THE RUINS OF BEVERAST – Exuvia (2017)

Así que me siento aquí. Un nuevo chamán americano, adivinando el futuro a partir del sonido de los coches.

Warren Ellis – Camino Tortuoso

Que Alexander von Meilenwald es uno de los talentos más importantes del extremismo metálico del nuevo siglo es algo que sabe de sobra todo aquel que es capaz de ver, y escuchar, más allá de la frágil corteza del mainstream. Muy por debajo de ésta, y ya casi cerca del núcleo, se mueve la abrasadora y fluida carrera de The Ruins Of Beverast en una inagotable espiral de cambio, movimiento y evolución, una criatura poliédrica y transversal capaz de dinamitar todas las barreras estilísticas mientras actualiza la mitología grecorromana o entona furibundos gritos de guerra contra un mundo moderno al que fagocita sin pedir permiso ni perdón. Con clásicos modernos a sus espaldas de la talla de Rain Upon The Impure (2006) o el descomunal Foulest Semen Of A Sheltered Elite (2009), el compositor germano regresa ahora con un Exuvia (2017, Ván Records) que nos recuerda por qué su música juega en otra liga.

Exuvia, que puede entenderse como el exoesqueleto dejado atrás por los artrópodos tras la muda, o que indagando un poco más hace referencia a los elementos de ropa o partes del cuerpo arrebatados al enemigo como trofeo y para su uso por los hechiceros de numerosas sociedades primitivas, abraza ambos significados por igual. Y es que por un lado el quinto trabajo de The Ruins Of Beverast vuelve a reinventarse, expandiendo aún más sus zarcillos estilísticos pero manteniendo intacto el genoma de convulsa trascendencia que sirve de motor al proyecto, mientras que por otro lado estamos ante su trabajo más ritualístico, enclavado en su incansable búsqueda de los más oscuros rasgos definitorios de la sociedad humana. Pero lo verdaderamente valioso de la música de Alexander von Meilenwald es el modo en el que actualiza esas raíces reclamando su significado a través de instrumentos eléctricos, en un contexto dominado por los nuevos paradigmas de la era posindustrial y la profunda crisis espiritual de Occidente. Es ahí donde Exuvia encuentra su morada y medra, deviniendo en una obra ciclópea (más de una hora de duración) cuyo carácter multirreferencial muta por obra y gracia del talento de von Meilenwald en una obra más allá del cauce temporal, siendo capaz de absorber el pasado, dinamitar el hoy y disipar las brumas que opacan nuestro futuro. El uróboros que nos muestra lo inútil de nuestros esfuerzos, pero también nuestra trágica grandeza, y que aquí atraviesa de manera sorprendente diversas mitologías dentro de su voraz visión unificadora. Desde los nativos americanos (Takitum Tootem!) a la mitología clásica (The Pythia’s Pale Wolves) pasando por la cosmogonía vikinga (Surtur Barbaar Maritime), todo se integra en la convulsa (y acertada) visión que The Ruins Of Beverast tiene de nuestra especie, y en un ejercicio parecido de forma musical nos encontramos ante un álbum capaz de hacer suyos los preceptos del Doom, el Black Metal, la Psicodelia de corte más oscuro y el Metal Industrial. Cual argumento sonoro de la dialéctica hegeliana, Exuvia es al mismo tiempo el trabajo más experimental del alemán y el más accesible, una unidad y lucha de contrarios que se eleva a un nivel superior a través de joyas como la su corte inicial (que da título al disco), 15 minutos cercanos al Death-Doom y que en su tramo final te vuelan el cerebro a través de la voz limpia de von Meilenwald, maravillosos arabescos guitarreros y vulcanismo compositivo. Surtur Barbaar Maritime es lo más cercano a un hit que le hemos oído a jamás, una épica apisonadora donde coros, guturales y un mutante corpus sonoro se confabulan para recordar a Surt, el temible soberano de Muspelheim que según la mitología nórdica encabezará las hordas que prendan fuego al mundo. Maere (On A Stillbirth’s Tomb) combina alucinantes cambios de tempo y tonalidad en un mar de voces de ultratumba, bajos descomunales y algunos de los mejores riffs del año, conviviendo todo ello con exquisitos elementos de electrónica que conducen la composición a un clímax de puro éxtasis trascendente. The Pythia´s Pale Wolves nos vuelve a pillar a contrapié acercándose a esa amalgama de gótico e industrial que tan bien manejaban Type O Negative, y que a lo largo del cuarto de hora en que se desenvuelve el corte copula con los momentos más agresivos del disco, ambientaciones catedralicias y bellísimas voces femeninas. Towards Malakia abre con cánticos de nativos americanos, y golpea con toda la furia de tan noble pueblo, siendo éste el corte más “metálico” y con algunos de los riffs más potentes jamás exhibidos por The Ruins Of Beverast, de nuevo coqueteando con el Doom más hipertrofiado. El álbum cierra con otra joya, Takitum Tootem (Trance), versión de corte más electrónico de la incluida en su EP del mismo nombre con fecha del año pasado, y que deviene en una espiral mántrica a caballo entre Burzum y los Blut Aus Nord industriales pero con todo la explosiva cosmicidad que siempre acompaña al genio germano. Más de una hora que se siente como media, o que como a un servidor le saca del torrente temporal para viajar a la tierra de los dioses, los mitos y los arquetipos, de nuestro sueño colectivo de ser algo más que consciencias atrapadas en frágiles cuerpos en descomposición. Y todo ello gracias al chamanismo de un Alexander Von Meilenwald que va camino de agotar todos los epítetos sobre una carrera simplemente alucinante. 

Exuvia es el disco más experimental y transversal de la carrera de The Ruins Of Beverast, pero de una manera casi imposible también deviene en su obra más accesible. Y es que el quinto trabajo del genio germano Alexander von Meilenwald hace suyos los preceptos del Black Metal, el Doom, la Psicodelia, el Ambient y el Metal Industrial para sacarte de la línea temporal, hacerte observar su cíclica inutilidad y acto seguido mandarte de una patada a otra galaxia. OBRA MAESTRA.

Reseña invocada por CTHULHU