palabras…

Reseña invocada por CTHULHU.