THE ATLAS MOTH – Coma Noir (2018)

Mejor buscar la sombra. El límite del bosque acecha más adelante.

Alan Moore – El Libro de la Serpiente

Uno de los pilares del metal extremo y experimental estadounidense del nuevo siglo ha sido su capacidad para aunar la negra psicodelia y el escapismo experimental de nuestros días con la crudeza material de géneros propios como el hardcore, dando como resultado propuestas que aunque diversas en sus preceptos sonoros aparecen unidas por su raigambre a este capitalismo metastásico que galopa desbocado hacia el fin de los días. Y es a través de esa objetividad lisérgica que se vuelve no sólo admirable, sino necesario, un movimiento en el que confluyen bandas tan diferentes como Leviathan, Neurosis o Locrian, y que nos abren los ojos a un tiempo donde realidad e hiperstición se hayan entrelazadas en una danza tan fascinante como macabra. También en este grupo se encuentran The Atlas Moth, quinteto de Chicago que lleva desde 2007 pariendo algunos de los trabajos más interesantes (e infravalorados) del extremismo sonoro de los últimos años, y cuya mutágena propuesta se ha caracterizado por estar en constante cambio y evolución llevándoles a compartir escenario con popes tan diversos como Boris, Devin Townsend o Bongripper. Desde unos comienzos apegados al Stoner y el Sludge a una evolución posterior en la que atmósferas y psicodelia cobraban cada vez más protagonismo (imprescindible su An Ache for the Distance de 2009), los de Illinois han ido dando muestras en los últimos años de querer hacer acopio de virtudes y mostrar, ya en la madurez de su carrera, que son capaces de cuadrar el círculo y maridar su amor por la oscuridad con el gancho y la inmediatez de la que es capaz su triunvirato de guitarristas liderados por el también vocalista Stavros Giannopoulos (mente maestra de The Atlas Moth y ex-miembro de los incomprendidos Twilight), que por otro lado nunca ha ocultado su amor por Metallica. Sin embargo nada nos había preparado para un artefacto como Coma Noir (2018, Prosthetic Records), sin duda su trabajo más visceral e inmediato hasta la fecha, pero que sin embargo también se muestra como uno de los álbumes más redondos de su carrera. Lo cual es mucho.

En su cuarto trabajo The Atlas Moth extiende aún más sus alas entregándonos una oda a la transversalidad estilística, siempre fieles a ese núcleo creativo que les ha erigido como una formación única en la escena pero no se ruboriza en buscar el filo rockero y un gancho inédito hasta hoy. Para ello han exprimido las posibilidades que brindan sus tres guitarras y sus múltiples permutaciones, así como la presencia de sintetizadores y un mayor rango de melodías vocales, todo un arsenal que unido a la áspera psicodelia marca de la casa devienen en una obra diferente, seductora y al mismo tiempo de una contundencia incontestable. Un gran ejemplo de ello es la gargantuesca Last Transmission From The Late, Great Planet Earth, una composición cuyos riffs hipertrofiados y la lija vocal de Giannopoulos nos recuerdan a otra grandísima banda infravalorada, los californianos Will Haven, y que junto a la inicial Coma Noir abren el disco con el cuchillo entre los dientes. Pero es con el transcurrir del minutaje que el álbum va destapando todas sus esencias, y Galactic Brain huele a victoria a golpe de sintetizadores, orfebrería guitarrera y unos coros con vocación de himnos extraplanetarios, moldeando el hit más redondo que jamás hayan compuesto los de Chicago. Tampoco hasta la fecha habían intentado The Atlas Moth invocar algo como The Streets Of Bombay, una fascinante gema sonora donde sintetizadores ochenteros, aromas al progresivo clásico, sonoridades orientales y furia hardcore se confabulan en uno de los cortes más ridículamente adictivos que vayas a escuchar este año. Como unos Deftones del lado oscuro se yerguen en la maravillosa Smiling Knife, otra exhibición de recursos guitarreros y que muestra la faceta vocal más versátil y desbocada de Stavros Giannopoulos, sin duda alguna otro de los puntos álgidos de un disco que a esas alturas ya ha alcanzado las estrellas. Es difícil, se diría imposible si no estuviéramos frente a ello, amalgamar géneros tan diferentes como el Noise Rock, la Psicodelia, el Sludge y el Heavy Metal sin caer en un pastiche herético, pero es precisamente lo que The Atlas Moth llevan a cabo y además convirtiendo tamaña alquimia en una obra genial, fresca y con un poder infeccioso mayor que muchos arsenales de armas químicas. Sería un crimen no destacar la producción de Sandford Parker, un señor que no contento con haber formado parte de algunas de las bandas más importantes del underground metálico estadounidense del siglo XXI (Minsk, Nachmystium, Twilight…) también es un mago a la hora de sacar partido a la unidad y lucha de contrarios en que se basa dicho underground, y que en el caso que nos ocupa consigue hacer brillar como merece uno de los grandes discos de lo que llevamos de año.

El cuarto trabajo de The Atlas Moth es una sorpresa y una reivindicación, la del talento sin límites de una de las grandes bandas del subterráneo metálico estadounidense. A su fascinante lisergia abrasiva los de Chicago han añadido un gancho inédito hasta la fecha, y más allá de las fronteras del Noise, la Psicodelia o el Sludge, han conseguido entregar otra genialidad que en está ocasión además de expandir la mente consigue destrozar las cervicales.