SLUGDGE – Esoteric Malacology (2018)

¿Comprendes lo que le espera a tu civilización en sus últimos días? Ese agujero viscoso del altar no conduce a mi casa. Qué va hombrecillo; es la boca de nuestro padre, la Vieja Sanguijuela.

Laird Barron – El Rito

Hay varias maneras de afrontar este presente jodido y los nubarrones que encapotan el futuro, y aunque todas ellas sean igual de fútiles reportan beneficios bien diversos a quienes se decidan por unas u otras. Si hablamos de extremismo metálico y vanguardia sonora, la tendencia ha ido claramente hacia la opacidad trascendente, una suerte de misticismo negativo a través del cual gestionar una derrota cada vez más clara pero que se quiere afrontar con toda la dignidad intelectual posible, cual mezcla entre horror cósmico lovecraftiano y unamunismo estoico. Otra corriente, más subterránea si cabe, es la que comprende este cosmos “malignamente inútil” (Ligotti) y le suelta una grotesca carcajada, ahondando en la total ausencia de razón para, a sólo un pasito de la demencia, descojonarse a lágrima viva. En este grupo de juglares del apocalipsis entraría la interesantísima corriente literaria del “Bizarro” o, centrándonos en lo que nos ocupa, bandas inclasificables como los holandeses Monolith Deathcult o los galos Igorrr. Incomprendidos tanto por su transversalidad estilística como por su tono aparentemente superficial (sobre la contraposición entre ligereza y alta cultura podría despotricar un rato, pero no es el lugar), muchas veces son relegados al cajón de las anécdotas o, aún peor, tratados con condescendencia por quienes se han entronado en un altar de falsa intelectualidad.

Poco, muy poco, les importa esto a Slugdge, dúo de Lancashire que desde 2012 llevan regalándonos algunos de los trabajos más contundentes, ricos e hilarantes del extremismo metálico de esta década. Obsesionados con las babosas (sí, han oído bien) y el universo lovecraftiano, sus tres primeras referencias (impagables Born Of Slime y Gastronomicon) giraban alrededor de la ficticia deidad Mollusca, una pringosa entidad de otra dimensión ansiosa por entrar en la nuestra y someternos bajo el limo y la inmundicia, y cuya banda sonora era una furibunda amalgama de Black Metal, Death Metal y Sludge, con muchos paralelismos con sus compatriotas Anaal Nathrakh. Sin embargo, a medida que avanzaba su carrera tanto Kev Pearson (guitarra) como Matt Moss (voz) fueron vislumbrando un tapiz sonoro más adecuado a su demencia, y ampliando su arsenal crearon una propuesta realmente personal donde prácticamente había cabida para todo, siempre y cuando jurara lealtad a la más pura entropía. Esoteric Malacology (2018, Willowtip Records) es la culminación de dicha travesía, un viaje inclasificable y genial repleto de giros imprevisibles y mucosidades interdimensionales.

Sin duda alguna el quinto trabajo de los británicos (acompañados en la labor de grabación por el bajista “Moat” Lowe y el batería Alan Cassidy, este último de los exitosos The Black Dahlia Murder) supone la eclosión de una idea trabajada durante años y que, a pesar de la comicidad de su punto de partida, muestra más frescura, innovación y carácter revolucionario que muchas de las oscuras obras tan en boga en el actual terrorismo de vanguardia. No nos equivoquemos, Esoteric Malacology despliega brutalidad y primarismo a raudales, pero también toda una paleta de sonoridades que van muchísimo más allá de lo que podría esperarse en una banda de Death Metal y cuya carta de menú ofrece casi todos los platos que a uno se le puedan ocurrir dentro de la gastronomía metálica. Todos los temas están titulados como parodias de famosos discos o canciones de otras bandas (el disco hace referencia directa a Esoteric Surgery de Gojira, Transilvanian Fungus al Transilvanian Hunger de Darkthrone, Salt Thrower no hace falta ni mencionarlo, y así hasta completar los ocho cortes que componen el álbum), pero más allá de eso nos encontramos ante una propuesta personalísima que a lo sumo nos remite a los trabajos caleidoscópicos, casi alquímicos, de formaciones como Cattle Decapitation, aunque los ecos de Gojira puedan escucharse en las guitarras gargantuescas de temas como The Spectral Burrows. Si bien la constante mutación de recursos compositivos nos remite al Prog-Death más excelso, las endiabladas dinámicas que mueven los engranajes de Esoteric Malacology le insuflan un carácter completamente nuevo al asunto, sin renunciar a un gancho indefendible que deviene KO en Putrid Fairytale o ese inconmensurable cierre titulado Limo Vincit Omnia, en la que la imposible versatilidad vocal de Matt Moss se eleva como uno de los elementos clave a la hora de entender una joya como la que han parido Slugdge.  El guitarrista Kev Pearson lleva a cabo un despliegue de pirotecnia técnica y compositiva capaz de quebrar la cordura de cualquier imitador que ose acercarse a este ejercicio de monstruosa superioridad instrumental, un clínic de dominio de tensiones y contrarios en los que riffs ciclópeos, guitarras angulares, groove y armonías se combinan para desplegar una extraña psicodelia capaz de llevar al oyente a un estado extático muy cercano a la locura. O a la verdad, si es que ambas no son una y la misma cosa. Si no me creéis abrazad colisiones interdimensionales como Crop Killer o Salt Thrower, auténticas odas a la entropía que podrían poner banda sonora a joyas del maestro de Providence como El Color Que Vino Del Espacio. Esoteric Malacology invoca una hora de disfrute desatado, libre y adictivo, uno de esos casos extraños donde vanguardia y diversión se dan la mano para descojonarse de un final cada vez más cercano. 

Esoteric Malacology es probablemente el mejor disco que vayas a escuchar este año. Con él los británicos Slugdge han parido su gran obra maestra, una ensalada irreal donde babosas interdimensionales tocan Death Metal Progresivo y lo deconstruyen hasta convertirlo en hediondo y borboteante limo. No se puede tocar más ni mejor, ni hacerlo tan divertido. 

Reseña invocada por CTHULHU.