THE BRONX – IV (2013)

 

Es muy difícil no querer a The Bronx, porque una banda capaz de parir pepinazos de hardcore/punk rock  como sus tres primeros discos homónimos y luego pasarse a la música mexicana a través de su alter ego Mariachi El Bronx (consiguiendo curiosamente más éxito con los últimos) es digna de aplauso por su osadía y falta de prejuicios. Sin embargo los cinco años que llevaban los angelinos sin retomar sus raíces se antojaban demasiado para sus fans más ortodoxos, que con ansia desmedida aguardaban la salida de un IV (2013,  White Drugs/ATO Records) que a pesar de dicha vuelta a la senda originaria esconde más de una sorpresa en su interior. De estos culos inquietos no se podía esperar otra cosa.

 

Y es que aunque es indudable que IV no es un álbum de música mariachi tampoco nos encontramos ante esos mozalbetes apegados al punk que se abrían paso a dentelladas por los clubs de Los Angeles, mostrando en su última referencia un viraje multirreferencial con la inequívoca denominación de origen de su ciudad natal. Partiendo de una base cimentada en amalgamar la energía del hardcore con el rock de fugacidad explosiva, The Bronx demuestran su crecimiento como compositores añadiendo a la cópula estribillos y solos puramente hardrockeros junto a un gusto por melodías descaradamente pop. Otro de los aspectos a destacar es la apertura de registros vocales de Matt Gaughthran, al que el reto de la experiencia mexicana le ha sentado de maravilla ganando una versatilidad que en IV brilla con toda su fuerza. Abren el disco con sus armas de toda la vida, una inflamable The Unholy Hand cargada de sudor, velocidad de crucero y crítica social que sirve para elevar pulsaciones y hacer asomar la primera sonrisa de satisfacción en el oyente. Tras ello se mantiene la sensación de gloria pero aparecen las cejas enarcadas, ya que el disco despliega tentáculos y de sopetón nos entrega el corte más accesible que jamás hayan grabado, un Along For The Ride que lo podrían haber grabado unos Foo Fighters asalvajados.  Por si esto fuera poco en IV explota todo el amor que The Bronx tienen por Guns’n Roses, y cortes como Style Over Everything, Youth Wasted o Pilot Light suenan un huevo a las huestes de Axl Rose tras ser sodomizados en una casa okupa, con unos estribillos que en un mundo mejor se hartarían de llenar estadios. Las sorpresas no acaban aquí, ya que todavía quedan dos joyas como ese medio tiempo popero que es Torches (¿alguien dijo Weezer?) y Life Less Ordinary, una maravillosa balada ahogada en brea que (esta vez sí) recuerda a los discos de El Mariachi. Y así, entre punk y hard rock, guiños al pasado y sorpresas, se esfuma el disco más redondo de The Bronx y uno de los mejores discos de rock del año, un paso de gigante en una carrera que se antoja imprevisible pero siempre abonada a la excelencia.

No se que repercusión tendrá un disco como IV, pero en una realidad más justa que la nuestra debería sonar en todas las radios del planeta atendiendo a su calidad y cualidades, porque The Bronx han parido un maridaje entre punk y hard rock ante el que es imposible resistirse.

 

BUY IT!!! (White Drugs)

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Reseña invocada por CTHULHU.