THE KILIMANJARO DARKJAZZ ENSEMBLE – From The Stairwell (2011)

 

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Hoy os propongo una experiencia nueva, a ver qué os parece. Probemos a cambiar radicalmente de tercio y sumergirnos en sonoridades inéditas hasta la fecha en mi humilde morada. Para ello voy a hablar de una banda que en el poco tiempo que hace que les conozco (4 añitos) ya se encuentran entre mis grupos de cabecera. Y ya veréis que si les dais la oportunidad, descubriréis que aunque desde otras coordenadas de acercamiento, The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble manejan una propuesta más oscura y seductora que muchas de las bandas metálicas que juegan en la liga de la evocación tenebrosa. Tras ese raro nombre se esconde un sexteto holandés encuadrado dentro de esa etérea etiqueta que es el nu-jazz, cajón de sastre en el que se mete a toda banda que se salga de las ya de por sí laxas fronteras del género. La banda se forma en el año 2000 en torno a dos jóvenes genios multiinstrumentistas matriculados en la Utrech School Of Arts, y obsesionados con el cine de terror y sus ambientaciones. Jason Köhnen (también conocido como Bong-Ra en sus labores de DJ y terrorista sonoro; upright, bajo y piano) y Gideon Kiers (secuenciador, beats, batería) deciden completar la formación con Sarah Anderson (violín), Hilary Jeffrey (trombón, osciladores, rhodes), Eelco Bosman (guitara), Nina Hitz (chelo) y la más reciente incorporación, Charlotte Cegarra (voz, piano, xilofón, flauta y FX), con la intención de crear bandas sonoras para películas de terror imaginarias. En el año 2006 debutan con un album autotitulado, donde ya dejan anonadados al personal con una propuesta que fusionaba el jazz oscuro deudor del cine negro con el trip-hop, la electrónica y la experimentación, siendo sus mayores referentes los gigantescos Bohren & Der Club Of Gore. Sin el apoyo de ninguna gran discográfica ni medio de comunicación, TKDE comienzan a crecer gracias al boca a boca de los internautas fascinados por sus encantos, que los elevan casi a la categoría de culto y que explotan de placer cuando tres años después se edita el fantástico Here Be Dragons (2009), mucho mejor que el debut y una nueva vuelta de tuerca a su experimentación. Convertidos en referentes dentro del underground, el año pasado volvieron a la carga para reafirmar su condición con From The Stairwell, su mejor trabajo hasta la fecha y la banda sonora perfecta para una peli de terror expresionista.

From The Stairwell es una puñetera maravilla, y hará las delicias especialmente de los amantes del buen cine que viajarán entre sus notas a los clásicos del cine negro, del terror lisérgico y del expresionismo de Fritz Lang y Friederich Murnau. Rebajando el protagonismo que la electrónica ostentaba en anteriores ejercicios del sexteto, From The Stairwell deja total libertad a los talentosos músicos que lo componen para que sus instrumentos dialoguen con total libertad y espacio compositivo, pero sin perder de vista el espíritu aventurero y experimentador del que siempre ha hecho gala TKDE. Es complicado, muy complicado, describir con palabras la propuesta encerrada en el álbum, pues estamos más ante un trabajo dirigido a la sensorialidad y capacidad evocativa del oyente que a su raciocinio, que se verá completamente eclipsado durante la hora larga de metraje del disco. Incluso los parajes oníricos que invoca la banda se mueven entre capas de contradicción dialéctica, sonoridades encontradas que combaten a muerte y se destruyen dando como resultado de la refriega un ente superior, incogniscible y de una belleza irresistiblemente cautivadora. From The Stairwell es la celebración del amor entre impresionismo y expresionismo, la charla animada entre la calidez y la soledad gélida, entre las melodías embriagadoras y los incómodos estragos de las notas disonantes. From The Stairwell son las sombras de nuestro periplo vital, nuestras bajezas, pero al mismo tiempo nuestros talentos desbordados y nuestra capacidad para ser más grandes que la vida misma, de elevarnos sobre la materia y sus anclajes mundanos huyendo libres a lomos de nuestra imaginación sin límites. Con una versatilidad infinita, el álbum es capaz de seducirnos con maravillas de belleza comedida como las jazzísticas White Eyes o All Is One (década de los 50 en todo su esplendor), maravillarnos con la soberbia clase y la intriga de Giallo o someternos a incómodas travesías de la mano del noise y el ambient oscuro de Cocaine o Past Midnight. Si esto no nos es suficiente, de regalo nos escupen esa genialidad que trota a ritmo de trip-hop y que responde al nombre de Cotard Delusion. Y a pesar de sus infinitos tentáculos From The Stairwell supone una escucha tremendamente compacta y coherente, una orgía sensorial y una invitación al escapismo que se refugia en los inalcanzables senderos del subconsciente para desembocar en el corazón del mismísimo Universo, que no es otro que el nuestro.

Grandioso, evocador y terriblemente bello. Hasta aquí las palabras, porque un trabajo como este está hecho para ser descrito con los latidos del corazón y las pulsiones de nuestros deseos más ocultos. De obligada escucha para todo aquel que se jacte de tener alma.