TRIPTYKON – Melana Chasmata (2014)

“Ven, Muerte, que eres nuestro digno invitado”

Der Kaiser Von Atlantis (1943) – Viktor Ullmann/Peter Kien

 

Hablar de Tom G. Warrior es hacerlo del talento más visionario y revolucionario del Metal Extremo, género del que ha sido padre, guía y actualmente estandarte por encima de subgéneros y fronteras. Habitando un universo creativo voraz y omnívoro, su periplo tanto en Hellhammer como en Celtic Frost cimentó las bases para el nacimiento del Death Metal, el Black Metal y el Doom Metal británico, además de anticipar la venida de géneros tan diversos como el Metal Gótico y el Metal Industrial. De su mano la música popular devino en vanguardia, obra y gracia de un genio expresionista obsesionado con el lado oscuro de la existencia y la continua búsqueda de nuevos horizontes. Mas allá de clichés y poses, su propuesta sigue siendo la única que comprende toda la potencialidad del Metal, ese escenario “más grande que la vida” donde Lovecraft sueña pinturas de H.R. Giger (que de nuevo presta a Warrior una de sus obras), Wagner presta su épica a la revolución de Schönberg y Emily Brontë llora ante el Pandemonium de John Martin. Un mundo onírico más allá de la realidad, envuelto en sombras y donde tan sólo la Muerte es real. A través de ese maelstrom incomparable nos llega Melana Chasmata (2014, Century Media), segundo largo de su actual banda Triptykon que viene a reafirmar no sólo el excepcional estado de forma del viejo guerrero, sino también su intocable estatus de rey del género.

Melana Chasmata se aúpa sobre su predecesor Eparistera Daimones mostrándonos a una banda mucho más conjuntada y, como consecuencia de ello, capaz de comprender a la perfección las pulsiones creativas de Warrior. Y cuando el talento del suizo puede fluir con libertad el único techo es el Cielo. O el Infierno. A través de su capacidad innata a la hora de desdibujar géneros y ponerlos al servicio de una idea superior, sus Triptykon consiguen de nuevo atrapar las esencias del Black Metal, el Doom y el Death Metal, y supeditarlas a la conformación de una obra colosal donde el existencialismo se da la mano con el ocultismo, la demonología y la magia negra. Aunque en líneas generales podemos decir que Triptykon son continuadores de la última etapa de Celtic Frost encarnada en el genial Monotheist, y que los tempos medios y lentos cimentan todo el andamiaje superior, sería un error reducir un álbum como Melana Chasmata a la categoría de Doom Metal, pues es tal la riqueza de recursos y la gama de matices que atesora su nueva obra que la mirada debe alzarse para captar toda su magnitud. Una medida ciclópea que es capaz de atraer con su campo gravitatorio joyas góticas como Boleskine House, el expresionismo industrial de Demon Pact (reminiscente de Apollyon Sun, el ex-proyecto al uso de Warrior), guiños a la época experimental de Celtic Frost en Into The Sleep Of Death, la épica oscura y sobrecogedora en Black Snow o esa fascinante composición final que es Waiting, donde atmósferas terroríficas y una psicodelia retorcida conviven con pinceladas de blues pantanoso. Podríamos hablar también de los guiños a la música oriental en Tree Of Suffocating Souls o las cabalgadas thrasheras que se reparten a lo largo y ancho del álbum, así como de la poderosa manera que sigue teniendo Warrior a la hora de fusionar las caras más primigenias del Death Metal y el Black Metal, pero simplemente estaríamos distrayendo la mirada del bosque parándonos a mirar la fastuosa diversidad de árboles que lo componen. La producción es perfecta y llena de claridad con la que hacer justicia a los instrumentos en liza, bofetón a todos aquellos que piensan que para ser “true” hay que utilizar una grabadora de cassette o los que gustan de saturar su sonido con graves imposibles y pedaleras fuzz. La calidad ni se rebaja ni se disfraza, se muestra orgullosa y desafiante al mundo. Muchos argumentarán que por mucho que sea el nivel de Melana Chasmata es imposible que se pueda equiparar a clásicos como To Mega Therion o Satanic Rites, y si hablamos en términos de trascendencia tendrían toda la razón. Pero si tenemos en cuenta que Tom G. Warrior es el único compositor que ha sabido comprender en su totalidad el Metal Extremo y plasmarlo por encima de los cotos privados de cada subgénero, entonces cada obra maestra que nos regala está investida de un valor añadido, de un aura de excepcionalidad que a la vez es recordatorio del por qué cientos de miles de locos seguimos amando esta música oscura, difícil y genial. Y por eso, sólo por eso, el viejo guerrero siempre estará por encima de todos los demás.

Melana Chasmata nos vuelve a mostrar el inalcanzable talento compositivo de Tom G. Warrior, padre del Metal Extremo y defensor del género como mucho más que la suma de sus ramificaciones. Suya sigue siendo la visión más completa e integradora, la más coherente y, esta vez de la mano de Triptykon, la más excelsa de cuantos han intentado capturar la esencia del extremismo metálico. Él sigue siendo el visionario, el genio, el expresionista por encima de barreras estilísticas y temporales. Y los demás nos postramos ante su obra.

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Reseña invocada por CTHULHU.