VALBORG – Endstrand (2017)

“Y la tierra quedará totalmente destruida y el cielo contaminado, y la oscuridad cubrirá la tierra”

Robert de Grimston – Satanás en Guerra

Valborg son uno de los casos más especiales del panorama metálico internacional. Con seis discos en nueve años, unas cuantas giras europeas a sus espaldas (la última la que les traerá al Estado espñol acompañando a Inquisition y Pillorian) y los halagos del mismísimo Tom G. Warrior (que les calificó como una banda “única y tremendamente original”), el trío de Bonn lo tiene todo sobre el papel para dar el salto a la primera plana… si no fuera porque son incapaces de estarse quietos. Desde unos inicios apegados a Hellhammer en ese demoledor debut que fue Glorification Of Pain (2009, Vendlus Records), los germanos han explorado las posibilidades del Industrial, el Post-Punk, el Doom e incluso las ambientaciones de corte más negro, y aunque no se puede decir que sean realmente originales (sus discos remiten directamente a los popes de los géneros tocados) hay que quitarse el sombrero con la maestría que muestran a la hora de saltar de un estilo a otro. Endstarnd (2017, Prophecy Productions) marca otro quiebro en su carrera, en el que miran a sus furibundos inicios pero sobre una paleta infinitamente más rica, y que se muestra capaz de seducir y romper cervicales al mismo tiempo.

Al igual que el recorrido vital de Valborg tampoco su última criatura es un dechado de originalidad, pero sí un misil sonoro del que no querrás bajarte nunca mientras sueñas con inviernos nucleares y futuros post-apocalípticos. Espartano, contundente y de aires marciales (además de cantando en la lengua de Goethe), Endstrand es un disco de espíritu claramente germano por más que sus influencias provengan de otros lares, y nos muestra a una banda capaz de parir un tema redondo tras otro sin necesidad de superar los dos o tres minutos de metraje. El inicio con puñetazos de la talla de Jagen o Blut am Eisen te dejan literalmente sin aliento, y se muestran como el cruce imposible entre los Gorefest del Chapter 13 y Killing Joke, con el plus de una interpretación vocal que es pura demencia teutónica. La banda de Jaz Coleman es uno de los grandes referentes de Valborg a lo largo de los años, así como el universo creativo de Tom G. Warrior que aquí se muestra vía Celtic Frost (época Monotheist) y Tryptikon en las negrísimas Bunkerluft y Geistirwerde, temas que marcan el meridiano del álbum y ayudan a coger aire para la segunda andanada de hostias. Éstas llegan con la hipervitaminada Alter, la ciclópea Plasmabrand o esa salvajada que responde al nombre de Ave Maria y que es uno de los grandes hits de lo que llevamos de año. Es imposible no rendirse ante el trío cuando pone la quinta en su genial amalgama de Death Metal espartano y Metal Industrial, y ese final de la mano de Atompetze, Strahlung y la bárbara Exodus me hacen soñar con verles algún día abriendo para Godflesh. Pocas pegas, casi ninguna más allá de estar situado en terrenos ya conocidos, se le puede poner a un disco simplemente redondo con un surtido de canciones simplemente indestructible, y que es una de esas obras infecciosas que te puedes pinchar en bucle hasta que llegue el apocalipsis del que hablan, gritan, sus letras. Argumentos de sobra para elevar Endstrand unos cuantos peldaños por encima de la mayoría de discos de 2017.

Valborg vuelven a sorprender con uno de sus trabajos más inmediatos y adictivos, mezcla perfecta entre Death’n Roll, el Industrial y el Post-Punk metalizado de Killing Joke que contiene auténticos himnos entre visiones de oscuros búnkeres, hongos nucleares y paisajes desolados. Endstrand es otra prueba más del genial eclecticismo del trío germano, y se postula como uno de los discos más redondos del año. Bendito Apocalipsis.

Reseña invocada por CTHULHU.