VEIN – errorzone (2018)

¿Al final? Nada termina, Adrian. Nada termina nunca.

Alan Moore – Watchmen

En un género tan rígido formalmente como lo es el hardcore, la innovación viene la mayoría de veces a través de la reinterpretación de unas reglas que son poco menos que inamovibles. Beber de varias fuentes, alterar las proporciones de la mezcla alquímica o incluso incorporar elementos foráneos son algunas de las herramientas de las que se valen las nuevas generaciones de hardcoretas para seguir manteniendo viva la llama de un estilo que, no nos olvidemos aunque alguno se ponga de uñas, tan importante ha sido en el devenir del metal extremo. Lo que diferencia al joven quinteto Vein, procedente de Boston, no es tanto que se salgan de esta tendencia sino las fuentes elegidas para nutrir su propuesta, algunas sobre el papel heréticas pero que puestas en marcha nos han regalado con errorzone (2018, Closed Casket Activities) el gran sorpresón del año.

27 minutos. Es todo lo que necesitan Vein para, sin reinventar la rueda, peinarnos la raya a un lado con un disco que sin embargo se siente tremendamente fresco y contemporáneo. ¿Su fórmula? Partir de los caóticos preceptos de los primeros Converge o Botch, añadirles unas programaciones que inevitablemente nos llevan a pensar en Slipknot y rematar el caldo con unas gargantuescas guitarras de siete cuerdas made in Korn. A estas alturas muchos habréis salido corriendo, y no os culpo, pues el nu-metal supuso una de las páginas más bochornosas de la historia de la gran familia metálica (podríamos salvar algunos renglones, aunque eso daría para un debate muy largo que no va a darse aquí ni ahora). Y aunque no os culpara de huir también os advierto de que os estaríais perdiendo un trabajo alucinante, capaz de compaginar una agresividad desbocada con una pericia técnica superlativa y que os tendrá agarrados por el cuello durante los once cortes que componen esta joya. Una escucha al bestial inicio del disco con Virus://Vibrance señala el por qué Vein consiguen salvarse de la quema y reclamar la corona, apuntando a una apropiación de elementos descarada, sin prejuicios, y supeditada al caos cinético que mueve el motor de los de Massachusetts, pura contundencia anfetamínica que no necesita más de dos minutos para finiquitar unos temas capaces de tirar abajo muros de carga. Cortes como End Eternal, Demise Automotion o Rebirth Protocol les acercan a bestias pardas como Harm´s Way por lo hipermusculado de sus riffs y lo frontal de sus arremetidas, mientras que barbaridades de la talla de Broken Glass Complexion pueden recordar a las otras jóvenes promesas del hardcore, Code Orange. También ganan cuando cocinan los temas a fuego lento, caso de una Doomsday que renuncia a la cinética para abrazar la pura fisicidad de unos riffs incontestables apoyados por el contrapunto de unos coros fabulosos y rabiosamente noventeros, algo que se repite en la fugaz y maravillosa Untitled. Pero lo que eleva a errorzone a los cielos es su condición de enfant terrible, valiente como para apropiarse de chatarra tirada a la basura tiempo atrás y con el genio necesario para construir con ella un robot gigante que destroza todo a su paso. Menudo futuro tienen por delante…

Si me dicen hace unos meses que de la unión de metalcore 90’s y nu-metal podía salir algo potable me hubiera descojonado vivo. Tras escuchar errorzone me tengo que callar y postrarme ante uno de los discos más redondos  y contundentes de 2018, y dar la bienvenida a los jovencísimos Vein a ese selecto grupo de promesas encabezado por bandas como Code Orange. Sorpresón.

Reseña invocada por CTHULHU.