YOB – Clearing The Path To Ascend (2014)

«Resistir el cambio, tratar de aferrarse a la vida, es por lo tanto como contener el aliento: si continúas, mueres.»

Alan Watts

De entre todos los subgéneros metálicos, que en la actualidad se cuentan por cientos, el Doom ocupa un lugar predominante a pesar de lo minoritaria que es su audiencia en comparación con muchos de sus hermanos. En primer lugar podríamos hablar de su longevidad, enraizada en las primeras obras de Black Sabbath y Pentagram, y que durante cuatro décadas se ha mantenido en movimiento bajo los subterráneos del mainstream metálico, ajeno a cuantas modas y tendencias se imponían en la superficie. Pero también podríamos hablar de su adaptabilidad, la capacidad del Doom para mantener su esencia plúmbea y al mismo tiempo acoger en su seno una miríada de refugiados de otros géneros, incorporando de paso tanto sus estéticas (como concepto artístico) como las diferentes filosofías que los nutren. Del satanismo light y teatralizado de Black Sabbath al oscuro existencialismo de Saint Vitus pasando por la épica de Candlemass, las filas de la tectónica sonora fueron creciendo con las incorporaciones del nihilismo urbano proveniente del Sludge, las heréticas proclamas del Black Metal y, al mismo tiempo, empapándose de una espiritualidad casi religiosa de la mano de formaciones como OM o los protagonistas de hoy, YOB.

 

Y es que banda de Oregon liderada por el genio Mike Scheidt ha conseguido en sus casi 15 años de carrera consolidarse no sólo como una de las formaciones de Doom más importantes del nuevo siglo, sino también demostrar con su búsqueda sonora y espiritual que en el género hay espacio para la trascendentalidad, en su caso fuertemente influenciada por las doctrinas filosófico-religiosas de Oriente. Centrándose principalmente en sus aspectos más oscuros y convulsos, en la aceptación de la fatalidad como inherente a la existencia, discos como Catharsis o The Great Cessation eran la elevación de dichas reflexiones a la categoría de cataclismos cósmicos, ciclópeos altares sonoros capaces de tumbarte tanto por su fisicidad como por su negra esencia metafísica. O eso era hasta ahora, pues con su séptimo disco de estudio, Clearing The Path To Ascend (2014, Neurot Recordings), el trío ha terminado de impregnarse de desdicha para exhalar, elevarse y rozar con la yema de los dedos la iluminación.

 Este cambio, para el que haya podido alarmarse, ni es rupturista ni totalitario en el discurso de Clearing The Path To Ascend, sino que más bien incluye una etapa más en la travesía sonora del álbum que le otorga cierto aire conclusivo, a diferencia de trabajos anteriores donde los de Oregon se conformaban con hundirse en un infinito océano de cataclismos. Aquí cada momento, cada desgarro tectónico, cada descarga masiva, apuntan en una dirección que se abre en su acto final de manera apoteósica y reveladora. Time to wake up, nos dice desde la tumba el filósofo y sacerdote Alan Watts en la inicial In Our Blood, para acto seguido lanzarnos al infierno sofocante e ilimitado de los riffs de Scheidt y su inconfundible interpretación vocal, en 16 minutos que nos vuelven a demostrar la imposible habilidad de YOB para dominar los tempos lánguidos, los parones dramáticos y la intensidad. El guitarrista despliega en Clearing The Path To Ascend el mejor trabajo vocal de su carrera, tanto por versatilidad como por la pasionalidad que pone en cada grito y fraseo mántrico, y que van más allá de sus aptitudes meramente objetivas. Mike Scheidt es un chamán, un nigromante, el último de los psicopompos, un guía al otro mundo si éste fuera uno y no legión. Nothing To Win nos traslada a un medio más conocido, aunque no por ello menos excelso, donde YOB despliegan su cara más dinámica y agresiva, con un Scheidt iracundo apoyado por la poderosa y excelsa sección rítimica que componen el bajista Aaron Rieseberg y el batería Travis Foster. El cuarto de hora de Unmask The Spectre supone una de las exhibiciones de manejo de tensiones más sobrecogedoras que jamás nos hayan entregado los estadounidenses, un incontestable fluir de erupciones volcánicas y remansos capaz de pulverizarte y agotarte por la vía del éxtasis convulso, incorporando unas melodías guitarreras de un clasicismo brillante y que anticipan el cierre por venir. Marrow termina de disparar el álbum hasta la estratosfera, tanto por el sorpresón que supone como por lo excepcional de sus cualidades. Sin prisa, cocinando la dinámica compositiva a fuego lento y adentrando al oyente en un rítmico estado hipnótico, YOB van desplegando el tema como una suave tela de araña, relajando nuestra psique como preparación para el acto revelatorio, una segunda mitad donde los ecos del inmortal Dave Gilmour surgen para ponerte los pelos de punta, despejar los negros nubarrones y mostrarte la luz del Sol como nunca la habías visto, porque nunca lo habías hecho con los ojos adecuados. Las palabras faltan para describir una de las composiciones más emotivas que servidor haya escuchado en su vida, pero afloran a la hora de describir a Clearing The Path To Ascend como una obra maestra, otra piedra más en el inigualable sendero de una de las bandas imprescindibles del Siglo XXI.

Clearing The Path To Ascend es una nueva obra maestra del trío de Oregón, la constatación de su estatus como banda referencial del Doom en el siglo XXI y un nuevo movimiento en su tectónico discurrir, capaz de incorporar a su inamovible base de Sludge/Doom psicodélico ecos clasicistas de los geniales Pink Floyd y el amor por los in crescendos oscuros de Neurosis. Con YOB la espiritualidad ha terminado de copular con los sonidos metálicos, deviniendo en una experiencia catártica y reveladora, el nirvana para los descreídos hijos de Occidente. Si es así, yo creo.

 

Reseña invocada por CTHULHU.