THE SOULBREAKER COMPANY – Graceless (2014)

“Con las mejillas enrojecidas en colas de autobuses mal iluminadas, no conseguimos recordar nuestros sueños”

Alan Moore – El Amnios Natal

 

Madurez. Pocas palabras provocan tanta diversidad de reacciones en el músico y el aficionado como la maldita madurez. A veces hoja de parra con la que cubrir las vergüenzas o la pérdida de la magia, otras certera alusión al estado de crecimiento compositivo de una banda, lo que está claro es que la palabrita de marras seguirá haciendo correr ríos de tinta y encendiendo etílicas discusiones de tasca rockera, como mínimo hasta que un cataclismo nos borre de la faz de la Tierra o el Rock acabe definitivamente convertido en pieza de museo. Y madurez es la palabra que muchos están enarbolando respecto a Graceless (2014, Alone Records), cuarto largo de los gasteiztarras The Soulbreaker Company y uno de los discos más esperados del año habida cuenta de que su anterior referencia, Itaca (2010, Alone Records), supuso uno de los mejores discos de rock salidos del Estado español y que sin despeinarse podía tumbar a gran parte de los ofrecidos por mediáticas formaciones escandinavas y anglosajonas. Aquel era un disco que se desmarcaba de la moda apegada a los riffs sabbathicos y el Hard Rock bluesero (del que ellos mismos partían) para desplegar un tapiz sonoro lleno de texturas, toneladas de clase y un mayor acercamiento a los terrenos progresivos de finales de los 60, cuando todavía el género iba de la mano de un cuidado manejo de las melodías. Graceless ahonda en esa senda, se impulsa hacia delante, e independientemente de los gustos particulares de cada uno, nos muestra a una banda que se niega a ponerle freno a su crecimiento (sí, los músicos también son personas, de esas que si no son momias cambian, crecen y… maduran).

Graceless marca un paso adelante bastante coherente y lógico respecto a lo expuesto en Ítaca, pero de zancada tan larga y nutrida de nuevos elementos que bien podría pasar por un cambio de rumbo al más despistado, o incluso echar para atrás al hard rockero menos flexible. Sin embargo eso no resta ni un ápice de calidad al nuevo trabajo de The Soulbreaker Company, que de nuevo se erige como uno de los grandes candidatos a disco del año en las grandes ligas rockeras internacionales, aunque éstas sigan empeñadas en ensalzar a aburridos hypes de temporada. El sexteto vasco ha conseguido moldear una propuesta donde el blues se divorcia del guitarreo sudoroso para tener un affair con el Rock Progresivo, alzar el vuelo a golpe de Space Rock primigenio, seducir con el terciopelo lisérgico de los The Beatles más drogatas o 13th Floor Elevators e incluso girar entre espirales sonoras de hipnótico Krautrock. Así de golpe la cosa puede sonar indigesta, pero teniendo en cuenta que los ingredientes están repartidos en diferentes cantidades (la base de Graceless es inequívocamente rockera y su punto de partida principal), el resultado es un trabajo donde una miríada de matices bullen esperando a ser descubiertos bajo una engañosa apariencia de austeridad. Esa desnudez superficial se alía con el espíritu de un Graceless tremendamente melancólico, cuyos tonos grises van desde el exquisito artwork de la edición física a una música ideal para echar la vista atrás y pensar en todos los sueños perdidos, los buenos momentos que murieron y ahora nos disparan desde la trinchera de los recuerdos, la devastadora posibilidad de haber vivido ya lo mejor de nuestras vidas. Pero incluso en la tristeza la imaginación reina, y lejos de convertirse en una aburrida banda de folk llorón The Soulbreaker Company pintan un exhuberante cuadro lleno de infinitas tonalidades grises, grande como un pasado que no para de crecer con el tiempo y vasto como el Universo donde habita toda existencia. No es Graceless un disco tan inmediato ni «amable» como Ítaca, pero sin embargo cuenta con no pocos temas de gancho indefendible, caso de la inicial y circular Many So Strange o una preciosa How Will We Get By que podría haber estado en su anterior trabajo, sin olvidar una You cuyos juegos vocales nos remiten a ese pop psicodélico de finales de los 60 (e incluso a la denominada Escena de Canterbury con bandas como Quiet Sun o Gong). Otros cortes hacen gala de un espíritu más expansivo, menos asible pero con una mayor carga evocadora, y donde los teclados de Oscar cobran protagonismo junto a unos exquisitos arreglos de cuerda, convirtiendo temas como Dust From The Stars o Rain Or Shine en auténticas exhibiciones de clase ultraterrena. La producción a cargo del insigne Liam Watson (White Stripes, The Zutons, Tame Impala…) consigue dotar a Graceless tanto del imprescindible sonido añejo que requiere un trabajo de estas características como de un aura actual que les emparenta con combos como Black Mountain o Crippled Black Phoenix. Como ya digo son muchas las lecturas que ofrece el álbum, un trabajo que bajo su aparente superficie espartana esconde el ejercicio más detallista que jamás hayan parido los vascos, con un Jony que sin necesidad de exhibiciones canta mejor que nunca, una dupla Asier/Dani que llevan las texturas guitarreras a otro nivel y una sección rítmica capaz tanto de ofrecer cuerpo y pegada como de abrazar las mecánicas hipnóticas del Kraut, y que se confabulan para regalarnos otra obra de pura orfebrería Rock. Gracias de nuevo, tíos.

Graceless nos muestra a unos The Soulbreaker Company más sosegados y melancólicos pero igual de excelsos, menos apegados al Hard Rock bluesero y más al Pop Psicodélico y el Rock Progresivo de finales de los 60, y que de nuevo han parido una obra llena de clase y exquisitez compositiva. Ajenos a modas, tendencias o hypes de temporada, el sexteto sigue a lo suyo y manteniéndose como una de las bandas más talentosas de la arena rockera internacional. 

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Reseña invocada por CTHULHU.