RORCAL – Világvége (2013)

 

Desde que el hombre fue capaz de pensar en algo más que en su supervivencia inmediata y pudo fijar la mirada en las estrellas, las preguntas acerca del origen del mundo han sido una constante hasta nuestros días, e irremediablemente unido a esas preguntas surgía la incómoda cuestión de su fin, tejiendo alrededor de ello algunas de las más fascinantes historias que ha imaginado nuestra especie. Armageddon, Ragnarok, Apocalipsis, Weltuntergang o Világvége (en húngaro) son nombres con que las diferentes religiones, sociedades y mitos le han dado a tan magno acontecimiento, e independientemente de que creamos o no en ello (la concepción de un universo con principio y fin es acientífica por mucho que se empeñen los voceros del Big Bang) es indudable que en estos tiempos tan convulsos y trágicos que vivimos la posibilidad del fin del mundo (o al menos de nuestra especie siendo menos tremendistas y egocéntricos) es tomada en cuenta cada vez por más gente y tratada por numerosos artistas en los últimos años. A pesar de que este catastrofismo es algo recurrente en la Historia en épocas de crisis social y económica donde todos los viejos valores y normas se vuelven caducos y reaccionarios, no se puede negar que el arte surgido de la fatalidad está imbuido de una fuerza y desesperación inigualables, brindándonos algunas de las obras más perturbadoras jamás creadas. En esos oscuros terrenos habita Rorcal, quinteto suizo surgido a mediados de la década pasada y que hace tres años nos regaló el inconmensurable Heliogabalus (2010, Cal Of Ror Records), un álbum con un sólo tema mastodóntico (hora y diez) que suponía un descenso a los infiernos a ritmo de sludge, doom, ambient y drone. Por ello la noticia de un nuevo álbum de los helvéticos me produjo una mezcla de expectación y miedo, sentimientos ambos sobrepasados por el sorprendente salvajismo de Világvége (2013, Cal Of Ror Records).

 

Y es que si el black metal era algo que sólo se intuía en su anterior trabajo, en Világvége explota con todo su poderío para decirnos que el mundo fenecerá en el hielo… o el fuego, porque la virulencia e intensidad con que el quinteto se despacha puede hacer arder el planeta entero. Como haciendo realidad la cosmogonía glacial del infame Hans Hörbiger, durante casi 45 minutos creeremos estar asistiendo a un cataclismo de vastedad insondable con el hielo y fuego como eternos rivales cósmicos, antítesis dialéctica que parece sentar de maravilla a unos Rorcal que hacen de la tensión insoportable su principal catalizador compositivo. Sería complicado decir que los suizos han dado un salto de gigante atendiendo a la calidad superlativa que desplegaba Heliogabalus, pero es que tras sufrir de manera reiterada la escucha de Világvége no puedo sino admitir que de alguna manera lo han hecho, y llevándolo a su terreno arrivar en los laureados paisajes que habitan unos intocables como Deathspell Omega, a los que actualmente les unen no pocas similitudes sonoras. Y a diferencia de muchas formaciones actuales que sólo utilizan el black metal como envoltorio formal, Rorcal han abrazado el género con todas sus fuerzas y consecuencias, pero con el valor añadido de negarse a constreñirlo en sus propias barreras e intentar llevarlo un paso más allá. Para ello se han valido de armas bien conocidas por el quinteto y que funcionaron a la perfección en Heliogabalus: el sludge  (o más bien esa criatura que ha venido a llamarse sludge/doom), junto a esas negras ambientaciones en las que los suizos se mueven a las mil maravillas.

Así arranca el disco con la ominosa I, intro que tira de drone y percusión dislocada para adecuar nuestro cuerpo a la fatalidad que se avecina con la siguiente D, colosal muralla de sonido que es puro sludge plúmbeo e inmisericorde y que termina de pulverizarte con la desquiciada interpretación vocal del recién incorporado Yonni Chapatte. Como si de unos Sunn O))) del Juicio Final se tratasen, Rorcal abrazan el drone pero sin perderse en el ombliguismo eterno del que pecan muchas veces los estadounidenses, y con muchas más dosis de energía y mala hostia nos sueltan apisonadoras de la talla de Ii, éste sí un corte de gélido y furibundo black metal que en menos de cuatro minutos te deja el esfínter lleno de escarcha y dolor. V y IV continúan por la misma senda, una ventana al colapso de nuestra civilización con unas guitarras como escarpelos de cirujano anfetamínico y el señor Chapatte convirtiendo sus cuerdas vocales en una Black & Decker sonora, todo ello rodeado por el frío subyugador y glacial inherentes al género. Vii arranca de igual modo pero va mutando en un medio tiempo demoledor donde sludge/doom y black metal unen fuerzas para robarte las tuyas, y que finaliza con una perturbadora pieza operística que pone los pelos de punta. De auténtico crimen contra la humanidad hay que calificar a Vi, una de las composiciones más salvajes que hayan grabado nunca y que sin coger prisioneros ni dar clemencia te despedaza en el interior de su hiperactividad sodomita. La muerte afianza su reinado con la final Viii, otro medio tiempo hiperbóreo con Chapatte terminado de joderse la garganta y que deja al oyente devastado con sus volcánicos arranques de puro primarismo blacker. Un trabajo notablemente más breve que su anterior abominación hace de la concreción malsana su gran arma, y donde Heliogabalus nos avisaba del inminente final, Világvége sólo pude ser calificado como Apocalipsis entre notas musicales. 

Világvége no sólo es la gran obra de los suizos Rorcal, sino uno de los esfuerzos por recrear el Apocalipsis más atemorizantes de los que uno pueda «disfrutar» en el metal extremo. Sludge/Doom y Black Metal en su máxima expresión e imbuidos de transversalidad estilística para gritarnos que todo se ha ido a la mierda ante nuestros ojos, y puede que tan sólo seamos los patéticos fantasmas de los últimos habitantes de la Tierra. 

 

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Reseña invocada por CTHULHU.