SUCCUMB – Succumb (2017)

Ni miedo ni esperanza acompañan al animal que muere

William B. Yeats

Si atendemos al Metal underground del nuevo siglo, al menos el más interesante, algunas de sus características principales vienen dadas por su espíritu experimentador y su cara de pocos amigos, deviniendo en confrontacionales e inclasificables obras de pura lija sonora que abandonan la solidez material en pos de opacos procesos de trascendencia. Mandando a tomar por el culo normas, ortodoxias y escenas, los nuevos terroristas del ruido se mueven transversalmente a través de los géneros tomando prestado cuanto necesitan para sus amedrentadoras liturgias, experiencias donde lo sonoro abraza el ocultismo, el horror cósmico lovecraftiano y el nihilismo más intransigente recreando como nadie toda la ira y el escapismo de este callejón sin salida existencial en el que nos encontramos. El cuarteto estadounidense Succumb entra como anillo al dedo en esta descripción, y en su debut homónimo (2017, The Flenser Records) han creado uno de los trabajos más cabrones y ásperos del año.

Surgidos de las cenizas de Cloak, y con la adición del excepcional batería Harry Cantwell (ex de Slough Feg y Bosse de Nage), Succumb se integran en la nueva ola de bandas extremas de vanguardia siendo capaces sin embargo de aportar una vuelta de tuerca a la arisca opacidad de sus compañeros de viaje, y proponiendo un auténtico tour de force transversal por los elementos más dañinos de la gran familia del Metal Extremo. Lo más sorprendente es lo acabado del corpus sonoro del cuarteto de San Francisco, ni una sola grieta en la coraza de un disco que no necesita mucho más de treinta minutos para despellejarte vivo y dejarte expuesta el alma a una negrura tóxica y sofocante, reflejando como pocos la desesperanzada y furibunda visión del mundo de toda una generación. Como comentaba, una de las principales virtudes del álbum es la inhumana capacidad de Succumb para amalgamar géneros, pudiendo recordar a Napalm Death, Voïvod, los primeros The Dillinger Escape Plan, Deathspell Omega o incluso Impetuous Ritual sin que el resultado devenga en pastiche o en un superficial ejercicio de fusión. Desde temazos de puro grind como Cold Black Earth (muy deudor de Napalm Death) capaces de dejarte sin aliento, a los inasibles ejercicios atonales de Bedchambers o la lisergia Black/Death de Survival, todo en Succumb se confabula en una misma dirección y somete la psique del oyente a una de las experiencias más exigentes y liberadoras que se puedan imaginar. Sería un pecado no mencionar  la labor de Cheri Musrasrik, una vocalista descomunal cuya variedad de registros lo mismo se pasean por el Punk que por el Death Metal, y que entre alaridos, proclamas y guturales refleja su amor confeso por literatos como Yeats, Zola o Jean Genet. Puede que muchos prefieran vivir mirando por el retrovisor, o apoltronarse cómodamente dentro de los parámetros de lo establecido, pero se estarán perdiendo a una brutal generación de creadores capaces de escudriñar la línea temporal, divisar el final del camino y entregarnos valiosos pedazos de nuestro irremediable futuro. Succumb se encuentran en esa liga, y a tenor de lo observado en su debut nos encontramos ante una banda capaz de cagarse en las etapas y directamente pugnar por prenderle fuego al presente. 

Succumb trasciende su condición de debut para posicionarse como uno de los grandes discos metálicos del año, una visionaria alquimia donde el Grindcore, el Death Metal y el terrorismo sonoro de vanguardia se alinean mostrando un tapiz tan asfixiante y opaco como liberador. Sorpresón mayúsculo.

Reseña invocada por CTHULHU.