THANTIFAXATH – Sacred White Noise (2014)

«Quería creer que aquel artista se había librado de los sueños y los demonios de toda sensiblería para explorar los placeres repugnantes y horribles de un universo donde todo se había reducido a tres crudos principios: primero, que no hay un sitio donde puedas ir; segundo, que no hay nada que puedas hacer; y tercero, que no hay nadie a quien puedas conocer.»

Thomas Ligotti – The Bungalow House (1995)

Pocos nichos hay tan efervescentes y creativos dentro del extremismo sonoro como ese amplio paraguas en el que se está convirtiendo el Black Metal, un género cada vez más poroso cuyas fronteras no paran de expandirse tanto a golpe de puro expansionismo como por la creciente inmigración procedente de los más diversos parajes estilísticos. Esto ha acarreado de manera inevitable el debate acerca de la pérdida de la esencia original, y no son pocas las voces que sin rechazar las pulsiones evolutivas sí piden que éstas provengan de las propias entrañas del género, sin interferencias foráneas. Para aplacar la «angustia» de todas esas voces llegan Thantifaxath, misterioso trío canadiense cuyo grito anónimo (no se conocen los nombres de los integrantes y esconden su apariencia bajo negros hábitos) ya atrajo la atención de la escena underground con su homónimo EP debut de 2011, un trabajo notable que ya esbozaba los pilares de su propuesta: disonancias, negras ambientaciones y un retorcido gusto por las progresiones. Tres años después han regresado con su esperadísimo debut en formato LP, un Sacred White Noise (2014, Dark Descent Records) que nos muestra a una banda muchísimo más conjuntada, autosuficiente y amedrentadora, así como dispuesta a colmar las esperanzas de todos aquellos que ven en ellos a los futuros líderes y guías del Black Metal.

 

 Sin entrar en aseveraciones de tamaño calibre, que hoy no me siento profeta, sí puedo decir que Sacred White Noise es uno de los trabajos más poderosos, fascinantes y personales que vayas a escuchar este año dentro del género. Compartiendo la filosofía compositiva de combos como Portal o Abysse, y cerca de los postulados de Deathspell Omega por su militancia blacker, Thantifaxath despliegan una propuesta donde las disonancias y los imposibles escorzos técnicos se ponen al servicio de una demencial visión de la existencia, aterradora por cuanto tiene de real, y donde la pericia del trío (que no es poca) nunca se subleva frente a unas ambientaciones y motor discursivo que se elevan por encima de cualquier aspecto concreto del álbum. Manteniéndose fieles a los cánones principales del Black Metal (aquí hay tremolo pickings y maratones de blast-beats para saciar a cualquier purista), los canadienses abrazan sin embargo una sorprendente y en apariencia imposible amalgama entre tensiones y fluidez, entre disonancias y melodías, que con el añadido de unos nada velados guiños al universo industrial deviene en un áspero y demolodeor manifiesto de nihilismo post-moderno. Títulos como The Bright White Nothing at the End of the Tunnel o Eternally Falling ya nos indican por dónde van los tiros, disparos cargados de rabia y cínico desencanto contra esa trágica farsa que es la existencia humana, amalgama atroz de condicionamiento social, vacuidad y un estúpido instinto de supervivencia. Siguiendo esta línea no sorprende que los motores compositivos de Sacred White Noise sean por un lado la más precisa de las ejecuciones técnicas batallando con unas ambientaciones y teclados cargados de ominosa irrealidad, como un agujero negro donde las leyes físicas y la imposibilidad lógica se dan la mano para destrozarte y enviarte a ignotos planos de pavorosa existencia. Incansables al desaliento y manteniéndote pegado al sitio mediante una insana fluidez, Thantifaxath nos regalan tres cuartos de hora de exquisitez malsana, un ejercicio de demolición pesimista donde lo mundano de nuestro periplo vital occidental abraza la desesperación de los grandes conceptos atemporales, confluyendo en una negrura hambrienta e inmisericorde como ese cosmos al que observamos con estúpida fascinación. No hay nada fascinante, racional ni amigable ahí fuera, y dentro de nosotros no encontraremos más respuestas que el grito cautivo de un alma fusionada grotescamente a los barrotes de la carne. Sólo eso es real. Eso y el sagrado ruido blanco.

Para los recién llegados Sacred White Noise será una de las grandes sorpresas del año. Para los que conocían a Thantifaxath la confirmación de todas las enormes esperanzas puestas en ellos. Y para todos un descomunal ejercicio de Black Metal en su vertiente más enrevesada y expresionista, una prueba más (por si hacía falta) de las infinitas posibilidades discursivas del género a la hora de escupir, ultrajar y negar las mentiras de la vida. Alabado sea el ruido blanco.

 

Reseña invocada por CTHULHU.